5/12/09

RITUALES BRIBRIS

Rituales de nacimiento
Rituales de pubertad
Rituales funerarios
Destino final del alma
Las cuatro almas
Ritos bribris sobre objetos y seres maculados
Sacrificios humanos

Rituales de nacimiento
La preñez es una condición delicada y peligrosa para la mujer y la sociedad, por su papel como puerta entre el sistema cultural y el sistema de la naturaleza. Lo esencial en su forma de pensar es el concepto de /a/ o contaminación que puede transmitir una mujer embarazada.
La mujer tiene /a/ después de dar a luz, y también durante la menstruación. Este concepto de suciedad es compartido con el recién nacido y los cadáveres. El concepto de /a/ tiene sentido de separación, borde, falta de forma y materia desintegrada. Por eso hay que purificar a la madre y al recién nacido para entrar de nuevo en sociedad.
A las mujeres embarazadas y sus maridos se les prohíbe visitar enfermos, tienen que usar utensilios separados y deben seguir una dieta específica. El primer embarazo de una mujer es una condición de /bkLu/. Existe la creencia de que ciertas cosas influyen al niño en el vientre de la madre. Ésta utiliza amuletos como los ojos del alcatraz para que el futuro pescador nazca con la facultad de ver a su presa debajo del agua; dientes de tigre para que salga diestro y fuerte cazador; las crines de caballo lo hacen fuerte para acarrear grandes pesos, y un copo de algodón, colocado dentro del cinturón de la mujer por un blanco, es un modo seguro de que el niño nazca con un cutis más blanco. (Ferrero, 1978, p. 110)

Para asegurar que el niño tenga buena salud y cualidades deseables no sólo depende del consumo de ciertos alimentos, sino también de ritos mágicos. Por eso, cuando la mujer está encinta, se puede tocar la espalda o el vientre con las plumas, la piel o parte de un animal para pasar cualidades deseadas al niño, o se pueden esconder partes de un animal en la casa.
Cuando se aproxima el parto, la mujer se separa de la sociedad, es como devolverla a la naturaleza. El padre se va a los bosques y hace un pequeño rancho al cual se retira la mujer al sentir los primeros dolores; sola y sin asistencia da a luz. Después una anciana se acerca a la madre con mucho cuidado para evitar el bucuru o impureza, se le pone al alcance una caña silvestre rajada en una ruda forma de cuchillo. No se le permite ninguna otra forma. Al mismo tiempo se le provee de un poco de agua tibia en una hoja de plátano para bañar al niño. Entierra el cordón umbilical y las secundinas en el lugar preciso donde nació el niño o debajo de un poste de la casa. Se cree que si escoge otro lugar, el niño se separará de la madre y el hogar. Y se encamina a la fuente más próxima a bañarse. (Ferrero, 1978, p. 111)
Un awá médico interviene entonces, hace que se vuelva a bañar, introduciendo los dedos en una calabaza con agua, que él bebe inmediatamente, como si se tragara la impureza de la mujer. Enciende después el tabaco de su pipa y sopla sobre ella el humo. Enseguida se purifica, lavándose las manos. Ni la mujer ni el hijo deben ser vistos antes de que termine la ceremonia de purificación, después de lo cual se puede regresar al hogar. Generalmente, el sukia viene la primera noche y canta largamente para liberar al niño y a la mujer de /a/. El canto también aleja la enfermedad y los malos espíritus.

Rituales de pubertad
Niñas
En el momento de la primera menstruación, la joven debe aislarse del contacto con los demás y comer alimentos escogidos por el chamán que su madre le preparar; debe tener cosas y objetos especiales para ella, ya que la boca se considera impura, por lo que durante la primera menstruación debe triturar una corteza de árbol que tiene un fuerte olor a anís para lavarse la boca.
También se consideran impuras las cosas que la rodean, incluyendo animales y cultivos. El awá le dará una bebida que la previene de la menstruación por dos meses. Cuando termina el período menstrual, debe bañarse en una fuente casi seca.

Varones
El varón pasa por un ritual de iniciación simple pero simbólico. Cuando el chamán coloca la mano del joven sobre el arma de caza, le da su autorización para usarla.

