8/8/07

LA CREACION DE LA TIERRA DE LOS BRIBRIS

Carlos Borge Carvajal
Antropólogo
(1) Por publicar, es una historia reconstruída por el autor a partir de varios relatos de Rosendo Jackson, Ricardo Reyes, Francisco García y Francisco Figueroa, todos de Talamanca y fallecidos.
Allá arriba, en la inmensa bóveda celeste, vive Sibö, el Gran Dios, el Creador. En un principio, la tierra era de pura roca y estaba oscura, muy oscura, entonces vino Sibö con todos sus sabios, aquí abajo a visitar a Surá la danta, su hermana. Él quería poblar la tierra con personas, con animales y plantas y por eso quería traer la Semilla de los Bribrís y Cabécares. Mientras tanto, meditaba en cómo crear la tierra.

Surá vive en el lugar debajo de donde nace el sol en el este, es como un canal, aquí se juntan todas las aguas de la tierra en un solo río; de aquí vienen todas las cosas buenas y malas, hay una enorme casa que es el mundo de Surá. Surá es como otro Dios pero en realidad no lo es. Es fabricante o septi, sabe hacer las cosas como quien sabe trabajar bien el barro, la piedra, el oro o la madera. Es hombre y es mujer porque para ser buen fabricante tiene que ser ambas cosas.

Sibö ya tenía su fabricante que era su propia hermana, ahora necesitaba la tierra; y observó al Rey Murciélago o Dkúr: donde depositaba sus excrementos allí crecían plantas como la balsa y el zacate, -parecía tierra-; entonces le preguntó repetidamente ¿qué come usted, dónde come? Dígamelo, yo no se lo diré a nadie. El murciélago siempre respondía: no se lo diré, que va. Por fin, después de mucha insistencia de Sibö, el murciélago decidió revelar su secreto: le estoy chupando la sangre a una niña que vive debajo de la tierra. Sibö le preguntó: ¿y cómo hace usted para llegar hasta allá si esa niña vive muy encerrada detrás de Nopatkwo? El murciélago le contestó: me meto de cuatro patas hasta el lugar donde está y le corto un dedo y le chupo la sangre, no me la como, sólo le chupo la sangre.

Sibö le dijo: necesito a la niña, debes traérmela, le insistió al Rey Murciélago. La niña Iriria vivía con su mamá y su abuelita; ella era pesada, muy gorda. El murciélago continúo visitando la niña y de sus cuitas siguió naciendo vegetación como el tuete, el guarumo, el laurel y otras hierbas. A la cuarta vez que le mordió el dedo, la niña empezó a llorar. La mamá gritó ¿quién ha venido a comerse la chiquita? Entonces empezaron a golpear al murciélago y el Rey de la Pita lo esperó en la puerta y con su fibra lo trozó por la mitad, por las ingles, fue porque la cuerda estaba en la puerta. El pedazo de murciélago que cayó para abajo corrió y le dijo a Sibö: Usted me mandó a comer esa niña, pero por su culpa me mataron, ¿ahora qué hago yo?. Sibö le contestó: Te voy a curar, pero no puedes colocarte con la cabeza para arriba, tienes que guindarte con la cabeza para abajo para que no te mueras, así no se te saldrán las tripas. Allí Sibö lo apretó, lo aplastó y lo dejó colgando, por eso los murciélagos duermen con la cabeza para abajo.

La chiquita seguía en Nopatkwo; él pensó que debía mandar a buscar la niña. Para eso buscó cuatro peones; el Rey Cuerpoespín se los dio. Ellos fueron a buscar la niña pero la piedra que protegía la entrada, no se rompió y regresaron sin ella. Sibö les preguntó: ¿qué pasó? ¿por qué no la trajeron? Ellos habían probado a romper la piedra y no pudieron, ¿qué iban a hacer? Entonces Sibö pensó que buscaría a otros. Fue donde Tkêrma, el trueno y le pidió sus ayudantes para que fueran a buscar a Iriria y la trajeron con El; y les dijo: cuando lleguen, tanteen la chiquita a ver si pesa mucho, si ustedes no pueden alzarla, puede que la traiga la abuela. Sibö quería el cordón que estaba amarrando la chiquita a la abuela, para usarlo de bastón en la chichada de la creación de la tierra.

