25/1/10

Las máscaras boruca actuales

Escrito por RON MILLS
A Don Ismael González, de 78 años, se le deben acreditar un verdadero reflorecimiento en la confección de máscaras borucas. A fines de los años setentas, muchas de las máscaras de Diablos borucas usadas en el juego, eran de las de cartón fabricadas comercialmente para Halloween y se las compraba en la pulpería local; la confección de máscaras tradicionales había caído en serio desuso. González, habiendo aprendido la talla de máscaras con su padre, lamentaba el triste estado en que esta forma de arte se encontraba, por lo que comenzó a tallar y a educar a jóvenes en este arte tradicional. La uniformidad de proporciones y la calidad que en general la ejecución de sus máscaras ha obtenido son extraordinarias desde cualquier punto de vista.

Como se podía predecir, un creciente mercado turístico se interesa por sus máscaras y las de sus estudiantes. Aunque otros producen máscaras para la venta a turistas, ninguno iguala la calidad expresiva y la diversidad de formas encontradas en el taller de González. Aunque los diseños de las máscaras son suyos, los estudiantes añaden detalles que incluyen serpientes retorciéndose entre los dientes, facciones de jaguar mezcladas con las de humanos, máscaras miniatura entre las cejas, colmillos y bocas de esta y otras formas, ojos saltones o inclinados para arriba o para abajo & emdash;todas dentro de un orden de proporciones y convenciones que marcan estas máscaras no solo como de Boruca, sino también como de una escuela de diseño con una estética particular. El marco de proporciones admite una rica variedad. Aunque la mayoría de las máscaras de Boruca exhiben algunas de las estructuras faciales de su propia gente &emdash; boca y mandíbula salientes, narices angulares, cejas recias &emdash; algunas parecen curiosamente reminiscentes de las máscaras típicas Chinas con frentes partidas y bulbosas, mejillas redondeadas, ojos fuertemente sesgados, orejas como de cerdo y narices anchas y planas. Esto parece ser una estilización del chanco de monte. Otras máscaras exhiben fisonomías faciales y patrones de cabello que ellos consideran más españoles en su carácter, y características faciales más angulares, mandíbulas prominentes y barbas. De acuerdo con el pasado Diablo Mayor, don Espíritu Santo Maroto, la leyenda cuenta que las gentes de Boruca eran originalmente chanchos de monte y sus vecinos de Térraba eran monos, asociaciones que se manifiestan hoy en día en Térraba en sus mascaras. Las de González, cuando están pintadas, lo están con pinturas acrílicas para artistas, en fuertes colores primarios y negro. La pintura es aplicada de manera opaca, con pequeña o ninguna intención de modelado. Esta práctica se ha extendido a la comunidad, por lo que ver una máscara sin pintar usada en el festival es muy raro.
El comercio turístico ha estimulado la producción de máscaras de madera de balsa sin mayores tratamientos, o sea, sin plumas, pieles o pintura, aunque tradicionalmente fueron pintadas con tintes naturales y adornadas con una variedad de materiales.
Las máscaras que se usan actualmente en el festival de los diablitos frecuentemente admiten gran improvisación, tal como el uso de calcomanías, plumas, tachuelas elaboradas, papel metálico pegado sobre dientes de madera, y otros. De la misma manera, el saco tradicional de gangoche y la bandana usada sobre el pelo por los diablos, se ha ampliado e incluye ahora disfraces de hojas de plátano y sacos de polietileno originalmente para uso agrícola.