8/9/07

Antonio Saldaña. Último “Rey” de Talamanca.

La sociedad costarricense en general adolece de conocimiento y valoración de los procesos históricos acaecidos más allá del Valle Central. Priva aún el protagonismo asumido por la capital del país (Cartago en la colonia y luego San José) y las ciudades circunvecinas. Más aún, en lo que se refiere a “asuntos” indígenas (pasados y presentes), esfera en la cual prevalece la concepción de una sociedad “blanca” (en realidad mestiza) donde los indios son tema únicamente para la arqueología.

A lo anterior, se suma lo alejado de la región en que vivió y se desenvolvió el personaje objeto de nuestra atención: Talamanca, en la vertiente atlántica fronteriza con Panamá. Hoy como ayer, lo que ocurre en aquella latitud pareciera ajeno a los habitantes del resto del país, no obstante el avance en cuanto a vías y medios de comunicación se refiere. La distancia, más que geográfica, pareciera ser de índole cultural.
Con esta exposición se desea aportar conocimientos e imágenes acerca de la figura de Antonio Saldaña, el último cacique de Talamanca, con el objeto acortar distancias tanto en la dimensión temporal como espacial y cultural. Dicho esfuerzo forma parte de un intento por revalorar nuestras propias raíces.

Antonio Saldaña representa la transición de una sociedad amerindia (Bribrís y Cabécares) tradicional y en armonía con su medio geográfico, a una sociedad duramente impactada por la “modernidad”. Esta última, en la forma de una economía de enclave, la del banano, que precisamente vino a echar sus cimientos en uno de los últimos reductos de resistencia indígena al dominio español.
Las luchas por la supervivencia física y cultural, que cotidianamente realizan los pueblos indios de Talamanca, son dignas de encomio. La organización de grupos en torno a intereses productivos y culturales ha sido el sendero elegido para enfrentar los retos actuales.
En medio de todo ello, la trascendencia de Antonio Saldaña recupera vigencia; por eso nos llena de satisfacción que esta exposición coincida con el interés de los talamanqueños por rescatar su papel y aporte a la cultura indígena.

Ambiente y cultura de Talamanca
Las llamadas “reservas” indígenas de los Bribrís y Cabécares- genéricamente denominados Talamancas - en ambas vertientes de la cordillera, forman parte de la más extensa área de interés natural y cultural de Costa Rica, la Reserva de la Biosfera La Amistad, que tiene su continuación en el territorio de Panamá.
Esta inmensa extensión de reservas naturales e indígenas y zonas protegidas, con un total de 612.570 hectáreas (12% del territorio nacional) fue declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1983, debido a la riqueza del ecosistema que la hace única en el mundo. Esta área constituye sin duda, el mayor proveedor de oxígeno de Costa Rica y una incalculable fuente de recursos naturales.
La diversidad topográfica y climática, la riquísima variedad de especies animales y vegetales, la abundancia de ríos y del recurso hídrico en general, la amplia cobertura boscosa, definen la singularidad de este territorio. A lo anterior se suma la presencia de grupos humanos que a través de los milenios han logrado un profundo conocimiento del medio y el mejor provecho de éste para su supervivencia, sin poner en peligro el equilibrio ambiental.
La palabra Talamanca no es indígena, se debe a la fundación de la ciudad de Santiago de Talamanca el 10 de octubre de 1605 por parte de Diego de Sojo y Peñaranda, quien le dio ese nombre en recuerdo de su ciudad natal en Castilla: la villa de Talamanca en la provincia y diócesis de Madrid.
Al hablar de Talamanca, hacemos referencia a tres reservas indígenas (Talamanca Bribrí, Talamanca Cabécar y Cocles) que cubren un área de 63,444 hectáreas, con una población aproximada de 5,200 habitantes: Este es el hábitat principal de Bribris y Cabécares en el Atlántico donde antaño estuvo la sede del cacicazgo de Antonio Saldaña: Túnsula.
La cercana relación del indígena con su medio natural, en este caso el bosque tropical húmedo, ha delineado la cultura tradicional de las etnias amerindias de Talamanca.
El sistema agrícola de subsistencia, llamado de “tala y quema” es rotativo, lo cual permite la recuperación del bosque. De ahí se obtiene el maíz, yuca, plátano, pejibaye, productos básicos que junto con la caza y la pesca constituyen la dieta indígena. El cacao y el plátano en las últimas décadas se comercializan a nivel regional.
El patrón de asentamiento es disperso con viviendas construidas con materiales tradicionales extraídos del bosque, aunque no necesariamente mantienen la forma cónica y multifamiliar antigua. Los medios de transporte usuales son el caballo y los botes de troncos utilizados en ríos.

