2/9/07

MUNDO OCULTO, MUNDO DESCONOCIDO

Por Licda. Teresita Zamora Picado
La autora expone experiencias vividas al visitar algunas comunidades indígenas de Costa Rica, especialmente las de la región sur del país.
El deseo de descubrir nuevas cosas lleva algunas personas a adentrarse en tierras y mundos olvidados.
Se recuerda algún amanecer, en alguna parte. Aún está oscuro y comiénzale lento recorrer de kilómetros y kilómetros que llevan a otro lugar, a un punto más cercano de la ciudad. Ha llovido durante la noche y los caminos o veredas están suavemente mojados. Tal vez muy mojados para quien no está acostumbrado a ellos; sin embargo, el aire dulce y fresco de esa mañana ayuda al caminante a iniciar su marcha.

¡Boruca!, ¡Cabagra!, ¡Salitre!, ¡Villa Palacios!, son nombres que para la mayor parte de los costarricenses no significan nada; son lugares que ocultan el pasado del costarricense: los mundos mágicos y silenciosos del indio, nuestro indio; ese hombre que calladamente ha ido cediendo al paso del “blanco” y habita los parajes más remotos.

El indio: una realidad desconocida
¿Hay indígenas en Costa Rica?, es la pregunta que frecuentemente se hacen los costarricenses. La cultura indígena, en nuestro país, es un asunto que apenas comienza a investigarse. Aunque ha despertado un gran interés por esa parte de nuestra realidad, resulta novedoso, para muchas personas, el hecho de que aún existan indígenas.
Cabe destacar, por otra parte, que puede observarse en todos los grupos una mezcla de costumbres autóctonas e hispánicas, o una transición entre las costumbres o creencias hacia las hispánicas. Sirva como ejemplo la siguiente anécdota:
Una vez un indígena cabécar del Valle de la Estrella, me hablaba de su madre diciendo lo siguiente: “La pobrecita era una ignorante porque guindaba del techo de la casa una trenza de maíz con granos de diferentes colores..., ella decía que de ahí salín los negros, los indígenas, los chinos, los blancos...”.
Se puede ver en tal ejemplo cómo algunas personas siguen conservando algunas ideas acerca del origen de la especie humana, mientras que otras comienzan a dudar de tales ideas por la influencia del cristianismo.
En cuanto a la población, esta apenas constituye un 1% de la población total del país, esto viene a ser una de las causas de su situación actual. La minoría aborigen carece de fuerza para hacer presión y conseguir una verdadera atención a sus problemas.
Pensar que aunar esfuerzos para ayudarlos no es razonable, definitivamente es una posición equivocada; de todas maneras, es lo que muchos creen en este país.
Algunas personas erradamente piensan que la situación del indio se debe a su misma actitud; es común, entonces, oír decir que “el indio es vago”; hacer afirmaciones tan a la ligera resulta de la falta de información, del desconocimiento total de la realidad indígena. Es necesario reflexionar y buscar las causas de las actitudes de una persona, en este caso del aborigen, cuya problemática es diferente a la del resto de la población nacional. Creo, por otra parte, que la escuela debe jugar un papel muy importante en la concientización del costarricense acerca de la realidad indígena de Costa Rica; además, la educación indígena es de relevante importancia, necesita de programas especiales. Vale la pena evidenciar que los maestros destacados en esas zonas, deben ser personas preparadas en ese sentido. Es necesario que los maestros comprendan que uno de los tantos problemas en el aprendizaje de sus alumnos se debe en gran parte al bilingüismo.
Con relación a todo esto podríamos recordar el siguiente pensamiento de Rabindranath Tagore: “Un maestro nunca puede enseñar a menos que él esté todavía aprendiendo... La mayor parte de la enseñanza en nuestras escuelas ha sido desperdiciada porque para la mayoría de nuestros maestros sus materias son como especimenes muertos de las cosas propias”.
En definitiva, podría afirmarse que para el costarricense el indio sigue siendo un ser desconocido, una figurilla de “fantasía”, no sabiendo que es un ser eminentemente mítico en la medida que sustenta la esencia de su cultura.