Rituales funerarios
Los rituales funerarios tienen como finalidad conducir al alma a su lugar de origen. Para que esto se cumpla, los parientes y los descendientes deben cumplir con una serie de acciones rituales, en los cuales destaca el papel del chamán. Es evidente que en estas sociedades de clara tendencia agraria, los rituales están relacionados con conceptos de renovación y fertilidad. Se trata de no romper el ciclo de origen y retorno del grupo familiar, pues si esto sucede, los grupos familiares corren peligro, y por extensión, toda la comunidad.
Los rituales funerarios que aquí se describen eran comunes a regiones tan distantes como Guanacaste o Talamanca, según diferentes investigaciones. Fernández Guardia afirma que en el Golfo de Nicoya hay evidencia de un enterramiento secundario; el hecho de que los cuerpos se encontraran con ataduras indica que había una preparación previa y compleja. Gracias a estos hallazgos, dice, se puede afirmar que en Costa Rica hay una tradición funeraria que se remonta al menos a 1500 años, con la participación indudable de especialistas en procedimientos rituales, tal y como se puede comprobar en las prácticas funerarias talamanqueñas de la actualidad.
En cuanto a las ofrendas, éstas reflejan el grado de organización y diferenciación social alcanzado por las sociedades. En los enterramientos de las culturas precolombinas se ha encontrado cerámica, piedra, jade, oro y probablemente materiales orgánicos como la cestería, alimentos y textiles. El sacrificio de objetos formaba parte de esos ritos funerarios en los enterramientos prehispánicos de Costa Rica, en diferentes regiones y períodos, según se ha observado en sitios fechados entre 300 a.C y 1500 d.C.
La vida y la muerte son cíclicas para los bribris. Los seres son como árboles de cacao. Los muertos son bayas de cacao que vuelven al mundo uterino debajo de la tierra. Cuando muere un individuo, se debe purificar el cadáver, así como las personas que han estado relacionadas con él en ese momento. Solamente el chamán puede tocar el cadáver sin exponerse a las fatales consecuencias de la contaminación mágica.
Este ritual funerario era practicado por bribris, cabécares, térrabas, tjares, chánguenas, dorasques y guaymíes, con ligeras variantes entre uno y otro. Comenzaba con el encendido del fuego sagrado, el cual no puede usarse para ningún otro fin y debe arder durante nueve días, al cabo de los cuales el chamán lo apaga con una porción de chocolate. Se cree que al encenderse el fuego, el alma del difunto que ha vagado por los alrededores se incorpora a la sesión entre los cantos del chamán, quien le ayuda a recorrer el camino tortuoso al más allá. Luego se da la purificación del cadáver. Se pinta o embijagua con purras y otras resinas, del mismo modo que se embijaguan en sus fiestas; esta concepción está ligada con el más allá.
Según la tradición bribri, un muerto reciente no puede ser enterrado porque contaminará a la tierra. El cadáver se envuelve en hojas grandes de bijao, en mastate y en una manta o tela de algodón que cosen muy bien para que no quede nada descubierto y no hieda, y por último en su hamaca. Este bulto se suspende por los pies, cintura y cabeza en una vara que corta el km, y se transporta fuera de la casa hasta el monte, donde se coloca bajo un rancho de palma para resguardarlo del agua, colgado de dos horquetas, a fin de evitar su contacto con el suelo e impedir que las aves de rapiña u otros animales lo despedacen. Los dolientes vuelven a la casa del difunto y ayunan por tres días para que los ratones no se coman la manta. Después de un año se realiza el entierro.
La conducción final del cadáver se ajusta a un ritual bastante formal, especialmente en lo que se refiere al orden de los acompañantes y al cuidado que se pone en evitar que el alma se extravíe en el camino, conduciéndolo por medio de los hilos de algodón, para que /wimblu/ pueda ir a todos los lugares que el fallecido visitó en vida y después regresar a donde están los huesos y quedarse allá con ellos permanentemente, o cerrando los malos pasos en el camino final. Junto al fuego que arde en la casa se coloca comida y otros objetos de uso personal para que el alma del muerto se sirva de ellos mientras vaga alrededor en el viaje al más allá. (Aguilar, 1971)
Tres o cuatro meses después se realiza una ceremonia llamada la extinción del fuego. El ritual consiste en la evaluación de la vida del muerto, en el cual los amigos del difunto se sientan en dos filas, una frente a la otra, con una mesa de por medio, en la que se han colocado astillas de madera de palo de cacique, un gran copo de algodón, algunas semillas de calabaza y a veces una pequeña yuca. Una de las personas principales toma el algodón y, cantando y recitando, cuenta los méritos y las proezas del difunto. Cada evento de su vida es recitado y representado por medio de las semillas o astillas que se van depositando en el algodón. Por último, se enciende otro tipo de algodón en el fuego que se apaga con los objetos enumerados anteriormente. (Aguilar, 1971)
Una tercera ceremonia llamada la fiesta de los huesos o la exhumación del difunto se fundamenta en la creencia de que el alma humana reside en los huesos. Se realiza con el fin de que el alma se vaya donde Sibú, y se le canta a los huesos para que no se los coma la serpiente. La ceremonia de los huesos se celebra cuando se cree que no tienen nada de carne, aproximadamente después de un año de muerto. Primero se traslada el bulto mortuorio desde el sitio en el que se le había colocado en el monte hasta la casa. Este paquete es abierto por el okub (sepulturero) y sus asistentes, quienes limpian los huesos, los cuales se reúnen en un nuevo paquete con nuevas mantas y hojas. (Bozzoli registra el término /km, pl. kpa/ para enterrador, traducido literalmente como uno que toca o maneja //, que quiere decir exceso hemorrágico, y también hacha.) En el caso del enterrador, maneja hachas, pues es quien alista las varas para colocar los cuerpos en la montaña y posteriormente los huesos en el /pu/ (o sepultura comunal de la familia, siempre siguiendo la línea matriarcal). Es aquí donde el alma se une con la osamenta y la tierra, volviendo a ser una misma unidad. Además, el enterrador corta los tablones para forrar y techar los sepulcros. (Nacim., p. 16)
Se inicia la ceremonia con cantos del isogro que invocan el alma del difunto, mientras dos personas encienden el fuego con un copo de algodón o un montón de leña. En este momento, el alma se incorpora a la sesión y suenan con alegría los instrumentos musicales tambores, pitos, chinchines, cantan y bailan por tres días continuados y sus noches, y beben chicha. Los chamanes efectúan cantos para encaminar el alma del difunto en su viaje al otro mundo. Se realiza también la purificación con agua de las reliquias del muerto. Los actos y las cualidades de una persona se condensan en un pequeño paquete, que luego se divide para colocar la mitad en la mano derecha del cadáver, y la otra mitad sobre la tumba. Contiene las raspaduras de un bastón de madera dura y rojiza, que simbolizan todas las cosas de madera hechas o manejadas por la persona; contiene algodón para representar todas las amarras, semillas de ayote por las distintas cosechas, y otras basurillas o semillas. (Bozzoli, p. 20)
Finalmente, el chamán anuncia con un aullido que el difunto ha llegado a salvo a su destino, apagando con chocolate el fuego sagrado. Entonces los isogros muy emplumados cargan el cadáver para conducirlo al respectivo sepulcro de la familia del muerto. Si éste había sido principal o valiente, matan una guacamaya y la entierran con él; cuando tenían esclavos los mataban y los enterraban y encima colocaban los huesos del difunto. (Aguilar, 1971)
En los rituales funerarios no se debe omitir la comida de los enterradores. La comida y la bebida se intercambian ceremonialmente. Los espíritus de los animales que se sacrifican en los ritos funerarios van en espíritu a acompañar al alma. El alimento lo proveen el fallecido (sus animales domésticos y cosechas) y los parientes del clan al que perteneca. Sin embargo, dice Bozzoli, ellos no lo distribuyen, sino que se desprenden totalmente del alimento; ellos actúan como invitados, y son los repartidores especialmente entrenados, los /bikakLa/, quienes se encargan de la ceremonia de distribución. (p. 16)
Uno de los pocos pecados de esta sociedad es la mezquindad; en este rito hay que mostrar generosidad y compartir o distribuir especialmente carne y chocolate, que son símbolos de reciprocidad. Los espíritus de los animales sacrificados para esta ocasión le ayudan al alma a comer las enormes cantidades de alimentos que el difunto se negó a compartir en este mundo que le van a ofrecer culebras inmensas. De esta forma se compensan los pecados de mezquindad o tacañería del fallecido.