Bribrí y cabécar son los idiomas en que habitualmente se comunican los talamanqueños, aunque la mayoría domina también el español. A pesar de la existencia de escuelas en los territorios indígenas, la tradición oral tiene mayor peso en la transmisión de la cultura de padres a hijos.
Los awapa (curanderos o sukias) son especialistas a los cuales se recurre todavía para prácticas de curación. Son personajes respetados y reconocidos como depositarios de la tradición ancestral de su pueblo.
El trabajo colectivo, que se retribuye a través de la chichada, es aún hoy día la base del sistema económico pone de manifiesto la reciprocidad como norma; de igual manera, la mezquindad es repudiable socialmente por contraponerse a dicha norma. Sobre este concepto de reciprocidad se sustentan las demás relaciones sociales de los Talamanqueños.

El significado de “rey” para los indios talamanqueños
Rey, soberano, monarca, son términos transplantados del contexto europeo hacia la realidad amerindia, por tal motivo lo hemos entrecomillado en el título de la presente exposición. Meléndez (1993) sugiere que dicho título pudo ser adoptado por los talamanqueños de los zambos-mosquitos (descendientes de esclavos africanos e indígenas de la costa atlántica de Nicaragua), quienes daban esa denominación a su jefe.
Para los talamanqueños “rey” simbolizaba la “cabeza” del pueblo, en manos de quien recaían las decisiones más importantes; era un elemento asociador (cohesión social) por excelencia, quien marcaba la ruta del destino social. A nivel ideológico, se equiparaba a dios y al usëkoL (máximo dirigente político-religioso con poderes omnipotentes). El cargo era hereditario sobre la base de clanes especializados.

Los Bribris y los Cabécares se organizan en clanes matrilineales, es decir, la descendencia se traza por el lado de la línea materna, de ahí el término matrilineal. Los clanes, cuyo origen se imagina en un antepasado común, ya sea planta o animal, están organizados en dos mitades complementarias. Un miembro de un clan tiene la prohibición de casarse dentro del propio clan o con clanes afines. Se da la preferencia del matrimonio entre primos cruzados (una mujer se casa con el hijo del hermano de su madre, y viceversa).
En Talamanca se ha detectado en la actualidad la existencia de más de 50 clanes de habla Bribrí. (Bozzoli, 1979). La práctica de la poligamia ha sido común entre estos pueblos como parte de sus normas de parentesco.
La etnografía de los grupos talamanqueños nos refiere a jerarquías y especializaciones de actividades relacionadas con los clanes. En referencia a los Bribris, se sugiere que la jerarquía de los clanes se mantuvo hasta las primeras dos o tres décadas de este siglo.
"... los clanes tenían sus propios territorios y tareas asignadas específicas. Las tareas se heredaban en más de un clan. Que los clanes tenían trabajos específicos se manifiestan en la tradición y las historias
Estas mencionan las tareas de gobierno, ceremoniales, la manufactura de objetos de oro y otros trabajos”
(Bozzoli, 1979:64)

Las tradiciones orales relatan que, en el siglo pasado, los individuos llamados reyes eran bkLi, es decir, oradores que ejercían como mensajeros entre el usëkoL y la gente.
En Bribrí y cabécar el vocablo que significa rey es bLu que quiere decir ‘rico’ y se les describe como valientes guerreros. Las historias cuentan que los jefes político-militares o caciques siempre provenían de clanes bribris y que éstos se comunicaban con el usëkoL para todas las decisiones importantes, y que estaban a cargo de transmitirlas a la gente.
Dentro de esta jerarquía, los jefes sólo podían provenir de ciertos clanes. Del clan SaLwak o gente del mono colorado (Ateles sp.) descienden los últimos reyes o jefes máximos de los Bribris; Antonio Saldaña provenía de este clan.

En las narraciones tradicionales, se dice que el clan de Antonio venía de progenitores que tenían dos rabos, adelante y atrás y también ojos en la cara y en la cabeza, o que tenían dos cabezas. Como sus antepasados, los monos colorados, ellos eran fuertes y vencían a sus enemigos como los monos, colgándose de sus colas, escondiéndose y escapando; podían pegar muy fuerte con esos rabos (Bozzoli, 1979:45).
Dentro de esta compleja estructura social y política, es comprensible imaginarse el daño provocado al sistema cultural indígena al eliminar la figura de “rey”, quizás lo anterior pueda explicar, al menos en parte, los muchos desacuerdos y divisiones internas que en la actualidad existen entre los indígenas.

