17/8/07

Indígenas de Boruca y Rey Curré buscan rescatar un lenguaje perdido en el tiempo

Las comunidades indígenas Boruca y Rey Curré de Costa Rica, integrada por unos 2.500 habitantes, busca, como parte de una estrategia de conservar su cultura e identidad, rescatar la lengua brunca, perdida por el paso del tiempo y la influencia colonizadora.
Incrustada en las montañas del Pacífico sur costarricense, Boruca y Rey Curré, pertenecientes al pueblo Brunca, es un pequeño territorio de 12.400 hectáreas, cuyos fundadores se vieron obligados a esconderse allí para escapar de la conquista española.

La subsiguiente colonización llegó con el tiempo hasta este recóndito lugar y las formas hispanas se impusieron en detrimento de las costumbres y tradiciones de los Brunca, que perdieron el uso de su lengua, que ahora sólo conservan los ancianos.

Para revertir la situación, se ha incorporado a la escuela del pueblo un grupo de 12 maestros, 10 de ellos indígenas y uno con dominio del brunca, tras superar los trámites burocráticos para cumplir con todos los requisitos del Ministerio de Educación, según explicó Mario Lázaro, director indígena del centro, durante un recorrido por el sitio.

"No ha sido fácil porque hay algunos inconvenientes con el Gobierno. El pueblo apoya la iniciativa y se ha visto que los niños ahora hablan brunca en la calle, lo que es un gran progreso y un fortalecimiento de la cultura", afirmó Lázaro.

Además, los maestros imparten clases de brunca a los adultos para fortalecer la lengua y para que los niños practiquen también en sus casas.Sin embargo, luego de terminar la primaria los borucas que asisten a la secundaria deben ir a colegios públicos comunes donde la educación indígena es nula.

"Estamos viendo posibilidades de que en la secundaria se dé un proceso de seguimiento. Ahí el Gobierno tendría que meterle más ganas y dinero al programa de educación indígena", declaró el educador.

Otra iniciativa para fortalecer la identidad de la comunidad es el cambio del nombre de la escuela por uno de un héroe indígena, ya que en la actualidad se llama Doris Z. Stone, una arqueóloga estadounidense que llegó a Boruca en la década de 1940 y donó materiales para la escuela.Los borucas no quieren que la escuela lleve el nombre de quien consideran expolió el patrimonio arqueológico de la comunidad y aparentemente sustrajo decenas de piezas de oro, jade y alfarería que encontró en sitios funerarios.

En la escuela, fundada en 1887, estudian 220 niños, quienes también cuentan con un profesor de artesanía autóctona para preservar la tradición y que se convierta en un medio de sustento económico.