Destino final del alma
Algunos consideran que, al morir el cuerpo moría el alma, o que el alma de los muertos iba al mar a quedarse quietos en una piedra. Existe también otra idea de que las almas van a otro mundo de goces, abundancia y deleites, donde no se trabaja. Hay quienes creen que todas las almas van donde Sibú, al dominio subterráneo que consta de cuatro mundos: uno, para las enfermedades, otro para el dueño o los protectores de los animales, el tercero para los indios y el último para los espíritus malignos. Para Bozzoli, las almas son como pequeñísimos niños, inactivas, sin emociones, y están separadas en cuanto al sexo. (p. 20)
Por sus condiciones características, a las aves se les confía la tarea de cargar hasta el otro mundo con las almas de los difuntos. De acuerdo con el concepto de pluralidad de las tres almas, una, equivalente a la naturaleza divina del espíritu, va donde Sur, otra alma queda con los huesos (soma) y la tercera parece ser el alma que atormenta a los vivos, que aparece en los cementerios, hace ruidos y molesta a sus víctimas en sueños (éstas son los espíritus de las enfermedades).
Cuando un indígena fallece, su familia mata chanchos y gallinas, cocina palmito de pejibaye y toma chocolate. Todas estas cosas y animales acompañan el alma porque a través del camino que el alma tiene que caminar existen muchos malos espíritus, diablos, que se quieren comer el alma. Pero los acompañantes del alma pelean con los malos espíritus mientras que el alma de la persona fallecida avanza hasta llegar donde está un perro /chichi kkl/. Esta palabra significa Origen del Perro. Hasta aquí llegan los acompañantes.

