7/8/07

J.J. BENITEZ, VON DANIKEN Y LAS ESFERAS DE PIEDRA

Por Alberto Sibaja Alvarez en Sibowak.com

J. J. Benítez y las Esferas del Cielo
En su libro “Mis Enigmas” Benítez dedica un capitulo a los monolitos esféricos del Diquís titulado “Las Esferas del Cielo”
Como buen conocedor de su oficio -escribe de temas misteriosos desde 1972- el literato español documenta muy bien su trabajo (Lothrop, Stone, Mason etc.) y aprovecha los datos obtenidos y seleccionados según sus propósitos, para menospreciar con magistral prosa, las investigaciones arqueológicas de científicos costarricenses, mismas que por reveladoras no se atreve a mencionar.

Su estrecha perspectiva deja entredicha la capacidad de nuestros aborígenes prehispánicos para realizar semejante obra.
En su artículo afirma:

“El misterio del Diquís tiene maniatada a la ciencia oficial quien ha fracasado en todo intento de explicar las bolas de piedra… Las esferas pétreas no parecen obra de manos humanas sino de fantásticas maquinas”. Concluye.

Si bien es cierto, las investigaciones en el área no han dado respuesta a todas las preguntas, no podemos compartir la idea de un perentorio fracaso en el intento de explicar la naturaleza de tan singulares esculturas.

Es más fácil acogerse a la tesis de una civilización hundida en el océano de las edades, auspiciada por dioses tecnológicos provenientes de galaxias lejanas, que someterse a las arduas labores de la excavación y a la eterna pelea por conseguir los fondos necesarios para sostener las investigaciones.

“Una cosa es leer sobre ellas y contemplarlas en fotografías y otra muy distinta examinarlas y tocarlas” afirma el escritor de Pamplona. Lo cual comparto enteramente.
Pero cuando asegura haber caminado por la espesa jungla que cubre el Delta del Diquís y la región de Palmar Sur, mi credibilidad se desmorona.

A menos que haya echado mano a su maquina del tiempo para explorar la zona antes de 1938, porque no existe desde esa época en el Delta, ni mucho menos en Palmar Sur, ninguna “espesa jungla”

La trasnacional bananera borró del mapa ecológico del mundo, la rica selva tropical que abrigó las tierras del Diquís y su diversa fauna. Quizá nuestro explorador confundió tacotales de bosque secundario, sembradíos de palma africana y algunos bananales con espesa jungla.

Este licenciado en ciencias de la información, asegura haber examinado y tocado (en sus correrías por la jungla) esferas de tres metros de diámetro. Nos habla de grupos de sesenta esferas y otras ficciones.

Sin embargo para él, las explicaciones de la arqueología solo pretenden despachar la cuestión con elucidaciones que pretenden decirlo todo y al final no dicen nada.
El fabulador navarro afirma llevase bien con los arqueólogos ticos, humildes y sensatos. Estos son (según él) los que no saben ni consiguen explicarse el origen ni la finalidad de las esferas, los que se encojen de hombros y ante sus preguntas responden: “Simple y llanamente, las esferas son un misterio”.

No existen ese tipo de arqueólogos en Costa Rica, todos los que conozco son profesionales serios y respetados, si bien son pocos los consagrados al estudio de esferas, ninguno se encogerá de hombros y dirá simple y llanamente: “El asunto es un misterio”.

Contrario a las declaraciones de Benítez les puedo asegurar que para los científicos del Museo Nacional de Costa Rica, la raíz de estos misterios se halla en el hecho de no haber buscado intensivamente. Los presupuestos gubernamentales para rescate y exploración arqueológica de alto nivel, son insuficientes de frente a la gran tarea de continuar aclarando la incógnita de las esferas.

-Tenemos aun muchas preguntas sin contestar -reconocen los científicos costarricenses-. Si se desarrollara un proyecto sostenido de investigación, estamos seguros de encontrar por ejemplo:

A) Las canteras del material utilizado. Aun no se han ubicado con certeza. Ni siquiera hemos descubierto las inmensas cantidades del desperdicio lítico, necesariamente producidos en la elaboración de estos monolitos.

