7/9/07

CULTURA GUAYMI

Vestigios mesoamericanos entre los indios Guaymí
Laura Laurencich Minelli*
1. Introducción.
Los Guaymí constituyen el grupo más consistente de la parte septentrional del área arqueológico-cultural intermedia, y se han asentado en Panamá y en la frontera suroriental de Costa Rica. Según el censo de 1960, los hablantes Guaymí eran sólo 35,870 en Panamá. En el país vecino, Costa Rica, una evaluación aproximativa sugiere que los Guaymí son alrededor de mil.

Pertenecen lingüísticamente a la gran familia chibcha, del grupo dorask-guaymí (Rivet y Loukotka 1952: 1113), subdividida a su vez en dos ramas: la occidental y la oriental (Wassen 1952: 276-277), que comprenden a su vez un gran número de pequeños grupos, muchos de los cuales ya extinguidos. Actualmente, la rama occidental está representada por los Move-Ngawbe y la oriental -en disolución - por los Murire-Bukueta.
Los primeros se asientan a lo largo de una vasta zona que comienza en las fronteras orientales de Costa Rica y se extiende hacia Panamá, ocupando en la vertiente atlántica casi por entera la provincia de Bocas de Toro, y en la pacífica, la parte noroccidental de las provincias de Chiriquí y Veraguas.
Los segundos, ya aculturados y prácticamente absorbidos por la sociedad rural de Panamá o bien mezclados con los Move, se encuentran en Chiriquí y Veraguas, más al sudeste que los primeros. Los Guaymí en los siglos pasados ocupaban una zona mucho más amplia que la actual, es decir, que se extendía hasta Panamá Central. Durante los primeros siglos de dominación española, bastantes Guaymí fueron trasladados a las 'reducciones', y junto a las poblaciones indígenas vecinas, poco a poco constituyeron la población rural de Panamá central y occidental. Sin embargo, muchos de ellos se refugiaron en la selva de Panamá noroccidental para huir de este destino, y allí conservaron sus propias tradiciones hasta el siglo xx, permaneciendo al margen de la economía y de la sociedad panameña. Serán ellos el objeto del presente trabajo.
La cultura guaymí tiende principalmente hacia las regiones septentrionales de América del Sur, como ya hemos mencionado al hablar, por ejemplo, de la pertenencia de la lengua a la familia lingüística chibcha, de los juegos rituales como la balsería, del uso del maíz secundariamente al de los tubérculos, de la ausencia de la tortilla, etc. (Laurencich Minelli 1976a: 58-59).
En este artículo me gustaría resaltar algunos elementos culturales mesoamericanos, algunos de los cuales más específicamente azteca, y que he tenido la oportunidad de observar en julio de 1966 y en febrero y marzo de 1972 respectivamente, entre los Guaymí-Move (de la rama occidental), asentados en aquel entonces en la selva, en las cercanías a Limoncito (San Vito de Java, Costa Rica). Como apoyo a estas observaciones, añado otros elementos culturales también mesoamericanos, que he seleccionado de la bibliografía concerniente tanto a los Guaymí orientales como a los occidentales. Intento además encuadrar históricamente tales rastros mesoamericanos a través de documentos españoles y de datos arqueológicos.