Pero antes Sibö, tenía que llevarse a la mamá de la niña, debía engañarla; entonces la visitó para invitarla a la celebración del nacimiento de la tierra y pedirle que fuera a preparar el chocolate de la gran fiesta. La abuelita o Wikera le había avisado cuatro veces que Sibö la vendría a buscar pero ella no le creía y le contestó: yo no veo como Él puede venir, ÉL no puede saber dónde estoy...ni que fuera. Pero la abuelita si le avisó a la hija cuatro veces que Él vendría a llevársela. –Mentira, puro cuento no le creo nada, decía la hija. Wikera insistía, sabía que Sibö vendría. Uno de esos días la abuelita madrugó y dijo: hoy viene Sibö. Clareando en la mañanita Él viene.-

Y Sibö llegó al amanecer, cuando la neblina se empieza a levantar. Nama Tmi, la madre de Iriria, no quería ir porque no tenía ropa. Él hablaba tratando de convencerla. Ella dijo: sí voy, pero me tiene que dar ropa, collares, pulseras, aretes, tengo que ir bien vestida y elegante entonces sí voy. Para entonces, la Wikera llamada Nama Sia, sabía que la tierra iba a ser creada, así sería, estaba predicho desde tiempos antiguos. Cuando Sibö accedió a darle lo que quería, ella vino a servir de preparadora de la bebida de chocolate. Y así continúo la creación de la tierra. Estaba predicho, así sería.

Mientras se celebraba la gran fiesta, se oyeron unos truenos y Nama Tmi dijo: ese no es otro que Sibö, es la voz de Él. Nama Tmi estaba cerca del fuego preparando el cacao. Sibö contestó: Umm yo no soy, yo aquí estoy, Sibö le dijo a sus familiares: cuando lleguen más cerca, avísenme, yo voy a buscar un tambor y un cantor para el tambor, le hablaba a Iriria y a la Abuela. En la fiesta había mucha gente, gente de todos los valles, todos empezaron a bailar böLkuLu y a cantar sôLbon en un gran círculo cuando llegaron con la chiquita. Antes de llegar había estado en tres partes distintas. La mamá vio llegar a la chiquita, ella brincó hacia delante y la acarició y le preguntó: ¿quién la trajo, cómo vino usted?. Ella la tomó en sus manos, pero como las tenía resbalosas por la manteca del cacao que estaba preparando, la chiquita se le deslizó hacia abajo y cayó sobre la roca, y toda la gente que estaba bailando le pusieron los pies encima y la estriparon. La sangre de Iriria se esparció sobre la superficie de la roca y así se formó la tierra; se llenó e hinchó de fertilidad y felicidad, como embarazada. Estaba preparada la tierra, el lugar y tiempo, para el nacimiento de los Bribrís y Cabécares, juntos, en par.

La madre de Iriria lloraba por ella; alguien trajo hojas de tiquisque para que agarraran las lágrimas; de ellas nacieron cuatro clases de gavilanes: KôL, oLokik y tsikita (gavilanes pequeños) y el sálLtsa (águila real) que traían fruta de cacao entre las garras de las patas y Sibö se las quitó excepto al último, al gavilán negro el SaLpu o rey de las águilas y le dijo: tome esto cacao bueno, es para usted, lléveselo, puede tomárselo. Esa es el águila que come gente porque ese cacao somos nosotros mismos. La madre continúo llorando y de sus lágrimas nacieron cuatro clases de felinos o tigres, ellos también traían fruta de cacao en las manos, uno de ellos era el jaguar duLêKlo, otro fue siaLu, pequeño, de color oscuro, el tercero era pequeño, pintado y se llama jkônú y el último era di’namú, el tigre de agua, a ese le dejó llevarse el cacao bueno para que chupe chocolate; por eso ese come gente; igual que el águila real. Por eso cuando truena siempre el dinamú le chupa la sangre a algún indígena y se lo lleva a una cueva, necesita comer.