El estado costarricense y la dimensión política del cacicazgo
Continuos despojos territoriales y disputas limítrofes por parte del Gobierno de Nueva Granada (Colombia) que duraron más de un siglo (el último conflicto armado se dio en 1921 con la fijación de límites entre Costa Rica y Panamá), llevaron al Gobierno de Costa Rica a asumir un interés especial por la región de Talamanca a fin de asegurar la soberanía, a través de varios intentos de colonización y el establecimiento de guarniciones militares bajo diferentes administraciones presidenciales.

Paralelo a estos acontecimientos, Talamanca también representaba para los sectores económicos nacionales y extranjeros un territorio útil, donde se podían realizar actividades lucrativas, como la explotación minera, y la incursión en otras nuevas, como la explotación agrícola.
Los estudios que realizó William M. Gabb entre los años 1873 y 1874, a la par de los estudios geológicos, demostraron la capacidad y potencial productivo de la región:
“El café, el cacao y el azúcar se producirían en Talamanca en cantidades mayores que todas las cosechas actuales de la República, el día en que una población inteligente y laboriosa se haya posesionado de aquella rica comarca “
(Ferrero, 1981:97)
Los hechos anteriores, unidos a la transformación en la esfera de mando, debido a la política administrativa del estado costarricense, incidieron en la desaparición de la alta jerarquía entre los indígenas talamanqueños y condujeron a una desestructuración que abarcó, sobre todo, a los clanes que tradicionalmente ejercían el mando.
Reflejo de esto es que desde mediados del siglo pasado, se presentaron disputas entre diferentes individuos emparentados que se consideraban con derecho a ser “reyes”. Así por ejemplo, en 1862, había tres caciques o reyes en Talamanca, el principal, Chirimo, y los otros, Santiago Mayas y Lapis. En el transcurso de la década siguiente hubo disputas de sucesión que terminaron en asesinatos, peleas, el carácter de jefes políticos a los caciques de Talamanca.

Birche y Willie (William Forbes) primos de Santiago Mayas tomaron el poder después de la muerte de Lapis. Por supuesto abuso de poder, Birche fue removido de su cargo como jefe político por el gobernador de Limón.
A consecuencia de la destitución, en 1874 el gobierno decidió otorgarle un poder nominal y decorativo al cacique William (Willie) Forbes y el poder real al norteamericano John Lyon quien desde 1867 había sido nombrado como Secretario y Director de reducciones en Talamanca; este hecho demuestra el grado de injerencia del Estado en la administración autóctona o tradicional de los indígenas.

John H. Lyon, un antiguo oficial de la marina norteamericana, nacido en Baltimore, buscador de fortuna, se había establecido en Talamanca desde 1858. Casó con una indígena de la familia real; y su influencia y respeto entre los talamanqueños permitieron al Gobierno el manejo de los asuntos indígenas a través suyo.

William M. Gabb, geólogo norteamericano contratado por Henry M. Keith para estudiar la geología, topografía, historia natural y climatología de Talamanca, llegó a esta región en marzo de 1873, donde residió 17 meses. Gabb y Lyon son dos figuras que jugaron un papel clave en las relaciones político-administrativas que afectaron a los pueblos talamanqueños.
A este respecto es significativa la recomendación que externó el explorador William Gabb en cuanto a la persona debía administrar el orden en Talamanca en tiempos en que se daban los conflictos internos de poder:
“Que el verdadero poder de la jefatura quede investido en la persona del señor Lyon: que éste gobierne a los indios tan conforme con las leyes de la república como es posible en una comunidad salvaje y que suministre en períodos fijos informes detallados sobre los hechos de que sea responsable ante el gobierno”.
(Ferrero, 1981:102).