2. Montezuma
En julio de 1966, supe de un jefe de los Guaymí-Move de Limoncito que su nombre indígena no era Juan Moreno (con el cual se identificaba ante los ladinos) sino Montezuma, "como el gran emperador de México" del cual se consideraba descendiente y, en su nombre, cacique también de un grupo rival guaymíe-move, asentado en las cercanías, como el mismo me declaró (Laurencich Minelli 1974a: 371)
En un primer momento pensé que se trataba de un megalómano y no hice mucho caso a sus declaraciones. Con el paso del tiempo fui dándome cuenta de que Juan no podía haber oído hablar del emperador Montezuma en el mundo exterior: era una noticia de su propio mundo. De hecho Juan, nacido en la provincia fronteriza de Chiriquí (Panamá), se mudó a las cercanías de Limoncito (Costa Rica) siguiendo a su padre, el cuál se había trasladado allí con su gente antes de 1952, por ser una amplia zona de selva rica para la caza (ver Laurencich Minelli 1976c: 167-169). Cuando lo conocí vivía bastante aislado de contactos con el mundo exterior: hablaba a duras penas el español, y obviamente no sabía ni leer ni escribir. Al hablar guaymí utilizaba algunos vocablos y acentos diferentes al del resto del grupo. (Montezuma o Moctezuma, que en náhuatl significa "el airado", es el nombre de dos emperadores de México, que reinaron de 1440 a 1469, y de 1502 a 1520, respectivamente).1
Los caciques Moctezuma o Montezuma son mencionados en la bibliografía guaymí desde el siglo pasado. Por lo que se refiere a los Guaymí orientales, los reyes o 'caciques' Moctezuma o Montezuma son nombrados por Seeman (1855: 173-182), Pinart (1877: 9), Nordenskiöld (1928: 176) y Wassen (1952: 277); y en cuanto a los Guaymí occidentales, por Nordenskiöld (ibidem), Alphonse (1956: 44) y Mérida (1962: 42).2
Mis anteriores observaciones se refieren también a esta última rama.
Es interesante que el término siempre es utilizado apoyando un derecho de cacicazgo. Además, como enseñan Wassen (1952: 279) y Nordenskiöld (1928), resulta que el hijo de un jefe Montezuma, que gobernaba tanto sobre los Guaymí como sobre los Bogotá (es decir, sobre los Guaymí orientales y occidentales), llevaba el nombre de Tehua, que en náhuatl significa "jefe" (Theohua Teuhctli "jefe de los sacerdotes", era también utilizado como título propio de algunas familias de jefes azteca, cfr. Wassen, ibidem).
Estos elementos son de claro origen mejicano, y repito que se encuentran acuñados en una cultura que por sus rasgos generales está, sin embargo, lejos de México.
En el mapa geográfico 1/50,000, Panamá, (folio 3642 III, serie E 742, levantado en 1965)3 que abarca parte de la zona fronteriza entre Costa Rica y Panamá, aparece el topónimo Montezuma (coordinadas: meridiano 82° 20', paralelo 8° 42') en una zona donde hasta 1960, es decir antes de la apertura de la Carretera Interamericana, constaté que allí residía un grupo de Guaymí occidentales. No está muy claro si el topónimo corresponde a unas casas (que no están señaladas en el mapa) o vagamente a un área. De todas maneras esto indica que en el momento del levantamiento topográfico existía aún el recuerdo de este nombre, probablemente relacionado con el jefe del susodicho grupo guaymí.

