2/9/07

EXCLUSION DE SANGRE INDIGENA

Agence France Presse - 15 Octobre 2003
Gaëlle Sévenier
Indígenas de Costa Rica piden respeto a su cultura y sus tierras ancestrales
Las tribus indígenas de Costa Rica, unos 63,000 individuos, son desconocidos por la sociedad costarricense y sufren de discriminación en sus tierras ancestrales. Sociedades en vía de desaparición, los indios de las selvas tropicales aún tienen mucho que enseñarnos.

Cuando Cristóbal Colón, durante su cuarto y último viaje, en 1502, llegó en lo que se llama hoy las Isla Uvita, en la costa Caribe de América Central, más de 250,000 personas perteneciendo a ocho grupos étnicos diferentes vivían en ese territorio, que se convertirá luego en Costa Rica, país más desarrollado de América Central.
En ese país lleno de selva, volcanes y playas de arena blanca, los indios viven allí como viven desde siglos, en pequeños grupos dispersados, practicando la caza y la agricultura.
Los indígenas viven muy pobres en las 24 reservas del país, lo que contrasta con el nivel de vida del resto de los 3,8 millones de habitantes de Costa Rica, que también pregona los valores de justicia y equidad social.
Agrupados en ocho etnias con su propio idioma y tradiciones, la mayoría viven confinados en sus reservas, y tienen muy pocos contactos entre sí, lo que incrementa su aislamiento y marginación.
La mayoría de sus casas, con techo de paja, no tienen electricidad, ni agua potable. Duermen en hamacas y cocinan el arroz y frijol, base de su alimentación, en cocinas construidas con piedras fuera o dentro de las casas.
Igual que los adultos, los niños, muchos de ellos descalzos, vestidos con sencillas camisetas y pantalones en gran parte donados por organizaciones de ayuda, no tienen acceso consulta médica, por su aislamiento dentro de la montaña, por lo que no son raros los brotes de diarreas y otros males gastro-intestinales.
Muchos sufren de "papalomollo" o "lepra de montaña," infección trasmitida por un mosquito que deja enormes huecos en la carne parecidos al mal de Hansen (lepra).
A causa de su aislamiento en la jungla costarricense de difícil acceso, los indígenas son hoy día muy poco mestizados, y han guardado su autenticidad. En la región de Talamanca, en la costa caribe cerca de Panamá, algunas tribus Bribrís y Cabécares viven aisladas de la civilización, en la jungla profunda.
Los indígenas Bribrís ocupan generalmente los territorios de baja altitud de la cordillera de Talamanca, en la costa caribe del país, mientras los Cabécares prefieren los sitios aislados de las montañas de la cordillera. Numerosos estudios consideran a los Bribrís y Cabécares como una sola misma etnia, ya que los dos grupos mantienen un sistema de clanes muy complejo. Sin embargo, los Cabécares, aislados en sus montañas, sufren de menos influencia del progreso que sus aliados los Bribrís.
Esas dos tribus tienen como particularidad de ser unos de los raros indígenas de América Central quienes han conservado intactos sus mitos religiosos, transmitido de generación en generación a través de los cuentos de los ancianos. Los cambios culturales y sociales que transformaron a Costa Rica en el país más rico de toda Centro América no han influido sus creencias en su Dios supremo y creador del universo, Sibö.
Es en la casa de Sibö que se encuentra el universo. Su techo esta lleno de agujeros, a través de los cuales pasa la luz del día: así se forman las constelaciones. Las casas tradicionales de los indígenas de la región de Talamanca están construidas a la imagen de las casas de Sibö, redondas y altas. Al amanecer, el sol cae de la tierra para dar vuelta al otro lado del techo y entregar luz a las estrellas. Esa visión mística, elaborada mucho antes de Copérnico, es una de las raras que evoca un sistema de rotación planetaria.
Detrás de la imagen paradisíaca de Costa Rica, país lleno de selva, volcanes y playas de arena blanca, destino ideal para una luna de miel, se esconden mas de 63.876 individuos identificados como indígenas por el censo del Instituto Nacional, indígenas pobres, ignorados y aislados entre sí.
Según datos del censo 2000 de INEC (Instituto nacional de Estadística y censo), por primera vez en la historia se logró identificar la población por grupos étnicos, encontrando que los indígenas representan un 1,7% de la población total del país, es decir, un total de 63.876 personas identificadas como indígenas y no tienen ninguna representación legislativa en el país.
Los ocho grupos étnicos no disponen de ninguna representación legislativa en Costa Rica. En 1973, el gobierno costarricense creó CONAI, la "Comisión Nacional de Asuntos Indígenas". Los indios parecen unánimes sobre la mala representación de ese organismo estatal. "Los representantes ni son indígenas" explica Oscar Fernández. "Nunca vienen ver a la realidad aquí, ver lo que necesitamos. Nunca han hecho algo para nosotros."
Numerosas organizaciones han sido creadas para ayudar a los indios de Costa Rica, y según ellos mismos, no hacen nada más que "caminarse encima." Muchas de las donaciones enviadas a los indios más pobres nunca llegan a destinación. Timoteo, quien habla por los ancianos Bribrí, acusa al gobierno de impedirles percibir algunas donaciones mandadas desde el extranjero, el costo de los derechos de aduana siendo demasiado alto para que pudieran ofrecérselo.