Comunidades primitivas: un contacto real
Llegar hasta las comunidades indígenas no es tan sencillo, se debe luchar contra la lluvia, la topografía, el clima. El invierno es el que más problemas conlleva: los caminos se vuelven intransitables y como consecuencia es muy difícil acarrear productos de un pueblo a otro, sobre todo si se deben cruzar ríos.
Para llegar hasta San Rafael de Cabagra, por ejemplo, se va en bus desde Buenos Aires hasta un lugar llamado Las Brisas (es, en realidad, el nombre de una pulpería) y de ahí a pie o a caballo hasta San Rafael. En el trayecto se cruzan dos ríos: el Cabagra y el Piedra; el segundo tiene un puente de hamaca al que usualmente le faltan algunas tablas. A pesar del mal estado del camino, a pesar de la lluvia, llegar hasta Cabagra es una de las más bellas experiencias. El silencio lo inunda todo, el hombre es ahí parte del paisaje.
Si en nuestro viaje nos trasladamos a Boruca, seguimos padeciendo por el mal estado del camino; sin embargo, sí se puede llegar en un carro de doble tracción. Como buen consejo, es mejor ir a pie durante el invierno. Una de las mejores cosas es el paisaje, una magnífica vista hacia el río Térraba y lo más impresionante, la entrada a la comunidad donde se destacan sus bellos ranchos. Siempre he creído que el color de los ranchos refleja el silencio y la tristeza del indio; he visto ranchos que en el invierno pasan inundados, rodeados de charcos. Así, las casas de los indios reflejan humedad por todas partes.
El indígena reacciona ante la llegada de un blanco a su comunidad. Al principio parece molestarse por la intrusión, pero es el que llega quien no sabe valorar su actitud. El indio desconfía porque sabe que las personas generalmente no vuelven a sus pueblos.
Tal vez, los siguientes párrafos condensen en gran medida el impacto el impacto que me han producido algunas de esas vivencias; el siguiente es una descripción de Boruca, dice como sentí esa comunidad la primera vez que la visité:
Tus hijos lloran porque vas a ser destruida. Tu blanca paz ya no les alumbrará.
Yo te he visto Boruca, sobresalir por entre los verdes montes; te vi silenciosamente adormecida, acallando tu queja para que te olvidaran. Estabas hermosamente perdida en el inmenso paisaje. Tu belleza y tu quietud me llenan de gozo y de angustia, de temor y expectación.
Como luz de ensueño y maravilla, has perdido tu fe y tu esperanza. Tu destino, ya ineludible, te dice que morir es la verdad que te quema las entrañas. Has sabido permanecer quietamente, aunque entre la sombra, has sabido defenderte hasta el final. Tus hijos siguen luchando. Sus lágrimas brotan como profundos gemidos.
Pero, hoy te canto a ti porque tal vez mañana no existas. Hoy te canto a ti porque el mañana quién sabe si llega. Te canto porque estás ahí y puedes oírme y porque seguirás siendo parte de mí.

II. MUNDO COBRIZO: Cabagra desde sus entrañas
¿Has estado alguna vez en uno de esos lugares donde ves el sol que se pierde lentamente en la lejanía, has ido a uno de esos lugares donde ves las aguas torbellinas moverse a tus pies, mientras tú te meces en el aire?
Ves un hombre pasar y oyes el caballo relinchar. El hombre tiene su mirada tendida sobre la soledad del camino y su piel es cobriza. Su pelo es de un negro profundo y su caminar es lento y pesado, gracioso y vacilante; su caminar es triste porque refleja la tristeza que hay en su corazón.
Y tú lo ves, y él no se atreve a mirarte a los ojos. Y tú le hablas y él no te contesta. No habla porque no quiere ser engañado como lo ha sido su abuelo, su bisabuelo, su tatarabuelo y todos sus antepasados. Pero, si tú le hablas y sigues visitándolo día con día, si tú le muestras respeto, cariño, simpatía, él te abrirá su corazón, te entregará su alma. Este hombre a través de los años sigue siendo el paciente, sincero y dulce hombre de aquellos días.