3. Elementos lingüístico-culturales
Durante mi estudio lingüístico llevado a cabo entre los Guaymí-Move en febrero y marzo de 1972 (Laurencich Minelli 1976b) observé algunos elementos culturales mesoamericanos en su lengua, que parecen extranjeros o por lo menos extraños en una cultura como la guaymí que, por lo general, tiende más bien hacia la parte septentrional de América del Sur. Cito alguno de ellos:
1) Existe un nombre guaymí para decir "libro" (tóro kuada "contiene todo") en un pueblo que hoy es de iletrados. Tal nombre, estando formado con términos de la lengua guaymí, seguramente se refiere a la época prehispánica (si no, éste sería el término español o su deformación, como por ejemplo aro, tidera, zapata, etc. en lugar de arroz, tijeras, zapato), por lo tanto se supone que los Guaymí conocían los códigos. Hay que recordar que los únicos códigos prehispánicos de los cuáles se tiene noticia son los mesoamericanos: éstos se parecen a un libro de páginas de piel o de corteza curtida de ficus, recogidas en acordeón, encuadernadas con dos cubiertas rígidas, normalmente de madera. Los usaban los historiadores y los mercaderes en la época de la conquista, además de los sacerdotes mesoamericanos (Laurencich Minelli 1974c: 40).
2) Los ordinales de clase, comunes a las lenguas náhuatl y maya, están también presentes en la lengua guaymí y en algunas otras lenguas indígenas de Costa Rica y Panamá, pertenecientes igualmente a la gran familia chibcha (Laurencich Minelli 1976b: 106-107), mientras que no puedo afirmarlo para las otras lenguas de la misma familia, habladas en América meridional y central. Tales anomalías podrían ser quizás imputables a antiguos contactos comerciales entre estos pueblos, entre ellos los Guaymí, los Maya y los Nahua. Los primeros podrían haber asimilado, al comerciar con estos últimos, sólo el sistema numeral, manteniendo sin embargo sus propios términos lingüísticos (de hecho no he encontrado alguna influencia maya o nahua en las palabras relacionadas con el sistema numeral de clase de los Guaymí). Los numerales de clase pertenecen a un sistema de contar en el cual, mediante un indicativo de clase (consistente, en el idioma guaymí, en un prefijo añadido al numeral), se indica la clase a la cual el objeto contado pertenece, y viene así determinado no sólo el número sino también la forma. El mismo nombre, por ejemplo digmá "plátano", puede pertenecer por lo tanto a la clase de los árboles, de las montones, de los racimos, de las hojas, de los objetos largos, según si se quiere indicar respectivamente el árbol de plátano, los montones de plátanos acumulados en el suelo, los racimos del plátano, las hojas de plátano, la fruta. El sustantivo digmá "plátano" permanece y también la raíz que indica el numeral, mientras que sólo varía el prefijo de clase. De ésta manera tendremos:
digmá dá-ti "un árbol de plátano"
digmá keddéi-ti "un montón de plátanos"
digmá kudéi-ti "un racimo de plátano"
digmá kodá-ti "una hoja de plátano"
digmá kra-ti "un plátano",
en el cual da determina los árboles, keddéi los montones, kudéi los racimos, kodá las hojas, y kra los objetos largos como es el fruto del plátano (ver Laurencich Minelli 1976b: 102-122).

