15/1/08

UNA CONSULTA AL PUEBLO BRIBRI

Con el deseo de lograr una arqueología integral y alternativa, decidimos acercarnos a los pueblos indígenas del sureste de Costa Rica. Al hacerlo, perseguimos esos dos objetivos integrales del trabajo que puede hacer el arqueólogo y, con la participación de esos pueblos iniciar los trabajos en el territorio indígena de la zona. Buscamos, tal y como lo estableció el capítulo internacional de UNICOI, al cual pertenecemos y dentro del cual hemos ayudado a definir políticas, lo siguiente:
"Respetar y reconocer totalmente los valores, leyes, conocimientos, experiencia y expectativas de los pueblos indígenas, así como de otros grupos étnicos y minoritarios. Para cumplir con este principio se deben realizar y asegurar las consultas apropiadas y la participación igualitaria en la toma de decisiones a los pueblos indígenas y a otros grupos étnicos y minoritarios" (UNICOI Charter 1993).

De igual manera que nosotros, en el Capítulo UNICOI, los organismos internacionales reconocen y promueven este derecho de los pueblos indígenas. En la agenda 21, de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, celebrada en Río de Janeiro en 1992, se establece un capítulo 26 sobre el "Reconocimiento y el fortalecimiento del papel de los pueblos indígenas y sus comunidades", en el artículo 26.6, inciso a) se dice:
"Desarrollar y fortalecer acuerdos nacionales para consultar con los pueblos indígenas y sus comunidades, con la idea de reflejar sus necesidades e incorporar sus valores, conocimiento tradicional y otras prácticas en programas y políticas nacionales en el campo de la administración y conservación de recursos naturales y otros programas de desarrollo que los afecten" (Nuestra traducción).

Para realizar la consulta, a los pueblos indígenas del sureste de Costa Rica, nos pareció imprescindible que las comunidades involucradas supieran qué es la arqueología, qué es un arqueólogo y qué implicaciones tiene la investigación arqueológica. Para ello elaboramos un folleto, con la información requerida. Para elaborarlo, contamos con la colaboración de aquellas personas que consideramos necesarias para llegar a los pueblos indígenas. Solicitamos el apoyo de una persona conocedora de los indígenas,, que fuera bien aceptada por ellos y que no fuera del gremio de la antropología, para que nuestro trabajo se mantuviera en terreno neutral. Conseguimos este apoyo en la figura de la señora Beatriz Shulthess, "indígena argentina" y coordinadora de pueblos indígenas y mujeres del consejo de la Tierra, organismo creado después de la reunión de las Naciones Unidas en Río de Janeiro, Brasil (1992). La señora Shulthess es, además, miembro al igual que yo, del Capítulo UNICOI, Comisión Internacional sobre Arqueología y Medio Ambiente, nombrado en Puerto Rico en 1992 para darle seguimiento a los acuerdos referentes a la administración de los programas internacionales concernientes a los recursos heredados (biológicos y culturales).

Con la revisión de Doña Beatriz se elaboró un documento que presentara, de manera sencilla y comprensible o armónica con los pueblos indígenas, la arqueología.
Con ayuda del Departamento de Lingüística de la Universidad de Costa Rica, concretamente del Dr. Adolfo Constenla Umaña y de José Feliciano Elizondo, se tradujo al Bribri un resumen detallado del documento, con el deseo de lograr la mayor aceptación y comprensión del mismo.

De la zona indígena de Talamanca, nuestro proyecto incluía dos de las tres zonas en que se divide: el Valle de Talamanca al noreste y sureste del río Telire-Sixaola y la zona de Cocles o Keköldi en las cercanías del litoral.

En diferentes giras visitamos las siguientes comunidades: en el Valle de Talamanca: Amubre, Suretka, Cachabre, Shiroles, Bratsi y Keköldi en el litoral. Las visitas consistieron en la entrega del documento y su explicación a diferentes líderes comunitarios, a quienes, a su vez, les pedimos que repartieran el folleto entre su gente.
En consulta con el sociólogo Asdrúbal Alvarado, Investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Costa Rica, diseñamos una estrategia de entrevista que nos permitiera la consulta a las comunidades indígenas que visitamos. Se concluyó que lo mejor sería trabajar con entrevista abierta, la que giraría alrededor de los temas de nuestro interés, a saber:

¿Qué percepción se tiene de la arqueología y del arqueólogo?

¿Qué les parecería la realización de investigación arqueológica en sus territorios: qué intereses tendrían, qué limitaciones pondrían, qué valores deben ser cuidados, de manera que no se transgredan a la hora de practicar la investigación arqueológica?