La abuela empezaba a llorar y Sibö le dijo: no llores porque si lloras las lágrimas caerán en la tierra y la tierra está impura, tiene ña. Buscaba y buscaba a Iriria. A veces la oía llorar y cuando llegaba al lugar sólo encontraba una pulga y otros insectos que chupaban sangre. Entonces dijeron Nama Sia y Nama Tmi: qué lástima, señor, nos has perdido la chiquita en este mundo, ahora tendremos que comer gente, no nos queda de otra. Pero cuando Nama Sia se vino de allá abajo había dicho: qué lástima que me llevan, pero con el tiempo verán lo que pasará: a la semilla, a la gente es a la que pienso comerme. Ella cargaba un enorme caracol para usarlo como trompeta; entonces mandaron al Rey Murciélago a quitárselo. Se encontraron, y él le dijo a la viejita: préstame tu caracol, para verlo, y ella le dijo que no. Y así a la cuarta vez, a la fuerza le arrebató el caracol. Luego él subió a un árbol y la viejita ya no lo alcanzó.

Y la tierra, había llegado para todos los indígenas. Pero el trabajo era duro y apenas empezaba, había que continuar. Sibö estaba orgulloso de su obra e inauguró la tierra diciendo estas palabras: la tierra ha llegado para todos, para los buenos trabajadores, para los buenos cazadores, para los buenos pescadores, para los buenos artesanos, para los buenos palanqueros, para los viajeros del mar. Él celebró el comienzo de la Semilla Indígena con un baile y una comida funeraria como una vela, porque cuando morimos, sabemos que todos tenemos que volver a la tierra, al paraíso, abajo . Él cantó. Él sabía cantar y alegrar, era el mejor JtsököL. Sibö hizo el velorio con sus ayudantes: los cantores jtsököL, los enterradores Okôm, la preparadora del cacao Nama Tmi y el repartidor de comida BikakLa, el que organiza la chichada.

Sibö hizo varios grupos en pares de semilla de maíz. Él hizo lo mismo con las demás semillas de los seres humanos. Con las semillas trajo Sibö cuatro bancos, dos ollas y cuatro clases de semillas. Durante la celebración de la fiesta, Sibö les dio nombre a los cuatro grupos de Semilla; a los reyes llamados UseköLpa, a los JtsököLpa o cantores, los demás eran semillas Twariwak, BubuLwak, y otros. Algunas de estas semillas se convirtieron en animales y emigraron y así formaron distintas tribus como los borucas que se fueron al otro lado de la cordillera como chanchos de monte y los teribes como monos. A la semilla de nosotros nos dejó esta tierra de Talamanca o Ará como le llamaban los taticas.

Surá, el fabricante y Sibö, hicieron el trabajo juntos. Sibö le explicó a Surá como hacer cada persona. Surá trabaja, raspa, colorea y baña a las personas, pues todos nacemos en agua. Nadie viene sin su agua. Bañarnos en el agua de colores es un trabajo que se llama SuLe (nuestro principio). Antes de que la persona venga al mundo, en ese mismo momento, Surá la baña y sabe lo que esa persona va a ser en el futuro y la persona sabrá cuál es su color. Sus cualidades están en un espíritu pequeñito, como una figurita de barro. De esta manera Sibö, nombró cada clan y le dio su trabajo específico, para que sirve. Les explicó las leyes, los linajes y el clan al que pertenece. Dio maíz, yuca, pejibaye y todo lo de sembrar. Les dio herramientas e implementos de caza y les enseñó como usarlos, nos enseñó la cultura.

Los clanes o ditsewö están divididos en pares, para intercambiar los cónyuges entre uno y otro. Él hizo lo mismo con las demás semillas de los seres humanos. Por eso nosotros creemos que las personas pueden tener distintos colores, porque tienen una sola madre. Ellos lo hicieron así, eso vino ya decidido. Cada clan había aprendido a hacer algo; uno hacía los collares de oro, otro hacía los aretes, otro hacía las águilas y otros hacían lagartos, lagartijas, tigres, todo de oro. Cada clan vino sabiendo lo que tenía que hacer en la tierra.