3) En la lengua guaymí-move existe una clase particular para contar las páginas de un libro y ésta difiere de la de las hojas solamente en los tres primeros números, como se puede apreciar en el ejemplo a continuación.

Clase de las páginas
tóro kuáda ká-ti "1 página"
tóro kuáda kó-bu "2 páginas"
tóro kuáda kó-mó "3 páginas"
tóro kuáda ko-bogó "4 páginas"
(ver Laurencich Minelli 1976b: 117)

Clase de las hojas
digmá kodá-ti "1 hoja de plátano"
digmá ko-kúm "2 hojas de plátano"
digmá ko(u)mó "3 hojas de plátano"
digmá ko-bogó "4 hojas de plátano"
etc. (ibidem: 116).
Es una clase, como se puede ver, mal determinada, o más probablemente olvidada, como nos indica su fusión con la clase de las hojas, a partir del numero tres. En este pueblo de iletrados como son los Guaymí, la presencia - aunque sea sólo residualmente - de una clase para contar las páginas de un libro es, desde mi punto de vista, una ulterior confirmación del conocimiento que tenían de los códigos.
4) El sistema numeral vigesimal que caracteriza el guaymí, así como las lenguas náhua y maya, podría deberse también a antiguas influencias comerciales y religiosas mesoamericanas, análogamente al punto 2.
5) Káre "verde, azul". El mismo término káre lo usan dos fuentes diferentes (Laurencich Minelli 1976b: 137) para indicar, en un caso, el color verde de la hierba, y, en el otro, el azul ultramar.
La interpretación del color es un elemento cultural: tales diferencias en la interpretación podrían deberse al hecho de que tanto el verde como el azul son símbolos de la tierra-agua-fertilidad en la cosmología mesoamericana: de ahí la posibilidad de una tradición de sinonimia entre los dos colores, que sin embargo a nosotros nos parecen tan diferentes.
Además el jade, su búsqueda y la difusión de los cultos, condujo - muy probablemente - a los mercaderes-sacerdotes olmeca y maya a estas regiones, donde el verde azulado es el símbolo del agua, de la riqueza, de la fecundidad, etc.
El uso más limitado del maíz para la chicha en la dieta guaymí, puede dejarnos suponer lo ya expuesto por Stone (1956) refiriéndose a los vecinos Talamanca: es decir que el maíz no es de tradición indígena guaymí, sino más bien importado, quizás a través de comerciantes o colonos mesoamericanos.
Alphonse (1955: 125) nos habla de dos interesantísimos mitos referentes a los Guaymí-Valiente de Bocas de Toro (Bahía del Almirante, Panamá), dos mitos que ellos mismos cantaban como cantos épicos y de los cuales transcribo las partes más interesantes (los Guaymí-Valiente están, lingüísticamente y culturalmente, muy cercanos a los Guaymí-Move, en los puntos 1, 2, 3, 4, 5 y 6, y pertenecen a la rama occidental). Es muy probable que los Move se hayan dividido de los Valiente solo a principios del siglo xx, cuando comenzó la penetración agrícola de los campesinos panameños en el Chiriquí).
Ulikron
Ulikron […] vino [...] del Norte [...] Ulikron pasó […] dijo a los hombres que fueran buenos […]Fue al lejano Sur […] y vio la tierra del oro y la tierra de las grandes aguas y de las grandes casas de piedra, y hombres que vestían de oro y de suaves telas y construían largos caminos, hombres de gran sabiduría nacidos en las estrellas […]
El mito termina asegurando que Ulikron volvería.