B) Las herramientas asociadas a su fabricación. No tenemos identificada como tal ni una.

C) Esferas inacabadas. No se tiene registro de ninguna. Etc.

Futuras excavaciones verticales y horizontales en la zona, indiscutiblemente nos develaran estos “misterios” y en general se comprenderá mejor la cultura edificadora de esferas y sus motivos.

Toda exploración arqueológica plantea al principio preguntas similares, pero una investigación sostenida las va aclarando.

En La Isla de Pascua, (Rapa-Nui) por ejemplo, las inmensas cabezas de narices y oídos alargados (Moai), de hasta 12 metros, eran un misterio. Conforme se avanzó en los trabajos se fueron descubriendo las canteras, herramientas asociadas, piezas sin terminar, desperdicios líticos, mecanismos de transporte, etc. En general el cómo, cuándo y porqué de los Moai de Pascua. Estas impresionantes piezas no constituyen hoy día ningún enigma para la arqueología mundial.

Erick Von Daniken y los Carros de los Dioses
Este escritor suizo visitó por primera vez Costa Rica a finales de los años 60. Vino específicamente a observar esferas de piedra, cuales menciona en varias de sus polémicas obras. Recordemos que los, bellamente ilustrados, libros de Daniken pretenden demostrar bajo su óptica, la presencia antigua de seres de otros mundos en nuestro planeta.

Daniken ridiculiza a los guías turísticos del país, por la supuesta respuesta que estos dieron a su pregunta: ¿Cómo fueron hechas las esferas?

El suizo afirma en uno de sus libros haber escuchado esto: “Esas bolas fueron vomitadas por los volcanes como lava, cuando esta lava candente caía en los ríos rodaba en sus causes por kilómetros, de tal manera para cuando las pelotas de lava llegaban al delta a través del rió Diquís, ya eran esferas”.
Personalmente creo que esta ingenua explicación se la inventó él mismo para resaltar las ideas de sus teorías.

Si bien es cierto, nuestros guías de turismo no manejan información especializada con respecto a las esferas, cualquiera de ellos sabe que la cordillera de Talamanca (donde nace el río Térraba o Diquís) no es una cordillera volcánica, por tanto no posee volcanes, ni activos ni inactivos. Además estudios geológicos han aclarado que si bien, la naturaleza produce caprichosas formas esféricas en las piedras, estas nunca han sido encontradas en formaciones de basalto ni en ninguna de las variedades del granito, materiales mismos de las esferas del Diquís.

Daniken afirma que los monolitos esféricos de Costa Rica, formaron parte de un culto primitivo a los astros, los grupos de esferas constituyeron calendarios cósmicos, reproducciones de sistemas estelares y ante todo las esferas evidencian una irrefutable huella de la presencia de los dioses en el pasado. Afirma además que la esfera es la forma más idónea para la navegación interestelar.

Al menos este último punto no lo refuta la astro-física. Lo demás según los arqueólogos forma parte del inevitable folklore especulativo que gira siempre en torno a los misterios ancestrales sin resolver.

John W. Hoopes y la seudo ciencia
John es un atareado antropólogo de la Universidad de Kansas. En Costa Rica realizó varias investigaciones profesionales, su trabajo: “Establecimiento, subsistencia y orígenes de una sociedad compleja en el Gran Chiriquí” es muestra de uno de ellos. Con respecto a las esferas de piedra, ha escrito varios artículos de gran interés. En ellos trata de desmitificar tanta idea especulativa que genera el tema.