¿Tiene importancia, para las comunidades indígenas, la práctica de la arqueología?

¿Qué concepción general del pasado se tiene? y, en particular ¿Qué concepción se posee de los restos culturales materiales dejados por la sociedad que los antecedieron?

La consulta de estos temas, de manera abierta se concluiría cuando la entrevista se considerara "saturada", es decir, que las respuestas empezaran a repetir sobre los mismos puntos.

En total se entrevistaron 11 personas, de diferentes posiciones y funciones en las comunidades. Las respuestas a las preguntas fueron muy similares y repetitivas, tanto en su contenido formal como en el actitudinal. Salvo en el caso de uno de los entrevistados que tienen la función de awa o chaman, en cuyo caso la información se enriqueció con el conocimiento de la tradición oral, sus respuestas estuvieron marcadas por ese conocimiento y han sido, para nosotros, de gran importancia.

Al mismo tiempo, entrevistamos o consultamos sobre el mismo tema a diversos profesionales que conocen la región y los pueblos indígenas: dos lingüistas, un sacerdote y un geógrafo cultural, y, por supuesto, a nuestra colaboradora y contacto con las comunidades indígenas.

Estábamos dispuestos a continuar con nuestras giras y entrevistas, esperando que se nos concluyera con un sí o un no explícitos, a nuestro interés de iniciar trabajos arqueológicos con los pueblos indígenas. Sin embargo, se nos informó que las comunidades se sentían presionadas, por nuestra presencia, el tema y la reiteración de nuestras entrevistas. Esto se nos confirmó, cuando la Directora General de Cultura, Lic. Eugenia Chaverri, nos informara que las comunidades indígenas la habían consultado, muy preocupados por nuestra presencia e intereses. Así las cosas, decidimos no continuar "presionando", y trabajar con la información recopilada hasta el momento.

Durante el proceso tuvimos la oportunidad de conocer quienes y a quién deberíamos solicitar el permiso formal para realizar los trabajos con apoyo comunitario, de hecho, en todas las entrevistas se nos dejó claro que cualquier decisión final debería venir de las asociaciones o grupos de desarrollo. En nuestro caso, esto involucraba a dos agrupaciones, para la zona del litoral: Kèköldiwac y en la llamada Talamanca Bribri: la Asociación de Desarrollo de Talamanca. Aunque no tan directamente como estas dos asociaciones, el Consejo Awapa, juega un papel importante en solicitudes como la que nosotros presentamos.

Para formalizar la consulta, elaboramos una carta en la que, formalmente, proponíamos realizar investigaciones arqueológicas con los pueblos indígenas. Para tipificar el trabajo conjunto, señalamos en la nota los siguientes puntos:
a) El trabajo sólo se haría en aquellos lugares donde se contara con autorización de las comunidades.
b) Se contratarían indígenas como asistentes y apoyo en los trabajos.
c) Se promovería un convenio entre las Asociaciones de Desarrollo de las comunidades indígenas y la Universidad de Costa Rica. El convenio tomaría en cuenta los intereses de las comunidades indígenas y los de los arqueólogos de la Universidad de Costa Rica, deberían siempre subsumirse a los de las comunidades indígenas.

De lo anterior, se desprende claramente nuestra disposición de consultar e involucrar a los pueblos indígenas de la Talamanca Bribri, en la investigación arqueológica de su territorio. Anteponiendo a todo, lo que interpretamos como un principio ético fundamental: respetar en todo la posición de los bribris ante su herencia cultural. Dispuestos a aceptar lo que señala Zimmerman (1995: 66).
"Consultar e involucrar a no arqueólogos pone al menos parte del control de la investigación en otras manos que no son las nuestras" (Traducción nuestra).
Tal y como sucede en el caso de los indígenas, esperaríamos que la arqueología para ellos sea un instrumento y, no, un fin en sí misma. Los arqueólogos, en este caso, son primero que todo, consejeros (Watkins et al 1995:35; Zimmerman 1995:66).

Para los que defendemos, ante todo, la función social de la arqueología, esta situación no sería difícil de aceptar, sino parte esencial de la disciplina.

Es importante recordar que el conocimiento de la historia es siempre, tal y como dicen Vargas y Sanoja (1992: 26), "usado en el presente". A pesar de la realidad objetiva de la historia, es decir, el conocimiento objetivo del pasado, ésta será reflexionada desde el presente, formándose así una conciencia histórica y permitiendo una toma de posición "por parte de los actores actuales". Posición que, como es lógico, se hará en "función de la situación contemporánea".