Después, hizo las montañas, hizo el Pico Blanco o Kámuk, y se poblaron de árboles y de animales; hizo el cielo y la mar. Él ayunó...ayunó cinco días por la región de los Bribrís y los cabécares, por nuestra tierra. Ayunó por las semillas, por la multiplicación de la semilla indígena, porque nadie les hiciera daño, por eso seguimos aquí.

La celebración del nacimiento de la Semilla se prolongó hasta la madrugada, ya amanecía, ya salía el sol. En el instante en que terminó la fiesta el sol salió. Y cuando el sol salió ya estaban las semillas en el suelo. Por eso todas las semillas saben que nacieron en SuLáyöm, allá arriba en la ciudad enterrada. Y todos comenzaron a cantar kôLô, kôLô, este canto quiere decir que llegó la mañana, que nació el sol, que la semilla de los Bribrís y cabécares ha sido sembrada, que habitará en SuLáyöm, SuLáyibi, Bribrikta, NamasöL, Tkbes, Dukutwa y Lari, que son nuestras tierras en dónde está el apú de cada clan.

En SuLayöm en Lari, en el valle entre dos ríos está nuestro origen, nuestro principio, nuestro ombligo. Están las piedras, son inmensas, elevadas, alargadas como personas, como árboles; ningún animal les llega ni los ríos le pueden pasar por encima, está bien protegido. Tienen figuras en forma de caimanes, tortugas, tigres y otros animales. Por eso allí Sibö midió como los blancos miden el terreno, haciendo calles. Él hizo un croquis como un mapa para la semilla. Era preciso que allí viniera, ese era su espacio. Allá abajo, en la llanura, en Tkáki, era de otra semilla, los kádwewak, como nosotros, pero malos.

Sibö, después de todas sus enseñanzas, para probarles que Él era Dios y no ninguno de sus sabios, puso muchas lanzas con la punta para arriba. Todos sus sabios trataron de subir sobre ellas y no pudieron. Entonces Sibö con su gran poder, subió e hizo todo lo que quiso sobre ellas probando así que era Dios. Luego se hundió bajo tierra y desapareció, llevándose a todos sus sabios y todo lo que había traído, incluso sus asientos y su silla o trono especial.

Por eso los indios nacimos en SuLayöm, no nacimos en otra parte, no vinimos de otro lugar como dicen los antropólogos, no hemos sido mezclados con otra raza, Sibö no nos mandó con los castellanos, ellos nacieron después de que el sol salió, por eso son pálidos. Nuestra semilla no ha sido mezclada con blancos. Por eso nosotros no podemos decir que vinimos con los blancos, nosotros aparecimos solamente nosotros. Allí se encuentra el agua donde Sibö nos bautizó, nos lavó, allí fuimos lavados, la semilla es como grano de maíz. Allí aparecimos, por eso allí están las piedras como animales, allí fue el principio de nosotros. Nosotros nos dimos cuenta cuando amaneció y cuando vino Sibö a visitarnos.

Usted quería saber porque peleamos tanto estas tierras, porque no nos han ganado, pues esta es la historia, esta es la razón por la que estamos obligados a defendernos ¡púchica! Que historia más linda... y el viejo Don Rosendo se acomodó en la hamaca y se quedó mirando hacia el Cerro NamasöL, a través de sus lentes negros, se pasó la mano sobre la cabeza diciéndome escríbelo pa que mis nietillos lo lean después, escríbelo todo, por eso te lo cuento, para que no se pierda la historia verdadera, no es ningún mito como dicen ustedes.

Y se quedó casi dormido murmurando una canción birkí...brijó, ñajóoo...tash kokaaa... Empezó a llover y yo también me quedé dormido en la banca de tronco de laurel, ni los cuches me despertaron.