En Diciembre 1977, el gobierno de Costa Rica votó una ley para establecer las reservas indígenas en el país. Esa ley da a los grupos indígenas el derecho de auto gobernarse como comunidad, los títulos de la tierra quedándose en mano del gobierno. Sin embargo, la ley nunca se cumplió. Aunque los indígenas tienen sus propias leyes, por ejemplo es prohibido beber cualquier otro tipo de alcohol en la Reserva Bribrí que la chicha local hecha con maíz, los años mostraron que nunca fueron maestros de la explotación de sus propias tierras. Compañías bananeras, mineras, petroleas, forestales, nunca dejaron de implantarse en sus territorios durante los 50 últimos años, con el acuerdo del gobierno costarricense.
Para Jackson, uno de los representantes de la tribu Bribrí, una de las ocho etnias indígenas que subsisten en el país, la imagen que se proyecta sobre Costa Rica en el exterior como defensor de la ecología, resulta un puro espejismo.
El gobierno costarricense esta planificando la construcción de un proyecto hidroeléctrico en una parte de las reservas indígenas. Está incluido en ese proyecto gubernamental una reubicación de las tribus, lejos de sus tierras natales. "Nos duele saber que vamos a perder otra vez una parte de nuestros territorios," declara Feliciana Gonzáles, "donde hay nuestros caminos, nuestras sepulturas, nuestros pueblos, todo eso va a quedar abajo del agua." El problema no parece ser el proyecto hidroeléctrico en sí, sino la no aplicación de la ley de auto gobernación de los territorios indígenas. "Ese proyecto forma parte del mismo proceso de dominación que conocemos desde siempre," denuncia Oscar Fernández, representante de la comunidad Cabécar. "No les molesta inundar nuestras riquezas culturales y arqueológicas. Si realizan ese proyecto en las reservas del sur del país, harán jurisprudencia, y van a hacer lo mismo en las Reservas Bribrís y Cabécares."
A pesar de sus riquezas culturales y artísticas, los indígenas no son muy conocidos por la gente a dentro de su propio país. "Mucha gente piense que los indígenas son atrasados, vestidos con plumas…" denuncia Jorge Gonzáles, artesano de la reserva Boruca. "Tenemos que buscar una manera de dar a reconocer que no somos así, y que merecemos respeto a nuestras tradiciones." La mayoría del tiempo, son pequeños grupos de extranjeros quienes vienen a visitar a las comunidades y a compartir su cultura, explica la madre de Jorge, Feliciana, aunque la mayoría de los nacionales ignoran hasta su existencia.
Por primera vez en la historia del país, los indígenas de Costa Rica tuvieron en setiembre del 2003 la oportunidad de compartir su legado cultural en una extensión del festival de Arte Nacional, organizado en la ciudad de Limón, gracias a la organización "Reencuentro con la Madre Tierra", tres comunidades, los Borucas, los Bribrís y los Cabécares, se encontraron en la Finca Educativa de la Reserva Bribrí de Shiroles, en la región de Talamanca (Sur) y pudieron presentar sus bailes, cantos, artesanía y tradiciones.
Todo un grupo de Borucas viajó más de 12 horas en bus para llegar a la finca de la Reserva Bribri donde se desarrolló el evento. "El festival y el convivió entre Talamanca y Boruca es para dar a conocer nuestras tradiciones al país" afirma Jorge Gonzáles. "Pero eso se hace una vez. Tenemos que seguir con eventos así."
Durante el convivio, los de Boruca, hicieron una representación de sus “Juegos de los Diablitos”, gran fiesta que organizan cada fin de año del 30 de Diciembre hasta el 1er de Enero. En la presentación, los hombres llevaron máscaras de madera, pinturas indígenas y representaron una lucha hasta la muerte en contra del conquistador español, simbolizado por una máscara de la cabeza de un toro.
Los hombres de la tribu fabrican durante el año mascaras multicolores de madera, que tienen representaciones simbólicas de la naturaleza en el cráneo. Las mujeres se preocupan de las telas y buscan ingredientes naturales utilizados para la pintura. Durante el "Juego de los Diablitos," los hombres llevan sus máscaras y durante tres días y tres noches, representan una lucha hasta la muerte en contra del conquistador español, simbolizado por una máscara de toro. La fiesta se acaba por la cremación del toro vencido, y el repartimiento entre todos los habitantes de Boruca de los pedazos del toro.
A ese convivió intercultural se añade otra innovación en la comunidad indígena del país. Recientemente, se inauguró el Colegio Académico de Sepecue en Talamanca, primer colegio indígena con un patronal y un cuerpo profesoral indígena. Las materias básicas serán enseñadas como en cualquier colegio, pero a parte de eso se enseñarán clases propias a la zona: los idiomas bribri y cabécar, la educación ambiental, la artesanía y la música indígena… A toda una generación de indígenas le daba vergüenza hablar sus dialectos, ya que era percibido por los maestros como prueba de mala educación. "En el colegio de Sepecue, si un niño no entiende porque no habla bien el español, se le atiende en bribrí," explica el subdirector del colegio. "Con la inauguración de nuestro colegio podemos servir de ejemplo de lucha indígena en el país, con práctica, no teorías."
Durante una presentación teatral del grupo "Metamorfosis" del Festival Nacional de las Artes, Jackson exclamaba en su idioma, traducido por un joven de la tribu:
"Esa tierra nos pertenece, es la de nuestros ancestros" denuncia Timoteo Jackson, un anciano de la comunidad Bribrí. "Siguen cortando nuestra selva. ¿Que van a hacer nuestros hijos? Los ríos se secan por la deforestación. Nos hacen daño, y no se dan cuenta del impacto en las generaciones futuras", dice con amargura Timoteo.
"Ya es tiempo para nosotros los indígenas de poner nuestra mano en nuestro corazón y hablar solamente un solo idioma, él dice: 'No maltraten más a los indígenas; no maltraten más a nuestra selva y a nuestra tierra."
A pesar de esos pasos, los indios de Costa Rica siguen teniendo un largo camino adelante antes de ser reconocidos y respetados en sus propios territorios.