William Forbes fue destituido al ser acusado de asesinato y declarado en rebeldía por el gobernador de Limón, el cual nombró el 23 de mayo de 1880 al heredero del cacicazgo, Antonio Saldaña, sobrino de William Forbes, cuando apenas sobrepasaba los 20 años de edad (Fernández Guardia, 1975:218).
El nombramiento fue confirmado por acuerdo gubernativo el 24 de junio de ese mismo año. La sede de su reinado fue Túnsula situado no lejos de Sipurio en las cercanías del río Lari, afluente del Sixaola. El nombramiento de Antonio Saldaña se enmarca dentro de estas luchas de sucesión.
Así, a través de una dominación pacífica por medio de autoridades nombradas y avanzadas evangelizadoras emprendidas regularmente a partir de Thiel, se dio una abierta persecución de las costumbres ancestrales: a los sukias se les equiparó con “brujos”, se prohibió el control natural de la natalidad a través de la herbolaria y de la práctica de la poligamia y del enterramiento secundario -que implicaba la fiesta de los huesos con gran consumo generalizado de chicha-; el “rey” iba perdiendo control sobre el libre curso de las costumbres más arraigadas de su pueblo.

Antonio Saldaña “rey”
La autoridad tradicional del cacique o jefe indígena (al menos en el ámbito civil, no así en la esfera religiosa donde los acontecimientos siguieron otro rumbo) fue sustituida de manera pacífica y “legal” por el estado costarricense al otorgarle el verdadero poder al extranjero John H. Lyon “enclavado” en el territorio indígena. ¿Acaso podrá tener mayor simbolismo esta circunstancia?
La situación de pérdida de su poder real y el encontrarse inmerso en un proceso de transculturación acelerado, condujeron a que Saldaña mostrara actuaciones ambivalentes y contradictorias a nuestros ojos, pero que manifestaban su contacto con un mundo ajeno del cual no podía sustraerse.

Pretendía que su pueblo adquiriera nuevas costumbres, llegando él mismo a solicitar al Gobierno de Cleto González Víquez, a través de una carta el envío de un cura y un maestro:
“Careciendo casi en absoluto de los beneficios de la instrucción (los talamanqueños)...señalamos la imperiosa necesidad de que se funde una escuela para niños y niñas, donde no solamente se enseñe a nuestros hijos a leer y escribir, sino que al mismo tiempo se les eduque para vivir la vida de la gente civilizada”.
(Segarra, 1908:37).
En años anteriores a esta petición, Saldaña había mostrado una posición radicalmente distinta con respecto a la presencia de maestros en su territorio; así por ejemplo, en la cuarta visita que realizara Augusto Thiel a Talamanca en 1890 se molestó al enterarse de que Saldaña había ido a buscar al usëkoL para pedirle que viniera a conjurar la escuela y los maestros para que se fueran, como lo habían hecho en 1883 con el padre Hidalgo (Fernández Guardia, 1975).
Parte de la actitud contradictoria de Saldaña se expresa en el reclamo que hace al gobierno ante el hecho de que los talamanqueños debían prestar servicio militar y que los reclutas tenían para ello que trasladarse a Limón. Saldaña manifestó que éste era un pretexto para arrancarlos de sus tierras, sin embargo, a la vez pretendía jugar un papel dentro del desarrollo de la nacionalidad costarricense, como lo manifiesta en la citada carta al presidente Cleto González:
“Nosotros y nuestros antepasados, creemos llegado el momento de sacudir para siempre el pesado yugo de la propia apatía y de la indiferencia ajena, esperando que el Supremo Gobierno cambiara a nuestro favor la política de abandono en que se ha tenido a aquellas comarcas distantes, y llegando a constituir tal abandono una seria amenaza para la integridad del suelo patrio”
(Segarra, 1908:37

Antonio Saldaña estaba consciente de su papel decorativo dentro de la administración oficial en Talamanca y de que su presencia, su pueblo y su territorio, formaban parte de un proyecto de integración territorial y de explotación económica.
“Yo no soy un rey; hago lo que demanda el gobierno, nuestros secretos poco significan ahora. Si yo fuera rey nos guardaríamos nuestros secretos, hoy día se acabó nuestro poder, mañana puede que ya no existamos. Yo Antonio soy rey, el primogénito de la hermana del rey anterior”
(Nicholas, 1902:15
Saldaña se debatía entre un poder efectivo y nominal; a la pregunta de cuántos súbditos tendría a su cargo contestó:
“Más o menos mil y quinientos son: mil bribris y seiscientos cabécares, chirripós y estrellas“.
Sin embargo, los viajeros españoles Segarra y Julía (1907) quienes lo entrevistaron agregan que los mencionados por Saldaña eran los súbditos directos, pero que también reconocían la autoridad del cacique de Talamanca, los Changuinolas, en número indeterminado, 450 Bruncas, 250 Térrabas, 500 Cabécares de Buenos Aires y Ujarrás y 250 Bribris de Cabagra. De manera que el cacicazgo tenía influencia sobre unos 3,200 indígenas.
Este dato de principios de siglo es significativo y pone de manifiesto el vasto territorio que seguía abarcando el cacicazgo talamanqueño a pesar de la evidente pérdida de autoridad de Saldaña. Esto fue propiciado por los acontecimientos políticos, sociales y económicos de la época, lo cual se había concretado en 1885 con la fundación de la colonia San Bernardo y el nombramiento de Liberato Zamora