Todo grupo social, tiene mayor o menor posibilidad real de acceder a la propiedad de su herencia histórica, de su legado, de su herencia cultural, su patrimonio y sus bienes culturales. Sin embargo, son los grupos que ejercen el poder los que se "apropian" de la conciencia histórica de su país, lo que generalmente significa la subordinación de los otros grupos sociales, y, por otro lado, el cargamento de conciencias históricas alternativas, pues, cuando los grupos tienen una separación, por su mismo pasado, del resto de la sociedad nacional su conciencia y su necesidad de la historia no se subsume, para los efectos de ellos mismos, en la conciencia histórica oficial. Otros grupos, aunque políticamente dominados y culturalmente diezmados, siguen necesitando para su sobrevivencia de su propia conciencia histórica.

Con una visión de la historia, con una interpretación del pasado desde el presente y para el logro de intereses propios, los diferentes grupos confrontan sus visiones. Un ejemplo de esto lo encontramos en las palabras de Tso (asesor de los Navajos) ante la segunda Conferencia del Nuevo Mundo sobre Arqueología de Rescate:
"... Históricamente, la mayoría de los Navajo pertenecen al grupo llamado tradicionalista, el cual apoya la creencia de que existieron antes de que los primeros grupos europeos de ojos azules llegaron al oeste en sus carretas cubiertas... Como señalé anteriormente, los Navajo pasamos cuando menos 120 años de nuestras vidas reclamando la tierra a los vaqueros, mineros y otros intereses de la sociedad. Hemos trazado una línea que llamamos límite de la Reservación. Porque nos ha tomado 120 años reclamar esta tierra, no tenemos ninguna intención de abrir sus puertas en nombre de la arqueología, ni a fin de que la gran sociedad del mundo tenga una idea más clara de cuándo llegó el hombre ni cómo vivió anteriormente. Nosotros consideramos que las excavaciones arqueológicas quizá ponen en libertad a nuestros enemigos, enemigos que podrían ser espirituales, enemigos que podrían ser físicos en forma de turistas, enemigos llamados reglamentación y gobierno, enemigos que, en nombre de la explotación minera, podrían llegar cuando los límites de la reservación se liberalicen o desaparezcan (Tso 1990: 77,78).

Hemos querido transcribir las palabras de Tso, pues, nos parecen válidas no solo para el pueblo navajo, sino también para todos los pueblos indígenas americanos que se niegan a abrir la puerta a la arqueología, una disciplina que tiene más que decir "a la gran sociedad del mundo" que a la de ellos. Detrás de la historia de esa sociedad, se encuentra una conciencia y unos intereses distintos a los de los indígenas americanos, los que también tienen derecho a entrar, al abrir esa puerta.

Así las cosas, sólo con una arqueología, como la que proponemos, capaz de aceptar un cambio fundamental, capaz de otorgar control, de lo que se hace en arqueología, a otros grupos sociales que se beneficiarían de rescatar su legado histórico, podría lograrse que las puertas de los pueblos indígenas se abran sin resquemores, como ha sido el caso para las investigaciones que realiza la Oficina de Reservación Cultural de los Hopi (Watkins et al 1995: 35). En la que trabajan tanto investigadores Hopi como no Hopi.

Antes de continuar con el análisis de los resultados de nuestras consultas en la Talamanca Bribrí, merece que comentemos el concepto de rescate del que ya hablamos antes. Este concepto para nosotros debe significar, en el caso de la herencia histórica, "aquella acción que permite el conocimiento de la historia real, de los diversos niveles de cotidianidad que caracterizan la vida de la gente común, como opuesta a la sola historia de lo extraordinario y de las individualidades" (Vargas y Sanoja 1992: 33). Es, en resumen, la historia objetiva, la historia de todos los intereses, y, por lo tanto, la historia de todos.
Sin embargo, hasta ahora, esto no ha sido así, la historia ha sido usada para beneficio de unos y para justificar la subordinación de otros.

Como señalamos antes, al igual que en el caso de los Navajo, los indígenas de la Talamanca Bribrí han sentido y comprendido esto; en su discurso lo hemos entendido así. A continuación presentamos los resultados de nuestra consulta en esa región. Nos ha parecido importante no mencionar los nombres, ni las identidades de las personas entrevistadas. Hemos ideado un medio para lograrlo, puesto que se trata de un "discurso", concordante con su realidad, presentaremos el pensamiento de todos en uno solo; es decir, la unión de todas las respuestas, a veces coincidentes y repetitivas, en otros casos complementarias. Trataremos de lograr así un gran discurso, el de un pueblo entero. Escribiremos en tono de respuesta, respetando su discurso y dejando, mientras sea necesario, nuestro modo académico.

