2/9/07

LAS MASCARAS INDIGENAS COSTARRICENSES

La confección de máscaras es una tradición común en diversas culturas alrededor del mundo, transmitiéndose a través de generaciones de padres a hijos. Desde las primeras manifestaciones de las tribus africanas y grandes civilizaciones extintas, pasando luego por nuestros indígenas, hasta las ferias de pueblo en la actualidad, la representación de personajes es una de las prácticas más comunes de la humanidad.

Estas representaciones pueden cambiar de un lugar y época a otra pero logran mantener un factor común: el representar personajes se ha convertido en una forma única de expresión en la que se demuestra la influencia de otras personas, culturas, creencias y costumbres en nosotros, ya sean dioses o demonios, héroes y villanos, e inclusive manifestaciones naturales como la luna o el sol.

En la antigüedad fue usada como medio de crítica, llegando a utilizarse hoy en día en la sociedad para crear conciencia en líderes, dando un sentido amplio a la democracia participativa. La posibilidad de representar a algún ser mítico se constituye en lo más atractivo de los festivales tradicionales comúnmente llamados "mascaradas".

Esta Tradición no es ajena a nuestro país, en Costa Rica viven indígenas que conservan esta ancestral tradición: Bribrís, Cabécares, Guatusos, Térrabas, Guaymíes y Borucas.

En nuestro país esta practica es muy antigua: la posibilidad de representar a algún ser mítico se constituye en lo más atractivo de los festivales tradicionales en nuestro país comúnmente denominados “mascaradas", donde se da vida tanto a héroes épicos como a personajes salidos de la televisión.

Esa mezcla entre los elementos autóctonos y los ajenos se evidencia, por ejemplo, en las máscaras talladas en madera que se utilizan en el Juego de los Diablitos. (Ver Videos en esta página: La más tica de las corridas, Los Hijos de Cuasrán y artículo sobre el Significado del Juego de los Diablitos).

Esta practica es autóctona de nuestro país, en Costa Rica viven indígenas que conservan esta ancestral tradición: Bribris, Cabécares, Guatusos, Térrabas, Guaymíes y Borucas.

Los Bribris habitan a ambos lados de la cordillera de Talamanca, al sureste del país, en la zona atlántica, en conjunto con los Cabécares. Son los más representativos del país y se llaman a sí mismos ditsúwo (semilla de maíz).

Los Guaymíes habitan en el Pacífico sur, se denominan ngöbe. Creen en el dios Ngobó, que modeló a las plantas y a los seres humanos con cera de abejas y soplando sobre ellas les dio vida. Los hombres y las mujeres usan pintura facial en las celebraciones especiales por debajo de sus máscaras.

Los Malekus o guatusos, habitan el norte del país. Según la tradición, en el principio el dios Tocú lanzó semillas de maíz a una cueva del que nació el hombre, tienen varios tipos de máscaras representando los estados de ánimo del dios Tocú.
Un traje que utilizan los Malekus es de mastate, corteza de árbol que ellos procesan, y el "moderno" es de algodón. Sin embargo, sus hechuras son casi idénticas y ambos llevan, pintadas o cosidas, figuras triangulares que remiten a su cosmología.
Los Borucas habitan Buenos Aires, en la provincia de Puntarenas. Conservan historias y creencias muy antiguas de sus antepasados; como los mamrám (espíritus de las aguas) y Cuasrán y es precisamente quienes protagonizan la celebración de representación de personajes más conocida de nuestro país: El Juego de Los Diablitos.

La celebración indígena más conocida en nuestro pais precisamente desarrolla este tema: El Juego de Los Diablitos.

Esta se celebra cada año. Durante tres días cerca de 25 hombres se disfrazan con costales y máscaras de madera (los diablitos) y danzan alrededor de un hombre cubierto con una armazón y máscara de madera (el toro), en tanto que el diablo mayor toca un cuerno y dirige el baile.

Durante tres días cerca de 25 hombres se disfrazan con costales y grotescas máscaras de madera (los diablitos) y luchan alrededor de un toro cubierto con una armazón y máscara de madera (el toro), en tanto que el diablo mayor toca un cuerno y dirige el baile.

Se danza acompañados de una flauta y un tambor. Es sumamente simbólica: La contienda entre el toro (español) y los diablitos (borucas) simbolizan la lucha sostenida durante la conquista.

Se presume que representa un antiguo rito a la fertilidad. También se interpreta como un acto de rechazo al dominio español, ya que un indígena se disfraza de toro -animal introducido en América por los conquistadores- para "embestir" a los demás, quienes se disfrazan de "diablitos" y logran vencerlo.