Ciri Klave
Ciri Klave vino en una gran canoa. Sus remos estaban cubiertos de grandes perlas. Su canoa era resplandeciente al sol, espléndida sobre el agua; y sus esclavos, que remaban, eran espléndidos en el vestir […]. Sus brazos eran fuertes y sus flechas se clavaban lejos y con certeza. Nunca fallaban un pájaro; un ciervo; un hombre. Ciri Klave derrotó a nuestro jefe; sus brazos eran más fuertes, su agudeza más grande […] él derrotó al jefe malo Jora To Dubu; a Jirai Mue Kundebu; […]y así batió a Deko, el jefe más sabio. El sabio Deko se hizo amigo suyo y sin embargo […] habló al mar y habló a la tierra y un trozo de tierra se movió con él, como un barco en el medio del mar.
El canto después relata cómo el sabio Deko con su tribu no tenía miedo de Ciri Klave, protegido por la pseudo-isla, mágicamente construida por él; pero Ciri Klave mandó brotar un puente que se hundió cuando él pasó, para no dejar huir a Deko, y luego rodeó su cabaña y la transformó en piedra. El mismo Alphonse (ibidem: 71) nos informa también, que "Ciri Klave podía leer y escribir y hacer armas y agujas".
De lo dicho resulta claro que Ciri Klave, de cultura superior a los Guaymí, vino del mar; es probable que esta figura mítica del mundo guaymí esconda a uno de los mercaderes mesoamericanos que sabían leer y escribir y, en concreto, uno de los Maya que, según las fuentes arqueológicas, surcaron cada vez con mayor frecuencia esta ruta a partir del siglo vi d.C. Es menos probable de que se refiera a un mercader azteca, ya que no tenemos noticias de que conocieran el arte de la navegación.
Las informaciones que nos ofrece Alphonse sobre Deko son muy poco claras: después de haberlo presentado en el mito de Ciri Klave como el sabio jefe de los Guaymí que se enfrenta a su enemigo Ciri, en el diccionario de la lengua guaymí-valiente (ibidem: 73), afirma que Deko quiere decir tanto "antiguo" como la tribu indígena ya extinguida. En otra parte de la gramática (ibidem: 44) afirma sin embargo, que Deko hace referencia a los antiguos Mexicanos, que vinieron con sus grandes canoas, con sus remos llenos de perlas, guiados por Ciri Klave; es decir, aquí Alphonse o su informante parecen olvidar la figura del sabio jefe Deko y la confunden con un discípulo de Ciri Klave.
La aparente incongruencia de las afirmaciones de Alphonse se aclara con la traducción que me han dado mis informantes guaymí-move, diciéndome que deko significa "extranjero", además de "sabio" o "antiguo".
Tenemos que diferenciar, por tanto, el significado de deko, nombre común de persona y adjetivo, del de Deko como nombre propio de persona. El primero puede referirse a todos los extranjeros que se asentaron en tiempos antiguos entre los Guaymí, ya sea los que vinieron con Ciri Klave, o los que habían venido anteriormente. El segundo se refiere al sabio jefe Deko, vencido por Ciri Klave que, como su nombre indica, fue seguramente un jefe extranjero, quizás también él un comerciante que llegó antes de Ciri Klave y que se impuso sobre los Guaymí por su sabiduría y sus habilidades.
Probablemente, la leyenda de Deko y de Ciri Klave disfraza los intentos de ambos comerciantes, rivales entre sí, de establecer una base comercial en el golfo de Bocas de Toro, de donde procedía, por ejemplo, gran parte del oro trabajado que era importado especialmente por los Mayas, a partir del siglo vi (ver el párrafo 4).
La figura de Ulikron, que en el mito ya citado se presenta en forma de héroe cultural que venía del Norte, podría estar relacionada con el mito mesoamericano del héroe cultural Quetzalcoatl, el cual, tras ser expulsado por Tula en el 987, se hizo a la mar en el Golfo de Tabasco (Golfo de México) y, según una versión, se habría dirigido hacia el Este diciendo que regresaría. Casi confirmando esto, Diego del Landa dice que en el 987, Kukulkan (nombre maya de Quetzalcoatl) llegó a Yucatán llevándoles el culto. La figura de Ulikron podría representar a un misionero de Quetzalcoatl-Kukulkan, que baja del Norte hacia estas tierras, o también ocultar a un antiquísimo sacerdote-comerciante mesoamericano (ver el párrafo 4) del período clásico, o incluso del preclásico.

