7/9/07

LOS ORIGENES DE OROSI

Los historiadores indican que Costa Rica y otras regiones de Centro América se encuentran entre muchos lugares en que los indígenas fueron evangelizados sin previa conquista. Gracias a la lucha de muchos años, los misioneros (sobre todo de México y el Caribe), consiguieron la aprobación de las leyes nuevas por parte de la Corona Española.


Cuando llegaron los españoles al Valle Central en 1561 el padre Estada Rávago (Cofundador de la Iglesia en Costa Rica junto con Fray Pedro de Betanzas ), insistió en la aplicación de Leyes Nuevas en Costa Rica, “prohibieron que los indígenas trabajaran en las minas, ni como esclavos ni como naboríos”.
El padre Rávago regreso a España muy pronto, pero Fray Pedro de Betanzas, Fray Diego de Salinas y Fray Melchor de Salazar, todos franciscanos para ayudar en este apostolado. Durante el tiempo de la colonia solamente los únicos misioneros en Costa Rica fueron los franciscanos.

Los misioneros por lo regular entraban en la selva solos para evangelizar a los indígenas, armados solamente con su amor y una sonrisa. No solo los primeros franciscanos, sino también otros en el siguiente siglo, generalmente entraban a la montaña solos para evangelizar a los indígenas. Por ejemplo Fray Juan Monterroso y otros en los principios del siglo XVII, trabajaban a los indios con mucho amor, enseñándoles con mucha caridad y paciencia.

Por los regular entraban solos, sin acompañante alguno, a los pueblos indígenas exhortábanles con tal fervor y celestial espíritu a que abrazasen la fe y recibiesen el bautismo, que a ellos se debió, en gran parte, las numerosas convenciones habidas entre indios, en su tiempo. Estos misioneros no tenían ni el poder de defenderse, mucho menos de obligar a los indígenas a aceptar la fe. Estaban completamente a la misericordia de los indígenas y algunos perdieron sus vidas.

El 2 de febrero de 1675, Fray Juan de Matamoros empezó una visita a muchas partes de Talamanca. Aunque los franciscanos recoletos solían andar de dos en dos, parece que se fue solo. Bautizo 122 indígenas de las tribus: Cabecar, Nucueba, Ciriru, Tariqui, entre otras. Los nuevos cristianos se reunieron en los pueblos de Cururú y Conoman. Él calculó que había en Talamanca unas 500 familias no cristianas. Obviamente un fraile solo no podía "imponer la fe" sobre nadie. Más bien, el fue completamente dependiente de los indígenas. Las culturas indígenas valoran mucho la hospitalidad. Cuando llega un viajero que no es considerado una amenaza para el grupo le brindan alojamiento y comida.

Al término de la dominación española, el dominio que los habitantes descendientes de los colonizadores españoles ejercían sobre el territorio nacional apenas si se había modificado ligeramente desde los tiempos del inicio de la colonización española. El escaso número de habitantes descendientes de los primeros colonos solo había poblado parte del Valle Central. Por ello, la mayor parte del territorio nacional se encontraba
o bien despoblado o sino con un considerable número de indígenas que habían escapado al dominio colonial. Durante la primera mitad del siglo XIX, pocos fueron los colonos del interior del país que se internaron en los territorios de las llanuras del norte, en Talamanca (Caribe Sur) y en la zona del Pacífico Sur. Allí, así como en el pueblo indígena de Orosí, en el Valle del Reventazón, los indígenas mantuvieron su apego a tradiciones propias. No obstante, ya en estos años ocurrieron modificaciones de importancia, causadas tanto por el arribo de barcos y comerciantes a las costas de Talamanca, como por el arribo de un pequeño pero disruptor número de inmigrantes.

En las llanuras del norte, la llegada de los huleros nicaragüenses en la década de 1860 marcó el inicio de un verdadero exterminio de las poblaciones -hasta ese momento aisladas- de los indígenas guatusos, habitantes de llanuras del mismo nombre.
En Talamanca, el mayor impacto lo causaron los miskitos y los comerciantes ingleses de Jamaica, situación que se inició ya desde principios del siglo dieciocho. En el Pacífico sur, bien que mal, los frailes franciscanos mantuvieron su presencia en los pueblos de Boruca y Térraba, a pesar de que en el siglo dieciocho hubo al menos dos rebeliones de los indígenas de este territorio. En la zona del Pacífico Sur comenzaron a instalarse colonos que procedían de Chiriquí en Panamá.