12/1/10

Mitología chorotega

Su mitología es similar a la de sus congéneres náhuatls, y de esto dan testimonio los cronistas de la Colonia, como se desprende de este texto de Gonzalo Fernández de Oviedo:

“Los indios de Nicoya y de Orocí son de la lengua de los Chorotegas, é traen horadados los bezos bajos, é puestos sendos huesos blancos redondos del tamaño de medio real ó más, como lo hacen los indios en la Nueva España. Son flecheros é valientes hombres, é llámanse cristianos desde que Gil González anduvo por allí; pero yo creo que hay pocos de ellos que lo sean. Son idólatras é tienen muchos ídolos de barro é de palo en unas casillas pequeñas é bajas que les hacen dentro del pueblo, allende de sus casas principales de oración, que llaman teyopa en lengua de Chorotegas y en la de Nicaragua archilobo.


Y entre las otras tienen otra manera de areito (baile) é rito, que es de aquesta forma. En tres tiempos del año, en días señalados que ya tienen por fiestas principales, este cacique de Nicoya é sus principales é la mayor parte de toda su gente, así hombres como mujeres, con muchos plumajes é aderezados á su modo é pintados, andan un areito á modo de contrapás en corro, las mujeres asidas de las manos é otras de los brazos, é los hombres en torno de ellas más afuera así asidos, é con intervalo de cuatro ó cinco pasos entre ellos y ellas, porque en aquella calle que dejan en medio, é por de fuera é de dentro, andan otros dando de beber á los danzantes, sin que dejen de andar los pies ni de tragar aquel su vino: é los hombres hacen meneos con los cuerpos é cabezas, y ellas por consiguiente.
Llevan las mujeres cada una aquel día un par de gutaras ( ó zapatos nuevos); é después que cuatro horas ó más han andado aquel contrapás delante de su mezquita ó templo en la plaza principal en torno del montón del sacrificio, toman una mujer ú hombre (el que ya tienen ellos elegido para sacrificar) é súbenlo en el dicho montón é ábrenle por el costado é sácanle el corazón, é la primera sangre de él es sacrificada al sol. É luego descabezan aquel hombre é otros cuatro ó cinco sobre una piedra que está en dicho montón en lo alto de él, é la sangre de los demás ofrecen a sus ídolos é dioses particulares; é úntanlos con ella, é úntanse a sí mismos los bezos é rostros aquellos interceptores ó sacerdotes, ó, mejor diciendo, ministros manigoldos o verdugos infernales; y echan los dichos cuerpos así muertos á rodar de aquel montón abajo, donde son recogidos é después comidos por manjar santo é muy preciado.

En aquel instante que acaban aquel maldito sacrificio, todas las mujeres dan una grita grande é se van huyendo al monte é por los boscajes é sierras, cada una por su parte ó en compañía de otra, contra la voluntad de sus maridos é parientes, de donde las tornan á unas con ruegos, é á otras con promesas é dádivas, é á otras que han menester más duro freno á palos é atándolas por algún día hasta que se les ha pasado la beodez; é la que más lejos toman, aquella es más alabada é tenida en más.

Aquel día ú otro adelante de la fiesta de las tres, cogen muchos manojos de maíz atados, é pónenlos alrededor del montón de los sacrificios, é allí primero los maestros ó sacerdotes de Lucifer, que están en aquellos templos, é luego el cacique, é por orden los principales de grado en grado, hasta que ninguno de los hombres queda, se sacrifican ó sajan con unas navajuelas de pedernal aguda las lenguas é orejas y el miembro ó verga generativa (cada cual según su devoción) é hinchen de sangre aquel maíz, é después repártenlo de manera que alcance á todos por poco que les quepa, é cómenlo como por cosa muy bendita. (Gonzalo Fernández de Oviedo, citado en Luis Ferrero, “Historia de Costa Rica”, p. 40)

“Tienen diversos dioses, é así en el tiempo de su cosecha del maíz, ó del cacao ó del algodón ó fésoles, con día señalado y en diferentes días, les hacen señaladas particulares é diferentes fiestas é sus areitos é cantares al propósito de aquel ídolo é recogimiento del pan ó fruto que han alcanzado.” (El descubrimiento y la conquista. Ricardo Fernández Guardia. Colección Biblioteca Patria No. 1, ECR, 1975, p. 41)

