30/12/09

TRADICION Y CREACION MUSICAL EN AMERICA LATINA Y EL CARIBE

Autora: Dra. C Paula Sánchez Ortega
Cuba

Desde el Siglo XV, en el que el almirante genovés Cristóbal Colón descubrió el continente americano, comenzó una interacción entre las tradiciones y la creación musical de dos culturas, la autóctona y la española. Más tarde, interactuaron otras de otros territorios en América latina y el Caribe como parte de ese nuevo mundo.
Los españoles, que venían en calidad de conquistadores, constituían un grupo heterogéneo de diferentes clases sociales y disímiles zonas de España. Esta tenía el feudalismo como formación económico social. Los habitantes del nuevo territorio, que pretendían conquistar, estaban organizados en diferentes comunidades primitivas de aborígenes, comenzando así el enfrentamiento de grupos humanos de diferentes niveles de desarrollo social y cultural.

Los conquistadores traían consigo sus manifestaciones culturales españolas; tradiciones, costumbres, expresiones de cantos y bailes hispánicos, incluyendo aquellos de carácter popular tradicional típicos de ese periodo histórico y, especialmente, el romancero trasmitido de forma oral, de generación en generación. El romance; forma estrófica literario- musical, cuyo contenido incluía la épica peninsular y leyendas, se fue incorporando a las rondas y cantos de algunos países de Latinoamérica y el Caribe.
Por su parte, la población autóctona de la América en sentido general se expresaba en sus diferentes idiomas o dialectos, en las distintas regiones, también de forma colectiva por medio de la música, la danza, el canto, y los movimientos corporales para manifestar sentimientos y estados de ánimos. En sus ritos mágico religiosos, integraban todas estas expresiones, se reflejaban historias tribales, acontecimientos festivos, funerarios y religiosos.
En el devenir histórico, aproximadamente durante cinco siglos se ha ido produciendo un continuo, sistemático y amplio proceso de interacciones culturales: europea, (española, francesa, inglesa, portuguesa e italiana), asiática, norteamericana, caribeña y de otras regiones del continente americano. En la música de los países latinoamericanos y caribeños se van integrando algunas de estas culturas a las autóctonas de cada país, produciéndose procesos de transculturación con características propias en cada nación.
Al considerar las influenzas culturales en relación con la distribución geográfica de América Latina y el Caribe se observa que las Antillas Mayores, conformadas por Cuba y Santo Domingo, tienen influencia fundamentalmente, española y africana. Por su parte, Haití, francesa; Jamaica, inglesa; y Puerto Rico, española e inglesa.
Veintinueve islas aproximadamente constituyen las Antillas Menores, con una fuerte influencia inglesa (países anglófonos) en muchas de ellas y también francesa (países francófonos).Otros países de América Central y de América del Sur bañados por el mar Caribe también han tenido influencia española como México, Guatemala, Honduras, Nicaragua Costa Rica, Panamá, Colombia, Venezuela y de influencia inglesa, Belice.
En sentido general en algunos de los países de Latinoamérica y Caribe, los habitantes autóctonos fueron parcialmente exterminados lo que permitió que elementos de la cultura y la música aborigen interactuaran con las demás, pero en los casos en que los naturales fueron exterminados de forma total, como Cuba, se creó una nueva cultura musical sin elementos aborígenes. En Perú, Bolivia y Ecuador se ha conservado la cultura india, en algunas etnias sin mezclarse o integrarse con otras.
El sometimiento y la cruenta explotación física y moral de la población autóctona, en una buena parte de los países, trajo un paulatino exterminio de la población aborigen de Latinoamérica y el Caribe. Por lo que en distintas regiones se sustituyó la fuerza de trabajo aborigen por africanos, traídos en condiciones de esclavos. Al igual que los españoles, los africanos constituían un grupo heterogéneo, pues procedían de diferentes etnias y zonas geográficas, con diversas organizaciones económicas, políticas y sociales. Esta población trasladó consigo sus formas de comportamiento cultural: tanto rituales, religiosas y laicas.
Esta heterogeneidad de tradiciones culturales, aborigen, española, africana, inglesa y francesa, entre otras, han conducido a un ininterrumpido intercambio e integración de culturas, conllevando a la creación de nuevas formas artísticas musicales propias de cada región o país, en correspondencia con sus influencias culturales y musicales.
La música cubana es uno de los ejemplos de esta compleja síntesis de interacciones culturales, que con el devenir del tiempo se fue creando una nueva cultura musical, sobre la base de su propio folclore expresado en nuevos géneros, expresión de una identidad cubana y de elevada calidad. Las múltiples migraciones provenientes de diferentes zonas geográficas de Europa, Asia, regiones americanas y otras islas del Caribe, han ido conformando la música cubana.(Eli Rodríquez y Zoila Gómez, Haciendo música cubana, 1989).La influencia hispánica y africana son las culturas fundamentales en la integración que ocurre.
