8/8/07

LA CREACION DE LA TIERRA DE LOS CABECARES

Severiano Fernández Torres

Cuando Sibö vivió aquí en la Tierra por primera vez, el suelo estaba cubierto de piedras y arena por todos lados. No había tierra, ni condiciones favorables para que la vida existiera.

Con el trabajo y el esfuerzo de todos los animales y seres sobrenaturales, Sibö terminó de construir el Universo. Sin embargo, faltaba un elemento indispensable para terminar la conformación total de la Tierra.

Cierto día, uno de los reyes que vivía en la casa de Sibö, el señor Dukur Bulú, defecó dentro de la vivienda. El excremento desprendía un aroma agradable, y al poco tiempo, nacieron sobre él matitas preciosas que crecieron con vigor. Esto cautivó la curiosidad de Sibö, quien admirado y con respeto, se detuvo a observar, por varias horas, el crecimiento de las hermosas criaturas nunca antes vistas ni dentro ni fuera de su casa.

Sibö aprovechó para preguntarle al señor Dukur Bulú.

—¿Por qué crecen las hierbas sobre el excremento que usted señor, Dukur Bulú, depositó amablemente en mi casa?

—Cada atardecer, cuando cae la noche, el señor Dukur Bulú vuela con discreción sobre los misteriosos cerros cubiertos con espesos y oscuros nubarrones, para evadir las miradas curiosas de otros animales. Así llega hasta el Santuario Sagrado, y con cuidado de no hacer ruido, entra al cuarto de la doncella Namabasiá, a quien le chupa sangre de su cuerpo.

Cuando obtiene suficiente sangre de la doncella, salta con prudencia y apresura el retorno a esta casa, lugar donde duerme plácidamente durante todo el día. Este viaje lo hace solo de vez en cuando, para evitar ser descubierto en la casa de la doncella Sulara.

Namausiáu suele observar el universo y escuchar el susurro del viento. Mientras tanto, su abuelita le narra pacientemente múltiples historias y leyendas, y le canta canciones melodiosas para explicarle el cuidado que deben tener los niños y las niñas ante la presencia de otros seres vivos:

—Muchos animales nos sirven de alimento. Otros, como Dukur Bulú, es enemigo de nuestra familia porque se nutre de nuestra sangre y la de algunos animales mientras dormimos. Además, el señor Sibö tiene interés en transformar nuestra familia en tierra, y así generar el ambiente propicio para el desarrollo y el crecimiento de las semillas de Sibö: los seres humanos. Por esta razón hay que tener mucho cuidado… ¡Hija mía!, escuche bien lo que le voy a decir: si siente o ve a alguien desconocido caminar o volar hasta nuestra casa, por favor, llore y grite con fuerza, en busca de auxilio.

Sibö, ansioso de conocer el Santuario Sagrado de los Namaitamí, convocó a sus amigos y amigas, los Tkabí de los animales y les dijo:
—¡Familias, necesito ayuda y mucha colaboración de cada uno de ustedes! Es urgente buscar y tener en nuestras manos a la doncella Namabasiá la niña Sulara para convertirla en tierra fértil y cubrir toda la roca madre. ¿Qué les parece esta idea?

Los asistentes de Sibö exclamaron a una sola voz:
—¡Qué idea tan excelente hemos escuchado!

Era el tiempo de la creación del Universo y los animales tenían apariencia humana. Así, acompañaron a Sibö en la expedición al lugar donde estaba ubicada la casa de los Namaitamí. Su misión era traer viva a la doncella Namabasiá (Sulara) al paraíso de Sibö, y mediante una ceremonia especial, transformarla en Jariria, sobre la cual crecerían muchos seres vivos.

Sibö y sus acompañantes se hicieron presentes en el Santuario Sagrado. Pronto salió la abuela de la familia Namaitamí, y les saludó con una plácida bienvenida:
—Señor Sibö, ¿cómo está? ¿En qué le puedo servir señor?

Sibö contestó:
—Vengo para invitar a su amable doncella a que colabore conmigo para recoger las semillas maduras de cacao, ya que si no las recolecto a tiempo pueden perderse. Además, quiero que después del trabajo, participe en una gran fiesta que tengo preparada en mi casa, para compartir exclusivamente con mis amigos y amigas.