Si la persona en vida ha tenido perros, y los ha tratado bien, cuando llega ante el Gran Perro, la nariz del perro gotea agua. Entonces el dueño del perro dobla una hoja y en la hoja recoge el agua que sale de la nariz del Perro y se lo da a beber al alma. Luego le dice: allí va su camino. Este camino es una belleza porque ya no hay malos espíritus ni espinas y de seguro lo conducirá al lugar donde lo esperan sus parientes que fallecieron antes. Al contrario, si la persona en vida fue mezquina con otras personas y trataba mal a los perros, cuando muere y su alma llega donde está el Gran Perro, encuentra su nariz seca, no echa gotas de agua. Su dueño le dice al alma cansada y sedienta: allí va su camino, y el alma se va por el camino. Pero, más adelante, ya no hay camino, sólo espinas de todas clases y abismos; el alma cansada muere, ya no puede llegar a su destino. Por eso debemos vivir como Sibú nos dijo, tanto con los animales como con las personas. (Paula Palmer et al.: 1992, p. 64-65)
Esta idea de la sed del muerto constituye un proceso de purificación del alma por las faltas cometidas en vida. El agua que brota por la nariz del Perro apacigua esa sed y le restituye energías para continuar su camino; esta misión se complementa con la ayuda que le prestan las almas de los animales.
Los conceptos bribris de la gente como semilla, el cuidado de los huesos después de la muerte y el regreso del alma al mundo de SuL son símbolos de origen y de identidad. Las semillas, los huesos y las almas deben ser guardados, cuidados y purificados. La semilla provee identidad y distingue al clan y a la tribu de otros clanes y de los que no son bribris.
Hay una equivalencia entre el nacimiento y la muerte. Las sepulturas, la tierra y la morada de las almas son símbolos uterinos. El tratamiento de un muerto tiene correspondencia con el tratamiento de un recién nacido: los seres regresan al mismo lugar de donde se originaron y al que vuelven y permanecen en forma fetal o de niño, según como vinieron originalmente. (Bozzoli, 1992)

Las cuatro almas
Se han podido determinar cuatro almas específicas, que se clasifican de la siguiente manera:

Alma del cuerpo exterior
Es una especie de escudo protector que transmite sus mensajes a través del sueño. Se considera un ser independiente de la persona, aunque siempre la acompaña, percibe la dimensión donde todo es verdadero y la cubre totalmente. El escudo sano es invisible a las enfermedades, pero si se rasga, se queda a merced de las mismas. Se puede rasgar por la tensión emocional, la frustración, el incumplimiento de normas sociales o por delitos contra la naturaleza.

Alma de los ojos
Según ciertas creencias bribris, en el cuerpo habitan dos almas, la del ojo derecho, llamada /wiköl/, y la del ojo izquierdo o /wimblu/. La primera es la que realiza el viaje al inframundo; y la segunda se queda en el mundo de los vivos rondando y es llamada el alma de los huesos.
El alma del ojo derecho se llama /wiköl/. Puede ver este mundo y el otro mundo. El ojo derecho es el más fuerte, tiene la capacidad de grabarlo todo. No le gusta este mundo, por eso insta a las enfermedades a que ataquen a la gente para irse lo más pronto posible al otro mundo.
Se dice que /wiköl/ recorre el mismo camino que hace el sol durante el día y luego en el mundo inferior durante la noche. Este viaje da inicio con la salida del sol por el este o /uñak/, sigue con él hacia el cenit para continuar al poniente o /kañak/ y luego inicia el descenso hasta el inframundo guiada por la ruta solar del otro mundo, con el objeto de concluir su camino en Sulakoska, también llamada Wikolkoska.
En esta versión, /Divó/, el sol, cumple el papel de guía de las almas, por mandato de Sibú. Con base en esta idea, los indígenas talamanqueños construyen la 'puerta segura' de sus casas al lado oeste, pues el sol jamás regresa por este punto. En cambio la puerta que se ubica al este debe ser protegida, puesto que al salir el sol cada mañana, cabe la posibilidad de que lo acompañen almas que se escaparon del inframundo, o si no, las enfermedades que vienen a llevarse a su reino a una o dos almas más. El guardián de esta puerta recibe el nombre de /Orobsa/.
A lo largo del recorrido de /wiköl/ por el supramundo y el inframundo, se enfrenta a una gran cantidad de pruebas, acorde con sus malas acciones en vida, representadas por serpientes que tratarán de impedir que lleve a buen término su tarea. Si alguien ha cometido un asesinato, será lanzado al fuego del sol invisible, en las profundidades de Ka, y no será recibido en Sur (Sulakoska). Un alma podría morir y no terminar su recorrido, lo cual indica que esta alma no es inmortal. (Cfr. /Divó/)