Diversas versiones sobre la muerte de Saldaña circulan en la tradición oral de los indígenas talamanqueños; algunas señalan al propio Guillermo-Gabb Lyon, hijo de John H. Lyon y de la princesa Gregoria y ahijado de William Gabb, como participante en la conspiración (Castro y Tosi, 1968). Otras sugieren conflictos interpersonales; sin embargo, la versión más extendida apunta como causa la oposición ejercida por el rey Antonio Saldaña a la presencia de la empresa bananera que, desde 1909, ocupaba con sus cultivos la mayor parte del Valle de Talamanca.
Al ser la tierra el fundamento de la vida indígena y el bosque el proveedor de toda clase de recursos para ésta, su expropiación por la compañía bananera y, más aún la tala masiva con el fin de convertir la selva en sembradíos de banano, constituyó la mayor agresión a la integridad cultural indígena. Antonio Saldaña no pudo permanecer indiferente ante esta situación, siendo este hecho el momento histórico más importante en el cual su liderazgo debía manifestarse de manera rotunda; su rechazo a esta nueva y abierta forma de usurpación es el hecho por el que es recordado y reivindicado por su pueblo.
Por otra parte, la sociedad costarricense no indígena reconoce en él un importante papel en la defensa de la soberanía nacional. Lo anterior debido a los conflictos limítrofes que se suscitaron en buena parte de su territorio cacical.
Luego del fallecimiento de Saldaña, daría inicio una dura etapa de sobrevivencia para los Bribris y Cabécares, quienes pasaron de una economía agrícola de subsistencia, complementada con la caza y la pesca, a una dependencia cada vez mayor del sistema mercantilista.
Veintiocho años más tarde (1937), a causa de inundaciones, agotamiento de las tierras y enfermedades del banano, que la tradición oral indígena atribuye al poder de los useköLpa, la empresa frutera abandonó Talamanca. Los indígenas re-ocuparon sus territorios profundamente modificados en el aspecto ecológico y contribuyeron a su recuperación tratando de mantener su modo de vida tradicional y su cercana relación con la naturaleza.

Antonio Saldaña, la persona
Diversos viajeros que estuvieron en Talamanca y conocieron a Saldaña lo muestran como una persona que sobresalía del resto de los indígenas tanto en lo físico como en su personalidad.
Carl Bovallius lo describe como un indio joven y bien desarrollado de casi seis pies de alto (1.80 mts.), que usaba vestir en forma sencilla como un mestizo y se diferenciaba de los demás por llevar puestas sus insignias que lo delataban como jefe entre los indígenas.
“En seguida el rey trajo todas las joyas de la corona. El bordón de mando era de una madera muy dura; tallada en el extremo superior tenía una cabeza de pájaro, con el cuello hueco y dentro una bola que al sacudirla producía un sonido claro de cascabel. La corona era de plumas blancas de águila, con otras largas, azules y rojas de guacamayo, erectas al frente, en tanto que en torno de la base de la corona se veían otras de color de iris, verdes, rojas, azules y amarillas, hábilmente entremezcladas. Alrededor del cuello llevaba colgadas siete águilas, idénticas en la forma a las que han sido halladas en las más antiguas sepulturas de Costa Rica. Traía también un collarcito de conchas perforadas como las que se encuentran en las tumbas antiguas y llaman precolombinas”.
(Nicholas, Francis, 1902:20)
Con respecto al uso de objetos de oro como parte de la indumentaria que hacía distinguir a Saldaña como “rey”, es importante señalar que tanto la arqueología como los relatos de los cronistas del siglo XVI, muestran su utilización entre personajes ligados a labores administrativas y ceremoniales. Esto evidencia la continuidad de los elementos culturales asociados con estos personajes.
De acuerdo con Tristán (1935), Saldaña en su juventud viajó por algunos lugares lejanos como Guatemala y Panamá. Realizó tres viajes a San José; en 1882 visitó la Casa Presidencial durante el mandato de Próspero Fernández y regresó en dos ocasiones, en 1899 y en 1907
En sus visitas a la capital, cambiaba su forma de vestir a la usanza de la época. Este hecho pone de manifiesto el deseo de ser aceptado y tratado como igual por las verdaderas autoridades, aunque siempre mantuviera su postura como “Rey” de los talamanqueños.
Uno de los aspectos más controversiales en torno a Saldaña es su muerte, ocurrida el 3 de enero de 1910 en ocasión de unas fiestas funerarias. Se sabe que murió en circunstancias muy poco claras al igual que su sobrino José, hijo de su hermana mayor Margarita, quien le sucedería en el cargo.
Según telegrama del gobernador interino de Limón, Federico Golcher al secretario de gobernación, de fecha 21 del mismo mes, ambos murieron envenenados por haberse bebido la tintura del yodo que uno de los misioneros les dio para uso externo.
Cuenta el indígena Simón Mayorga, que el último funeral importante al que asistió fue el de Antonio Saldaña. Las honras fúnebres se realizaron con cánticos y ritos a la manera tradicional, durando la actividad ocho días y con gente que llegó de diversas partes de Talamanca. Don Simón recuerda:
“Las ceremonias eran muy sagradas, como cuando los padres hacen la misa ahora. Tenían una guacamaya allí, y cantores especiales a los que nosotros les llamábamos jtsökoL que entonaron muchos cánticos. Ellos quedaron especialmente para eso, para consagrar a los muertos”
(Méndez y otros, 1981:34