4. Fuentes etnohistóricas y arqueológicas
En la época de la Conquista, existía una colonia de lengua náhuatl en el valle del Río Sixaola (el río que actualmente separa, más o menos, los asentamientos guaymí de los Bribi-Cabécar, ver fig. 1). Tal colonia ha sido ubicada por los etnohistoriadores, gracias a los documentos relativos a la conquista (Peralta 1883, Fernández 1880: 107), hasta el punto que los lingüistas Thomas y Swanton (1911: 93) afirmaron que, aunque no queden rastros de ella, es una evidencia etnohistórica fuera de discusión.
Lothrop (1942: 109-116), examinando los documentos relativos a la Conquista, traza el cuadro histórico completo de este grupo náhuatl en tierra extranjera a partir del 1541, año en que la expedición de Hernán Sánchez de Badajoz constató que el cacique Coaza, asentado en el valle del Río Duy (actualmente el Sixaola), hablaba náhuatl. Lothrop sigue por lo tanto las vicisitudes de este grupo, que ya en el siglo xvii era llamado sigua ("extranjero", en lengua Bribrí-Cabécar), y nos informa que, entre 1610 y 1697, el grupo se retiró a la isla del Tojar (hoy Isla Colón), al norte de la Bahía del Almirante. Desaparecieron en 1722, cuando los piratas negro-indígenas Zambo-Mosquito secuestraron a más de 2.000 indios y los llevaron a Jamaica como esclavos. El grupo, o mejor dicho la colonia azteca, fueron destruidos. Lothrop (ibidem) concluye diciendo que los Sigua representaron la avanzadilla más meridional de los mercaderes aztecas, y que el sistema de expansión, concebido por el emperador Ahuizotl, lo continuará su sucesor, Montezuma II.
Considero que restos culturales de esta colonia azteca pueden encontrarse aún entre los Guaymí, son los restos mexicanos de los que ya he hablado en el párrafo 2, bajo el título Montezuma (sin embargo, no los he observado de manera tan evidente entre los vecinos Bribrí-Cabecar -ver Laurencich Minelli 1976a: 59-63). Supongo que después del rapto de los piratas, los supervivientes de los Sigua se dispersaron y se mezclaron entre las poblaciones indígenas guaymí de la tierra firme, en correspondencia de la isla del Tojar. Allí, cruzándose con los Guaymí, abandonaron la propia lengua pero no el ejercicio del poder sobre los indígenas, en nombre del emperador Montezuma, como habían hecho sus antepasados 300 años antes.
Sabemos también por las fuentes etnohistóricas (Lothrop 1942: 114), que más al norte de la colonia azteca de los Sigua, cerca de la desembocadura del Río San Juan (la importante vía acuática que comunica el Atlántico con el lago de Nicaragua), existía otra colonia, también azteca, pero de origen más antiguo, quizás tolteca, de donde se mandaba el oro a Montezuma (ibidem). Esta colonia probablemente se apoyaba en los Voto, indígenas que vivían en la orilla derecha del Río San Juan, activos comerciantes de oro, según las fuentes etnohistóricas (Stone 1977: 161-162).
Otra colonia náhuatl (quizás azteca o de otras poblaciones mexicanas, con lengua estrechamente emparentada con la azteca) la localiza Torquemada en Nombre de Dios, en Panamá oriental (ibidem).
La colonia de los Sigua por lo tanto no era un caso único, pero formaba parte de una serie de bases comerciales que los Azteca poseían lejos del corazón del imperio, en una zona donde la producción y el comercio local eran muy activos y por lo tanto podía ofrecer las mercancías que buscaban los Azteca.
De las fuentes de la Conquista sabemos que los comerciantes azteca y maya eran una clase culta y privilegiada, que compartía con la nobleza la capacidad de leer y de escribir; eran favoritos en sus misiones comerciales siendo respetados y protegidos por los respectivos gobiernos. Se unieron con otros mercantes mesoamericanos en una especie de liga internacional de comerciantes, que garantizaba su acceso a todos los mercados de Mesoamérica (gracias a esta libertad de movimientos sabemos que el gobierno azteca encargaba a sus comerciantes tareas tan delicadas como el recaudar tributos, o misiones de espionaje, Laurencich Minelli 1978: 71).