El alma del ojo izquierdo /wimblu/ no se entera de nada hasta que /wiköl/ ya se ha marchado.

Alma del hígado
Es la receptora de los mensajes del más allá; está ligada con la comprensión global de las cosas y de los deseos.

Alma de los huesos
Se queda en la tierra acompañando a los huesos. Algunos pueblos consideran los huesos como la residencia del alma. Para otros, las almas van al cielo que está en el cenit; tal vez esto se deba a la creencia de que el alma desciende por el mismo lugar del sol.

La discriminación de las almas es importante, pues los bribris creen que se salvan las almas de los que mueren en la guerra y se condenan las de los que mueren de fiebres, picados de culebra o ahogados.

Ritos bribris sobre objetos y seres maculados
El embarazo supone una condición difícil para la sociedad, condición que empeora si la mujer encinta muere. A las mujeres embarazadas se les prohíbe visitar enfermos. El primer embarazo supone la condición de /bkLu/ para el padre y la madre. Esta condición de bucur es propia de los seres u objetos maculados, como los objetos que han sido abandonados, ya que tienen /a/, (palabra que también significa heces). por lo que no deben tocarse para evitar quedar manchado o maculado.
Tienen /bkLu/ las mujeres en su etapa de menstruación, la recién parida, el recién nacido, y los cadáveres. Para perder la condición de /bkLu/, las personas que posean esta condición mujeres que dieron a luz, recién nacidos deben pasar por un ritual de purificación, para que puedan reintegrarse de nuevo al grupo social. De igual manera, deben ser purificados los parientes inmediatos de un muerto, y las almas para que puedan entrar de nuevo a su lugar de origen, un mundo uterino debajo de la tierra. (Bozzoli, p. 15)
También producen // o contaminación las hemorragias fuertes en la menstruación y el parto; causan // en las mujeres la sangre de los cerdos, del ganado, del pájaro /s/ (sargento o cacique) y del /dL/, otra ave de color azul y pecho morado, a la cual podan tocar sólo los cantores. Saltar sobre achiote desparramado en el suelo o sobre huesos de danta, caballos, perros y otros cuadrúpedos también provoca //. La Dra. Bozzoli postula que el simbolismo de // está ligado al de la sangre de los clanes y al del incesto. (Bozzoli, p. 15)

Confinamiento ritual
Guardar dieta, abstenerse del sexo y confinarse en la vivienda o cerca de ella son situaciones que se les impone a los dolientes de un deceso; a la madre al dar a luz, a los cazadores, en la iniciación del púber, de los chamanes, de los sepultureros, cantores fúnebres, etc. Este confinamiento ritual se interpreta como el símbolo supremo del escape y del alivio de las obligaciones para con los demás. Deben confinarse, guardar silencio, no salir de día, no usar sal ni otros alimentos, no mezclar la ceniza con la comida, y evitar algunas veces el fuego, ya que éste es el símbolo de tratos recíprocos. Asimismo, se debe evitar el contacto con el sol en este confinamiento ritual.

Sacrificios humanos
Los sacrificios humanos tenían relación con la guerra. Los talamancas celebraban antiguamente danzas con cabezas, como si fuesen trofeos colgados de los brazos. La cabeza cercenada del enemigo no sólo tiene valor social, sino que es también una práctica de valor mágico.
Todas las lunas sacrificaban algunas personas al demonio, por lo que debe interpretarse como un culto lunar. La otra ocasión para el sacrificio humano formaba parte del ritual funerario. Cuando muere el señor se manda a matar y a sacrificar a los esclavos para entregarlos consigo. Los esclavos eran principalmente las mujeres y los hombres tomados prisioneros en la guerra, u obtenidos por intercambio con otros pueblos. (Aguilar, 1971)