La señora Namaitamí, madre de la doncella, expresó cautelosamente:
—¿Por qué Sibö viene hasta ahora a invitarla? ¿Quién le enseñó la dirección de nuestra casa? El señor Sibö nunca ha venido por estos lugares. Su presencia me hace dudar.

Sibö expresó:
—No se preocupen. Siempre hay un momento especial y una oportunidad para encontrarnos y compartir amistosamente.

La señora Namaitamí fue a trabajar en la recolección de la cosecha de cacao en la finca de Sibö, pero no había nada sembrado. Sibö la había engañado. A su regreso, se retrasó por apreciar los detalles y la escultura mágica de la casa de Sibö.

Sibö llamó al señor Dukur Bulú y le dijo:
—Es el momento de que usted nos muestre la forma o el camino directo para llegar al cuarto de la doncella Namabasiá o Sulara.

El señor Dukur Bulú se rehusó expresando que era sumamente peligroso ir al cuarto de la doncella Namabasiá. Sibö insistió varias veces, hasta que Dukur Bulú al fin decidió ir. Voló rápidamente al palacio de los Namaitamí. Enseguida, entró al cuarto donde estaba durmiendo la doncella Namabasiá y sin esperar mucho, empezó a chuparle la sangre.

Sibö ya tenía listo al señor Tlá Yekela, rey del rayo y especialista en el tiro al blanco, quien preparó una enorme bala de piedra, tomó su larga cerbatana y disparó con fuerza. Al instante, destrozó la casa de los Namaitamí y el sonido de la cerbatana se escuchó como un enorme retumbo, que estremeció la casa de Sibö.
La madre de Namabasiá-Sulara corrió de prisa a su casa, pero Sibö había colocado varios animales para detener a la señora Namaitamí. Entre ellos estaba una venadita que se detuvo frente a la entrada de la mansión de los Namaitamí y se puso a llorar exactamente como la niña Namabasiá o Sulara. La señora Namaitamí se quedó observándola y enfadada le gritó:

—¡Me estás distrayendo!

La tomó por el cuello y por las patas de un solo tirón y la dejó medio muerta. Desde entonces, las venaditas tienen las patas y el cuello largos.

La señora Namaitamí continuó corriendo de un lado a otro, por entre los escombros de su casa. En la desesperación encontró a su mamá tigra, medio muerta... había perdido el habla a causa de los sonidos de la destrucción del palacio.

Se sentó a llorar desconsoladamente. De sus ojos brotaban chorritos de lágrimas, de las gotas saltaron varios animalitos: el águila, unas maravillosas mariposas estampados con múltiples colores, búhos con hermosos cachitos y ojos grandotes y azulados como el color del cielo del mediodía; y unos gavilanes con ojos vivaces, que salían volando velozmente y miraban por todos lados. La mayoría eran especies depredadoras.

Cuando dejó de llorar, decidió salir al patio de su casa destruida. Encontró una enorme fiesta, en la que todos danzaban el Bulúsikö o el Sorbón. Uno de los seres llevaba una criatura idéntica a su doncella Namabasiá. Corrió a abrazarla y quedó atrapada en una enorme muñeca de balsa… era el simulacro que Sibö y su gente habían preparado para distraerla.

El señor Sulá, padre de la doncella Namabasiá se encargó de llevar a su hija al lugar de Sibö, porque los ayudantes de Sibö, debido al peso de la doncella, no habían podido cargarla.

Una vez en la casa de Sibö, la linda doncella Namabasiá fue transformada mediante una ceremonia especial, en una sustancia llamada Jariria, la tierra fértil donde estamos, que fue distribuida por toda la faz de la roca madre; apta para el sostén y crecimiento de todos los seres vivos, con la que jugamos cuando somos niños, y donde los agricultores siembran nuestros alimentos… la que cubre las montañas que alimentan a miles de especies de seres vivos.

De esta forma, Sibö terminó la construcción de la tierra y la dedicó a sus semillas, los hombres de maíz, para que las cuidemos entre todos, y las utilicemos con respeto y sabiduría.


Glosario para los más curiosos
Sibö: Dios, creador de la sabiduría, valores y costumbres de los indígenas.

Makeur Siau: Abuela

Namaitamí: Mamá de la doncella Sulara

Namabasiá/Namau Siau/Sulara: La Doncella

Tkabí: Espíritu guardián que vela a todos los elementos existentes en la naturaleza, y el uso racional que se le da a cada uno de ellos.

Tlá Yakela: Es el señor Rayo.