Los vestigios arqueológicos del área donde hoy en día viven los Guaymí son demasiado escasos como para permitirnos la reconstrucción de las civilizaciones precolombinas que allí existieron. De hecho no tengo datos sobre excavaciones por lo que se refiere a la vasta zona de Panamá donde se asentaron los Guaymí (Linares de Saphir 1966: 413), mientras que tenemos sólo excavaciones preliminares en la zona de Costa Rica, en San Vito de Java, a unos 15-20 kilómetros al norte del actual asentamiento de los Guaymí-Move (Laurencich Minelli y Minelli: 1966). En estas últimas se encontró un fragmento extranjero, seguramente mesoamericano, en el ajuar de una tumba estratigráficamente superficial (a unos 50 cm de profundidad): se trata de una pierna de una muñequita de terracota, con miembros articulados (ibidem, 422; las muñecas de las culturas arquelógicas de la región sur del Istmo nunca presentan miembros articulados). Las reducidas dimensiones del objeto, sin decoración, nos impide ser más precisos en su determinación, pero su posición estratigráfica en un contexto tardío indica que pertenece al periodo comprendido entre 1400 y la Conquista, y la particularidad de ser una extremidad móvil nos indica que proviene de Mesoamerica (Stone 1977: 120).
Por el contrario, en la vertiente atlántica de Costa Rica centro-septentrional, donde se han realizado excavaciones y sondeos arqueológicos, existe un mayor repertorio de restos olmeca, y aún más abundante del de los maya, desde el 600 a.C. hasta alrededor del 850 d.C. (Stone 1977: 149, 165, 196; Ferrero 1975: 136; Balser 1974: 21). Esto nos indica en qué medida esta área, que comprende una vasta franja desde unos 70 km (a vuelo de pájaro) al norte del actual asentamiento guaymí hasta la frontera nicaragüense, ha sido afectada por frecuentes contactos, supongo marítimos, con la Mesoamérica. De hecho, la red hidrográfica navegable de la vertiente atlántica de Costa Rica facilita por un lado la recogida de productos del altoplano hacia la costa, y por otro la penetración de las canoas procedentes del mar hasta amplias zonas del interior. A ésto hay que sumar, la notable experiencia de los Maya y quizás también de los Olmeca, en el arte de navegar, ya desde tiempos muy remotos (Laurencich Minelli 1978: 92-93).
Quizás el comercio también lo practicaran los misioneros-mercaderes, y no sólo los simples mercaderes (los misioneros-mercaderes son una hipótesis arqueológica referente al período clásico, y quizás también al preclásico, sugerida por el hecho de que las grandes civilizaciones de aquella época se expandieron por medio de avanzadillas comercial-religiosas - como por ejemplo, Kaminaljuyu teotihuacana en Guatemala - y porque los objetos exportados considerados hoy en día 'exóticos' en tierras extranjeras son objetos rituales). Así, las piedras de jade olmeca y maya encontradas en Costa Rica, sobre todo en la Gran Nicoya - vertiente pacífica - pero también en las regiones septentrionales de la vertiente atlántica (Balser 1974: 21), podrían haber sido introducidas por dichos misioneros-mercantes que, mientras buscaban nuevos yacimientos de jade, ganaban nuevos adeptos al culto (Laurencich Minelli 1978: 82-83).
De la arqueología de las regiones maya tenemos una posterior confirmación: desde el 500 d.C., esporádicamente antes (Bray 1971: 36), y con mayor frecuencia después, se encuentran allí objetos de oro provenientes de Panamá (y en particular, de la zona de los asentamientos guaymí, la zona arqueológica del Veraguas y del Chiriquí). Las importaciones de objetos de oro y de tumbaga (liga de oro y cobre) de Panamá se incrementaron, en el área maya, entre los siglos viii y x d.C., tanto que, en el Sacro Cenote de Chichen Itza, el oro de Panamá junto con el de Colombia, constituye dos tercios de las ofrendas votivas (ibidem: 37-38). Esto nos indica que los Maya, entre los siglos vi y x d.C., habían fortalecido su comercio con las regiones meridionales del Istmo, apoyándose quizás en puertos comerciales intermedios, los cuales servían de centro de recolección y canje de mercancías.
Después del siglo x, los restos arqueológicos mesoamericanos disminuyen hasta desaparecer, en la vertiente atlántica de Costa Rica. Según mi punto de vista, eso podría estar relacionado con el cambio de las condiciones político-comerciales entre Mesoamérica y los indígenas de Costa Rica, condiciones que antes permitirían el libre cambio entre las dos partes, y que después impondrían un tributo que pagar a los Mesoamericanos, en especial a los Azteca, como nos indican las fuentes históricas (Lothrop 1942: 111), que nos hablan sólo de los tributos pagados a los Azteca, y no del comercio.
En cambio, desde el siglo viii aproximadamente asistimos en la vertiente pacífica a migraciones de pueblos mesoamericanos en las regiones de la Gran Nicoya (Costa Rica): los Chorotega-Mangue y los Nicarao que la mesoamericanizaron definitivamente (Stone 1977: 91-94).