En el siglo XIX se expresa la conciencia nacional cubana en la música, se integra lo tradicional y lo profesional. Surgen el Zapateo y el Punto, con elementos de la cultura hispánica manifiestos en el baile y el canto acompañados de cordófonos pulsados. En este siglo se gesta uno de los complejos genéricos más importantes de la música cubana (con influencia hispánica y africana): la rumba y sus variantes: guaguancó, yambú y columbia.
La tradición africana se mantuvo en cabildos y barracones conservando una música ritual y festiva que se mezcla con la cultura española. El canto alternante entre solo y coro, más el acompañamiento instrumental de membranófonos e idiófonos, son características comunes de las distintas etnias africanas que se insertan en la música cubana.
En la primera mitad del siglo XIX, las formas de comportamiento del salón francés en la corte española y las migraciones francesas a la isla contribuyeron al esplendor de la contradanza que conservó su forma binaria original pero paulatinamente fue acriollándose, en ello influyeron los músicos que la interpretaban, al organizar de una nueva manera el contenido rítmico de la contradanza europea.
En la segunda mitad del Siglo XIX se produce el proceso de transformación de la contradanza al danzón. El músico cubano Miguel Failde crea el primer danzón las Alturas de Simpson, tomando elementos ya existentes en la práctica de la música popular. Este llega a convertirse en el baile nacional.
Manuel Saumell e Ignacio Cervantes son los compositores más representativos del nacionalismo en la música de concierto del siglo XIX, componen pequeñas obras para piano, contradanza y danzas. En este mismo sentido, Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla son dos figuras relevantes de la primera mitad del siglo XX, en la música de concierto. Asumieron el folclore y las tradiciones en la creación de su música con un lenguaje técnico expresivo contemporáneo, dentro de su época.
La música vocal en el siglo XIX, refleja sobremanera la relación entre la tradición y la creación musical. Según la musicóloga Victoria Eli (Haciendo música cubana, 1989: 35) bajo la influencia de europeos y africanos, se observa en sus orígenes, la asimilación del estilo operístico italiano, la romanza francesa y el teatro zarzuelo español en canciones con temas de amor y patrióticas, preferentemente, acompañadas por la guitarra. Surge la imagen del trovador que interpretaba boleros, criollas, guajiras, entre otras.
Otra creación importante en la música popular, en la segunda década del siglo XX, es el complejo genérico del son, el más importante de la música bailable cubana. Sintetiza diferentes elementos culturales y presenta ínter influencias con otros géneros cubanos y caribeños. Forma parte de la salsa, que recorre Latinoamérica en la actualidad Otros géneros cubanos de trascendencia nacional e internacional, que reflejan elementos innovadores en la creación musical bailable son el mambo, el chachachá, el Mozambique, también se observa en la música de concierto de vanguadia, entre otras.
De la música en Ecuador anterior al descubrimiento de Colón se conoce muy poco, se tiene una lejana idea de lo que fue la música pre-incásica, por la existencia de algunas tribus donde no ha llegado la influencia de la civilización moderna, se conservan la música e instrumentos muy rudimentarios, estos últimos también se han encontrado en las tumbas, como es el caso de: ocarinas, silbatos de barro, caracoles, piedras sonoras, flautas, etc. Los indios ecuatorianos conservan hasta hoy costumbres de mucho tiempo atrás, su vestimenta, su idioma, sus tradiciones y su cultura musical, perduran sus danzas, sus melodías y sus instrumentos. El sistema musical está basado en la escala pentafónica. La canción típica incásica que ha llegado hasta nosotros es Yupaichishca, que significa adorable.
Con la colonización española se fue generando una nueva música criolla, y producción de danzas, alejándose poco a poco de la modalidad indígena. Los españoles introdujeron guitarras, bandolín, arpas y construyeron un órgano en Ecuador con finalidad religiosa. Estos forman parte de la cultura musical ecuatoriana. Los indios de la Costa también fueron absorbidos y dominados por otra cultura, que provenía de la esclavitud negra con sus ritmos y melodías. Al igual que otros países de Latinoamérica y el Caribe la música folclórica y sus danzas forman casi siempre una unidad con fiestas de santos de la iglesia católica o en general fiestas de origen religiosos, tales como Carnaval, Corpus, Finados, Navidad, San Juan, San Pedro; también músicas para casamiento, cosechas, etc en las que se va produciendo un sincretismo, incorporando nuevos elementos creativos. Sus ritmos musicales característicos son el yumbo, yaraví indígena y el yaraví criollo, este último más complejo por la influencia europea. En el albazo, una danza criolla, la melodía es triste y melancólica, típica de la época colonial. El sanjuanito, es una danza con figuras coreográficas compuesta por 12 bailarines hombres y 12 disfrazados de mujeres.