El viajero francés Maurice de Périgny, quien visitó Talamanca en 1912, tuvo un encuentro con la viuda y una hija de Saldaña en la vivienda donde se custodiaban las insignias: la corona de plumas y el collar con siete águilas de oro. Posteriormente, según la tradición indígena, el collar fue vendido por una hermana de Antonio, lo cual fue considerado como una trasgresión de las normas establecidas respecto a la custodia de estas insignias, reservada a los clanes destinados a ejercer la dirección política de la comunidad.
Este hecho es un ejemplo del debilitamiento de algunas de las tradiciones propias de estos grupos. Debilitamiento que se profundiza como consecuencia de las múltiples intervenciones a las que siguen siendo objeto.
A pesar de esto, las poblaciones talamanqueñas mantienen vivas las tradiciones de sus antepasados y luchan por su defensa y la de su territorio ancestral.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Bozzoli, María E. 1979. El nacimiento y la muerte entre los Bribris. Editorial Universidad de Costa Rica.
De Castro y Tosi, Norberto. 1968 “Caciques de Costa Rica bajo la monarquía española “. Conferencia dictada ante la Sociedad de los Amigos del Museo. Museo Nacional.
Fernández, Guardia, Ricardo.1975 Reseña Histórica de Talamanca. Biblioteca Patria. Nº 1. Editorial Costa Rica.
Ferrero, Luis.1981 William M. Gabb. Talamanca el espacio y los hombres. Presentado por Luis Ferrero. EUNED. San José
Meléndez, Carlos.1993 “Antonio Saldaña, último rey de Talamanca”. En: Stone, Doris: Las Tribus Talamanqueñas de Costa Rica. Comisión Costarricense del Descubrimiento de América. San José
Nicholas, Francis C.1902 “Impresiones de un norteamericano en Costa Rica”. En: De Honduras a Costa Rica vía Nueva Orleans.
Segarra, José y J. Juliá.1907 Excursión por América, Costa Rica. Imprenta de Avelino Alsina. San José.
1908 Dos discursos. El Progreso Latino. México.
Tristán, José Fidel.1935 “La familia real de Talamanca”. En: Angelini de Liberia: República de Costa Rica. Su historia y desenvolvimiento cultural agrícola e industrial. Imprenta Gutemberg. San José.

ANEXO 1:
Genealogía de Antonio Saldaña elaborada por José Fidel Tristán en 1922 con datos aportados por Claracín Saldaña, hijo de Antonio y Ramón Almengor su sobrino. Ambos vinieron a San José en setiembre de 1907 a realizar estudios primarios por cuenta del Estado.

Ramón Almengor fue reconocido como rey solo por los Bribris luego de la muerte de José Saldaña. Sus funciones fueron nominales y murió de tuberculosis en el Hospital San Juan de Dios el 28 de enero de 1922.

Fernández Esquivel, Patricia y González Vásquez Fernando 1997.
Catálogo de Exhibición.
Fundación Museos Banco Central de Costa Rica. San José.
Obtenido de la red mundial el 11/08/2007