25/1/10

Las Máscaras Boruca

Escrito por RON MILLS
Casi toda actividad en la fabricación de máscaras en Costa Rica es en alguna medida una mezcla de influencias autóctonas y europeas. Los festivales de "Los Diablitos" y "Los Negritos" de Boruca y Rey Curré por ejemplo, son claro reflejo de influencias de la pos- Conquista. El carácter y el simbolismo en esta mezcla mestiza son de particular importancia. En sí, la práctica de crear figuras efigies (Boruca, Térraba), efigies chamánicas mágicas (Guaymí) y pintura de rostros (Guaymí), vienen probablemente desde sus raíces más autóctonas. La unión de lo mundano y lo espiritual, el chaman y su aliado animal, lo personal y lo colectivo, es un eslabón conector entre varias tradiciones indígenas de elaboración de máscaras, sin importar que tan diluidas estén por la influencia europea.

La confección indígena de máscaras es, por lo tanto, un medio importante para la preservación de rastros de tradiciones autóctonas y así, de preservación de un grado del espíritu indígena y de la integridad de la sociedad al reinducir un nivel mítico de conciencia. La máscara es una herramienta importante; en el caso de los Boruca quizá la más importante; para entrar en el estado mítico de conciencia colectiva, el cual persistiremos en llamar participación mística siguiendo a Levi- Bruhl.
Este importante concepto se refiere a la entrada voluntaria a un nivel de conciencia mítico en el que distinciones de sujeto-objeto están subordinadas a un grupo de asociaciones simbólicas "mágicas" generadas inconcientemente, y que sustentan y unen al individuo a la colectividad, y a la colectividad al universo. Esto es experimentado como un anhelo colectivo, un deseo de participar en lo que ha sido llamado poéticamente un sueño colectivo (Abel 1966:57-112), aunque no es un sueño y su significado es fácilmente desechado como tal. Aunque es frágil enfrente a la aculturación, va más allá de la creencia simple, y es un aspecto fundamental en la vida espiritual.
El arte tribal es sumamente conservador. Las costumbres y las formas artísticas se han desarrollado históricamente muy lentamente, en incrementos de pérdida y de modesta improvisación, dentro de los límites de utilidad ritual. Al contrario de la cultura Occidental donde los cambios en estilo son interpretados como significativos en y por sí mismos, y donde cultos de fama crecen alrededor de individuos innovadores, el arte tribal es casi siempre anónimo. Un cambio radical simplemente es no significativo ya que cae fuera de la estructura social-religiosa. Aunque recientemente algunos individuos "artistas" han comenzado a firmar su trabajo, este es un fenómeno nuevo y es aparentemente el resultado de sugerencias del exterior, y al parecer les crea muy poca estima como celebridad en la comunidad misma, excepto hasta el momento a aquellos cuyo trabajo es mucho más fino técnicamente (y es mejor pagado por gente de afuera de la comunidad), ganando así cierto grado de prestigio social.
La fabricación de máscaras de Boruca y Rey Curré ha pasado por una significativa metamorfosis estilística desde 1979, aunque su función esencial y su horripilante carácter estético no ha sido cambiado, no por ninguna falta de creatividad en el sentido de nuestro entendimiento de esta, sino debido a que las necesidades del ritual en sí se mantienen estables. El arte, en este sentido, sigue los requerimientos de una estructura de significado. No es el resultado de algún impulso primitivo que surge de afuera del contexto social e histórico como arte sui generis. Las máscaras de Boruca y Rey Curré han sido hechas de madera de balsa por mucho tiempo, por lo general tallada y pintada, algunas veces decoradas con plumas. El anciano Diablo Mayor, don Lucas Rivera, sin embargo, recuerda que unas máscaras de caballo, negras y de cuero, fueron usadas en Boruca. Las máscaras muestran personajes zoomorfos y de transformación, jaguares, humanos-jaguares, humanos-chanchos, humanos-murciélagos, diablos y humanos-mulas, siempre con el acento en los cachos, los dientes, en los ojos salidos y las lenguas.La imaginería mitad animal fuertemente sugiere restos de nahualismo autóctono, auto-transformación shamánica en los espíritus de animales sagrados, lo cual es una característica uniforme en la práctica y en la imaginería chamánica de Centroamérica. La idea de espíritus secundarios, tales como El Otro Yo (Alter Ego), es sugerida aún más por la presencia de rostros miniatura entre las cejas de algunas máscaras, donde otras tradiciones colocan el tercer ojo místico. Las máscaras son talladas en madera de balsa en alto relieve y en un tamaño poco más grande que el tamaño natural, y están diseñadas para ser usadas confortablemente. A veces algunas de las máscaras tienen un pedazo de piel de animal pegado a manera de barba, tal y como también hemos visto de algunas máscaras de diablo de Oaxaca en México, aunque esto es poco común. Una fotografía de Rodrigo Salazar de 1980 muestra máscaras de diablo de balsa así como muñecas-diablo de madera de Boruca. Que parecen similares en sus cualidades expresivas (horripilantes y siniestras), aunque de algún manera más angulares y no tan finamente hechas como las de hoy día. El diseño de la máscara grande de cedro para el toro permanece en gran medida igual, pero cuernos de verdad han reemplazado a los tallados. Una canasta abovedada cubierta con gangoche que es usada hoy en día como el cuerpo del toro, habiendo sustituido éste al mastate pintado más tradicional o a la cubierta de cuero.