“Desenmascarando el misterio de las bolas de piedra” es el sugestivo titulo de una de sus publicaciones en Internet. Hoopes recalca en sus comentarios: “…las bolas de piedra de Costa Rica han sido objeto de no pocas contemplaciones seudo científicas, desde la publicación del libro “Regreso a las Estrellas”, de Erich von Däniken en 1971. Más recientemente, el tema de las bolas de piedra han ganado atención como resultado de nuevas publicaciones, tales como “Atlántida en América, los navegantes del mundo antiguo” por Ivar Zapp y George Erikson, 1998. y “El modelo de Atlantis” por Colin Wilson y Rand Flem-Ath, 2001. He escuchado a estos autores por televisión y radio, promocionando sus obras y expresando sus increíbles ideas. Pero lo que realmente hacen es falsificar al público el conocimiento real y el estado de las actuales investigaciones acerca de estos maravillosos objetos arqueológicos. Algunos de estos autores se presentan a menudo como "los descubridores de las esferas" pero, el hecho es que estos objetos son conocidos por los científicos desde 1940, luego que las actividades agrícolas de la Unid Fruit Company las pusiera al descubierto. La investigación arqueológica de las bolas de piedra, comenzó inmediatamente después de su hallazgo. La primera publicación sobre su estudio apareció en 1943. Por tanto no son un nuevo descubrimiento, ni su datación tan antigua como pretenden estos autores. Las excavaciones arqueológicas emprendidas en los sitios con bolas de piedra en los años 50, encontraron cerámica y otros materiales típicos que se asociarán a las culturas Pre-Colombinas de la Costa Rica meridional.

El gran "misterio" que existe actualmente en torno de estos objetos, tiene más que ver con la pérdida de información, debido a la destrucción de las bolas y de sus contextos arqueológicos. Ese “misterio” preocupa hoy mas a los arqueólogos que aquellos que sugieren continentes perdidos, astronautas antiguos, o viajes transoceánicos.”

Además Hoopes sospecha que el propósito y significado de las esferas cambió al avanzar los siglos. Afirma que su fabricación fue altamente ritualística, quizá tan importante como el producto final. Cree que la forma esférica nació de la necesidad de mover objetos pesados “después de todo las esferas ruedan en todas direcciones con resistencia mínima.”

Ivar Zapp y los Navegantes Antiguos
Conocí a Ivar en la década de 1980, en la facultad de arquitectura de la Universidad de Costa Rica, donde ejercía como profesor de diseño.
La dinámica y alegre cátedra de Ivar Zapp, siempre estaba llena. Estudiantes de otras disciplinas nos acercamos a ella en calidad de oyentes. La mayoría interesados en las ideas locas del estonio, con relación a las esferas del Diquís.

Con gran elocuencia nos habló de navegantes antiguos, provenientes de las islas polinesias, desechando la ocupación de la baja Centroamérica por migraciones provenientes del Estrecho de Bering.

La pasión de Ivar por la navegación antigua era por demás contagiosa. Según sus ideas las esferas de piedra del Diquís fueron construidas por una raza de navegantes, con el propósito de ser utilizadas como indicadores de las antiguas rutas marítimas.
Todos quedamos con la boca abierta de sorpresa, cuando Ivar, valiéndose de un arcaico atlas de Mercator, nos demostró didácticamente de que manera los alineamientos de esferas registrados por Lothrop y Stone señalan rutas marítimas.

Luego de explicarnos la orientación de un grupo de esferas, colocó una regla sobre el mapa y trazó con marcador rojo una larga línea recta. La tinta cruzó la Isla del Coco, pasó en medio de las Galápagos y se detuvo en el corazón de la Isla de Pascua.
Repitió el procedimiento usando otro conjunto alineado de esferas y la línea cruzó Jamaica, cuba y las Islas Bermudas. Dos ejemplos más rayaron el mapa con rumbo directo hacia Giza, en Egipto y Stonehenge en Inglaterra.

Para terminar de convencernos de su teoría de los navegantes antiguos, Ivar afirmó que alineaciones monolíticas semejantes a las encontradas en el Delta del Diquís, han sido descubiertas en las islas Polinesias de Arorae.

Pasó el tiempo y no supe mas de Ivar Zapp, hasta que en abril de 1999, en una librería de Nueva York, vi un libro con su nombre titulado “Atlantis in America” escrito en asociación con George Erikson.

Las autoridades arqueológicas costarricenses no respaldan las conjeturas de Ivar. Sin embargo, por su polémica teoría de los navegantes antiguos, “El Centro Biográfico Internacional” con sede en el Reino Unido, ha incluido el nombre del estoniano, Ivar Zapp en su lista de los 2.000 científicos más connotados del siglo XX.