Nuestro único y al mismo tiempo múltiple personaje, es un hombre de edad media, silencioso y pensativo, nos recibe a la sombra de su casa tradicional, la que, al juzgar por los materiales, no deja de incorporar la influencia de la sociedad nacional en que se inserta. Es un hombre curtido por la experiencia, como si muchas edades, muchos oficios y responsabilidades se agolparan en su interior. No es ni alto ni bajo, su tez morena y sus manos fuertes nos saludan, al permitirnos, con algo de escepticismo y frustración adelantada, entrevistarnos con él.

Sabemos que habla castellano, pero lo primero que hace, al esperar nosotros la primera respuesta, es decirnos, de manera amable pero segura, que no hablará ni escuchará sino es en su idioma. Idioma que nos separa al obligarnos a dialogar por intermedio de un traductor. Idioma que nos acerca, porque, al exigir el derecho a su comunicación, nos hacemos iguales, pues, ninguno se ve obligado a perder su identidad por el otro. Idioma que, al mirar por la ventana, cercana a nosotros, se confunde con la fuerza evocativa de la casa tradicional talamanqueña, la que podemos observar al tratar de localizar al pájaro responsable de los hermosos trinos que escuchamos afuera. La estructura cónica nos recuerda su carácter cósmico, su carácter de morada divina, donde el hombre es capaz de ascender a los cielos y descender al inframundo, donde el tiempo y el espacio se encuentran, al repetirse las enseñanzas del origen, del principio y del fin de las cosas.

El sonido de las palabras en Bribrí nos recuerda donde estamos, al mismo tiempo que éstas se suceden, nuestro compañero nos traduce:
"¿La historia que ustedes quieren reconstruir, es acaso la nuestra? ¿No persiguen ustedes sus propios intereses? A mi me parece difícil responderles, porque, aunque yo estuviera de acuerdo, tal vez otros o la mayoría del pueblo no lo esté. Aunque tengo mi propia forma de pensar, en nuestra cultura estamos organizados en asociaciones. Para poder responderles tenemos que reunirnos, tenemos que consultar lo que ustedes desean. Una vez que nosotros lo conozcamos, podremos darles un sí o un no. Este sería el inicio para llegar a un acuerdo. Sin embargo, yo le quiero decir la verdad, tenemos que poner mucho cuidado en solicitudes como las que ustedes hacen. Muchas veces, se lo digo con toda sinceridad, los verdaderos intereses se nos ocultan. Ha venido gente, que nos ha pedido permiso para ver unas plantas, pero lo que menos les importa son las plantas. En realidad, vienen a ver qué recursos nos encuentran, qué más nos pueden quitar y yo me pregunto: ¿Es que acaso no nos han quitado, siglo a siglo, lo suficiente?".

Todo lo anterior lo debemos tener muy presente y, por eso, tenemos que ser muy cuidadosos y celosos de nuestras cosas. Incluso nuestra cultura ha sido utilizada por personas foráneas, por eso, cuando nos piden información nos negamos, mantenemos nuestras reservas, hasta que no tengamos claras las intenciones.

Es la primera vez que a nuestra comunidad vienen personas con la mentalidad de ustedes. En nosotros ha surgido la desconfianza, porque hemos sido muy explotados y engañados. Cuando nos damos cuenta, ya todo ha sido decidido en San José, y resulta que nunca han llegado a las comunidades indígenas a solicitar permiso o a comunicarse con la Asociación, o con un grupo de trabajo, cuando vienen ya traen un documento que da órdenes. Por eso es que nos encuentra así, a la defensiva. Ahora nuestra idea es, nuestra política es, que nosotros demos la pauta, que nosotros tomemos las decisiones, y, digamos como nos gusta. Pero, en realidad, a nosotros nos viene todo hecho, y eso no lo podemos aceptar.