Ferrero afirma que no se ha podido averiguar nada sobre los dioses chorotega-mangue (p. 128); considero, sin embargo, que el esquema religioso atribuido a los nicarao podría ser similar al de los chorotega-mangue, por el parentesco cultural nahua, y por eso lo registro aquí, con las reservas del caso. Si se lee con atención el texto de Fernández de Oviedo antes citado, o las concepciones sobre el destino de las almas de los guerreros, que “iban adonde sale el sol” (Bobadilla, 1959, IV: 369, citado en Ferrero, p. 130), o la antropofagia ritual, “típica de las clases sacerdotales y gobernantes” (p. 133), se verá que las referencias ritualísticas son similares a las de sus congéneres nahuas.

Francisco de Bobadilla (1959, IV:365-384, citado en Ferrero, p. 126), registra los siguientes dioses entre los nicaraos:

Tamagastad: (náhuatl Tlamacastl o Tlamacazqui: “el proveedor o dador de bienes”). Esta es una de las designaciones del dios de la lluvia, Tláloc. El llamarse Tláloc Tlamacazqui quiere decir que es dios que habita en el paraíso terrenal y que daba a los hombres los mantenimientos necesarios para la vida corporal. (Sahagún 1969, I:45).

Cipattonal: es dueña de la noche, o más precisamente del momento que antecede al amanecer cuando aún hay oscuridad. Tiene estrecha vinculación con Teteu Innan, la madre de los dioses mexicanos; es decir, es una manifestación de Teteu. A esta pareja se les atribuía la creación del cielo, de los seres humanos, de la tierra y de todas las cosas. Esta pareja de dioses creadores fue asistida por otros dioses, entre ellos Oxomogo, Chalchigüegüe y Chicociágat. Creían que Oxomogo y Cipattonal intervinieron en los orígenes del hombre y del mundo y a ambos se les atribuía el calendario.

Chalchigüegüe: (náhuatl Chalchihuitlicue: “la del faldellín de jade”), diosa de las aguas terrestres y marítimas, un atributo de la reina madre Teteu. Decían que era hermana de los dioses de la lluvia que llamaban Tlaloques.

Chicociágat: (náhuatl Chicoace Acatl, “Seis Caña”), nombre de Cinteótl, dios de las mieses.

Miqtanteot: (náhuatl Mictlantecuhtli) dios del mundo de los muertos.

Quiateot: dios de la lluvia, el que envía el agua y hace los truenos y relámpagos y lluvias (Fernández de Oviedo 1959, IV:372), cuyo nombre se deriva del náhuatl Quiahuitl, “lluvia” y teotl, “dios”. Se lo ha conectado con uno de los nueve señores de la noche, deidad de la lluvia, servidor y acompañante de Tláloc.

Omeyateite y Omeyatecigoat (Ometecuhtli y Omecihuatl): “el señor y la señora Dos”. La pareja primordial.

Mixcoa: dios del comercio.

Bisteot: (probablemente Apisteotl, “glotón”). Dios del hambre.

Mazat: dios de la cacería de los venados.

Toste: dios de la cacería de los conejos.

Chiquinaut Ecat: náhuatl Chicnahui Ehécatl, “Nueve Viento”, día del nacimiento de Quetzalcóatl.

Thomateot: Bobadilla afirma que probablemente significa Tomacteot, “gran dios”. Creo que se refiere a Tonatiuh, el Sol.

Theobilchi (Teopiltzin): Hijo de Thomateot y que vivió en la tierra.

Tamachas: una especie de ángeles pequeños.

Tamacstli y Tamacaxtoval: A estos los nahuas los conocían como tlaloques, colaboradores del dios de la lluvia, y como Ehecatontin, auxiliadores del dios del viento.

Hasta aquí los dioses nicaraos que Bobadilla registra, probablemente compartidos por los grupos chorotega-mangue, quizás con algunas variantes en los nombres.