5. Conclusiones
Los Guaymí pertenecen al área arqueológico-cultural intermedia pero entre ellos he observado unos rasgos culturales mesoamericanos que se pueden subdividir en dos grupos.
a) Rasgos azteca: son los más recientes y están mencionados en detalle en el párrafo 2. Se trata de los Guaymí que se proclaman descendientes del emperador Montezuma. A pesar de haber olvidado el náhuatl pero no el antiguo poder, ellos tantean de valerse todavía de su antiguo derecho al cacicazgo gracias al nombre Montezuma. Eso desde las primeras noticias etnográficas sobre los Guaymí, es decir desde 1855 (Seeman 1855: 173-182) hasta el año 1972.
Según mi opinión, estos presumidos descendientes de Montezuma se pueden relacionar con aquella colonia azteca en el valle del río Sixaola, de la cual Lothrop (1942) reconstruyó la existencia a través de relatos españoles a partir del año 1541, y que, entre el 1616 y el 1697, se trasladaron a la isla del Tojar, en el norte del la Bahía de Almirante, y después, en 1722, fueron destruidos por los piratas Zambo-Mosquito.
Los elementos culturales azteca mencionados en el párrafo 2 indican que, después de aquella destrucción, algunos sobrevivientes se refugiaron en la parte del continente a la par de la isla del Tojar, mezclándose con los Guaymí (occidentales y orientales). Probablemente el hecho que hoy en día algunos habitantes de esta región pretendan un poder en el nombre de Montezuma, puede significar que sus antepasados lejísimos pudieron ser mandados aquí como colonos por Montezuma II. De hecho el nombre de Montezuma y no otro de otro emperador, es sinónimo de jefe-delegado (por cierto no fueron mandados como colonos por parte de Montezuma I, porque durante su dominación no había todavía empezado el periodo de expansión en el reino azteca). Esto no significa necesariamente que la colonia fue fundada por Montezuma II: probablemente, como sugiere Lothrop (1942: 114-115), fue concebida por su antecesor Ahuizotl. Si así fuera, Montezuma II, subiendo al trono, probablemente remplazó los jefes de la colonia, por elegir algunos fieles a él (de la misma manera como hizo con los funcionarios de la capital y de las provincias del imperio).
b) Vestigios mesoamericanos: son menos claros que los antes mencionados, y mucho más antiguos, además de estar, en efecto, completamente amalgamados con la cultura guaymí. Algunos elementos que todavía se pueden distinguir son aquellos mencionados en el párrafo 3, puntos 1-6 (códice, numerales de clase, sistema numeral vigesimal, color verde-azul, uso tardío del maíz), y en los mitos mencionados en el punto 7. Estos elementos culturales pertenecen todos al mundo del comercio y de la religión e indican que, también en época pre-azteca, los Guaymí (o pre-Guaymí) tuvieron relaciones con el mundo mesoamericano, probablemente maya, como sugiere la arqueología y el hecho que los Mayas fuesen navegantes y comerciantes expertos.
Los mitos pueden, además, aclarar como estos contactos obtuvieron forma: los mitos Ciri Klave y Deko sugieren que otros misioneros-mercaderes maya intentaron establecer una colonia comercial marítima en la tierra de los Guaymí del Bocas de Toro. Esto significa que esta zona era muy deseada, si hasta los mercaderes entraban en conflicto entre ellos para establecerse allí. Esto pasaba entre los siglos viii y x d.C., cuando el incremento en la importación del oro de Panamá-Costa Rica proporcionó la necesidad de fundar bases comerciales y centros donde recolectar el precioso material, bases comerciales que fueron tal vez facilitadas por el hecho que aquí no existía la red mercantil muy organizada mesoamericana.
El mito Ulikron sugiere la existencia de posibles contactos con los Maya-Tolteca o de otros contactos con misioneros-mercaderes meso-americanos más antiguos, del periodo clásico o preclásico, quizás maya u olmeca con los Guaymí o pre-Guaymí.
A mi parecer los rasgos más frecuentes de civilizaciones mesoamericanas encontrados entre aquellos Guaymí que se encuentran en la población Bribrí-cabecar (Laurencich Minelli 1976a: 59-62), están relacionados con la posición geográfica de Bocas de Toro. Este sitio en efecto se coloca en una posición muy favorable como puerto y al mismo tiempo como centro de recolección de los productos procedentes del Altiplano.
No se puede no considerar que la colonia azteca, que durante la Conquista se encontraba al norte de Bocas de Toro, haya sido una reutilización, según las costumbres de los Aztecas, de bases comerciales más antiguas, como por ejemplo de los Mayas. En conclusión, los Azteca no se destacaron por una política comercial innovadora, si no que prefirieron apoyarse en esquemas preexistentes, cambiándolos en función de sus deseos de expansión y monopolio que se fortalecerán gracias a excavaciones arqueológicas, que serían muy necesarias sobre todo en la zona del Golfo de Bocas de Toro .
Sería además necesario profundizar el estudio del idioma, a fin de registrar aquellas diferencias lingüísticas y de pronunciación, que me proporcionó el informante Montezuma (Laurencich Minelli 1976b), e intentar de hallar más eventuales vestigios del idioma náhuatl.

BIBLIOGRAFIA
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2 comentarios:

David dijo...

Me gusta conocer distintas culturas y por eso trato de viajar mucho y estudiar a distintos grupos poblacionales. En este momento estaba buscando sobre la civilizacion aztecas ya que tengo que hacer un trabajo

Katherine Boza dijo...

Muchas gracias por documentar y compartir la información...