La cultura musical guatemalteca forma una unidad, en la diversidad de cuatro pueblos fundamentales. El garífuna procedente de la isla San Vicente de origen africano y arawaca, se radicaron en Guatemala hace más de 200 años. La población ladino, mestizos de indígena y español. Los maya con veintiún grupos étnicos, no se extinguieron y utilizan la lengua Kiché, y los xinca radicados en Santa Rosa. A finales del siglo XX existen nuevas expresiones, géneros e instrumentos musicales, con influencia de estos grupos .Los instrumentos nacionales son la marimba de tecomates, con un solo ejecutante, dúos de pito y tambor, xul ( flauta transversal y marimba). Se utilizan en géneros propios de toques ceremoniales, de procesión, de semana santa y de cofradía. Tienen como característica general, el ritmo asimétrico, pentafonía, compases de amalgama y se produce una música, melancólica. En la garífuna está todo mezclado con ritmos africanos sincopados más las cadencias y giros melódicos caribeños de ascendencia hispánica.
Estas influencias se comienzan a expresar en la música de concierto a finales del siglo XIX y principios del XX, dos figuras principales son representantes de este incipiente nacionalismo: Jesús Castillo y José Castañeda. Actualmente, la música popular que hacen los jóvenes se fusiona con el rock.
Aunque la isla de Martinica fue descubierta por Cristóbal Colón en 1502, no la colonizaron los españoles. En 1635 fue ocupada por los franceses para gobernar las islas del Caribe de la Corona Francesa. Los indígenas de esa región eran los arawakes llegados de la cuenca del Orinoco a las Antillas y los Indios Caribes, guerreros llegados de Guyana. El encuentro violento y apasionado de los exploradores europeos y la población autóctona generó que en 1690 no existiera población aborigen, quedando muy poca. influencia de su cultura. Se fue conformando una población de blancos criollos, mulatos, negros, chinos, judíos e indios culies ( indios importados como fuerza de trabajo), estos grupos no se mezclan entre sí. Las danzas europeas, valses, polkas, etc fueron asumidas por los negros. Sobre estas bases se fueron desarrollando los bailes autóctonos tradicionales, en la ciudad la llamada cuadrilla de lanceros, la biguine, que es el resultado de la polka más la influencia negra y mulata, la mazurca criolla que se le introduce una parte central llamada vals de la noche, o simplemente noche, es la parte más lenta, y el vals criollo. La canción criolla ocupa un lugar importante con un carácter predominantemente satírico.
Bolivia es un país multiétnico y multicultural con una producción musical diversa, en este país se encuentra aún uno de los más ricos folclores nativos de Sudamérica. Es uno de los países de América Latina que mantiene viva grandes estructuras culturales de la época precolombina Existen más de doce mil comunidades indígenas actualmente .La música popular tiene influencia de la herencia de las antiguas culturas que allí habitaron. dada la multiplicidad de etnias no puede identificarse la música boliviana como música andina, no es claramente identificable. El proceso de sincretismo se comportó de forma diferente en las distintas regiones. Las etnias quechuas y aymaras mediante sus formas musicales daban muestra de su identidad particular. A esta diversidad se le añade la cultura española, y surge posteriormente el mestizaje. Existen muy puntualmente elementos de la cultura africana, con el arribo de los primeros esclavos a una zona muy concreta de la Paz en la que vivían los yungas. Surge la tradición cultural afroboliviana, dando origen a la saya afroboliviana cuya derivación es la danza de los caporales, que ridiculiza al capataz negro de los esclavos de los Yungas. Los caporales se han convertido en la danza más atractiva para la juventud de la ciudad, con el añadido de nuevos elementos. La música andina se crea y enriquece en colectivo no es un producto individual sino social. Los cordófonos: charango, jitarrón, anzaldeño son de origen europeo pero recreados por las comunidades andinas. Al principio del siglo XX, se da un proceso de interacción social y surge una producción criolla en festividades religiosas y populares, tales como: la cueca, el bailecito, el khaluyo, el bolero de caballería, el bolero boliviano, etc. A partir de la década del cincuenta en la región oriental surge un nuevo ritmo que identifica la identidad de esa región: el taquirari.
La tradición y creación musical en Latinoamérica y el Caribe, ha sido y es un proceso que se ha desenvuelto durante siglos en la diversidad y en la unidad de culturas, donde la población autóctona y los profesionales de la música han interactuado y enriquecido lo tradicional, alcanzando una música propia, criolla, con elementos comunes y particulares de Latinoamérica y el Caribe, pero conservando su propia idiosincrasia, identidad, y tradiciones musicales de cada país.