Para contestarles a ustedes, tenemos que reunirnos todos, para tomar un acuerdo. No quiero que mi pueblo me acuse de no consultar, de andar diciendo, de venderlos. Por eso es mejor hablar con todos y tomar un acuerdo. Hay diferentes grupos y asociaciones, todas tienen contacto entre sí, primero está la que consideramos nuestro "gobierno local" y después las otras, todas son importantes. Para nosotros, lo que se haga debe beneficiar a la comunidad, no tenemos interés en lo que no beneficie. Entre nosotros hay quienes conocemos de verdad. Antes, cuando ocurrió lo que ya pasó, lo que ya no podremos vivir, era muy distinto; habían caciques, pero, después del último que murió, nunca más hubo otro cacique y todo ha ido cambiando, incluso algunas personas no saben hablar bribri aunque son nativos de aquí. La juventud de hoy día, no conoce lo que los anteriores usaban. Pero los mayores, los que conocemos, lo contamos muchas veces, varias veces para que se entienda como fue. Nosotros los indígenas ¿cómo vamos a dejar nuestra historia, la historia pura de nosotros?. Debemos saber y respetar lo que en al principio dejó el Señor. Si nosotros lo olvidamos, no nos quedará nada, dejaremos perdida nuestra cultura. Nuestra cultura antes era diferente, más dura, más fuerte, se tenían que observar muchos requisitos.

Nadie, hasta el momento, puede decir con certeza cuántos años tenemos los bribrís de vivir aquí. Nosotros tenemos un proyecto para construir una casa, un Centro Cultural Histórico, que venga a renovar el valor de nuestra cultura indígena. Sabemos que tenemos nuestra historia, que nuestro pasado es importante; sin embargo, a pesar de que nuestros padres nos hablaron bastante de nuestros antepasados, nuestros abuelos, desconocemos los detalles de la historia de Talamanca. Cuando uno conoce algo de esa historia se siente orgulloso de su raza cuando se desconoce (lo que le pasa a la mayoría) es doloroso ver que los indígenas no quieren pertenecer a su grupo racial. Les han hecho sentirse vacíos, pues no les han dejado nada, o, muy poco.

Pero, deben ustedes saber que nosotros no consideramos que todo lo que ustedes buscan es parte de nuestra historia, no, todo no. Dios hizo eso o quizás a otros, antes de nacer nosotros, antes de que nacieran los bribris, en ese tiempo no había nada, en ese tiempo Dios lo hizo, y lo dejó ahí, y, después cuando nosotros nacimos, cuando estamos trabajando la tierra encontramos esas cosas, pero, están dentro de la tierra guardadas, reservadas".

Nuestro interlocutor, guardó silencio después de su últimas palabras, como si con ellas él quisiera mantener para siempre esas cosas donde se dejaron, donde se guardaron, donde se reservaron.

Era tiempo de irnos, y, haciendo uso de las pocas palabras que conozco en bribri, me despedí en su idioma; la lluvia y la vegetación talamanqueña nos impactaron al salir. Después de caminar un tiempo y reponernos del susto que nos da una culebra que, a una distancia de un paso nuestro, se escabulle rápidamente en la vegetación recordé que no sabíamos el nombre de quien habíamos aprendido tantas cosas, se lo pregunté a mis compañeros. Uno de ellos, bribri de nacimiento, me lo dijo, su nombre era: Siwa' Káiaiá.

Como es de suponer quisimos saber el significado de esas palabras nuestro amigo nos dijo que Siwa' se entiende como el viento de la historia, todo lo que cuentan los Awa' acerca de la creación o respecto a Sibö, a la creación de la tierra, a la creación de los bribris y cabécares, de los seres que existieron antes, seres malignos, enemigos de los bribris por nacer: los Sorkula.

Káiaiá significa tiempo muy atrás, tiempo remoto, pero tiempo concreto.

Por los caminos del territorio bribri de Talamanca, tuve tiempo de seguir consultando a mis compañeros de viaje, ambos con mucha experiencia en la cultura bribri. De nuestra conversación saqué en claro que un arqueólogo no es una persona que se entienda fácilmente entre los bribris, pues las cosas que pertenecieron a los muertos están cargadas de un poder especial, muy fuerte, que puede tener consecuencias negativas, esas cosas son Bukulu y en el caso más leve Ña. Por otro lado, desenterrar lo que está reservado, las cosas de los Sorkula, seres malignos opuestos a la creación de los bribris, no parece ser un oficio ni agradable ni positivo.

Terminamos el camino en silencio, por mi cabeza pasaron lecturas, experiencias y las enseñanzas de mis maestros. Era obvio que mi concepto de historia no era el mismo que el de los bribris. Al fin y al cabo la historia bribri ya era conocida por ellos, y les daba sustento todos los días, esa historia era Siwa', todo lo demás había ocurrido gracias a ella.

Fragmento tomado de:
LA ARQUEOLOGIA Y LA UTILIZACION DEL SIGNIFICADO DEL TIEMPO: Implicaciones de una consulta al Pueblo Bribri, Costa Rica, América Central
Cuadernos de Ciencias Sociales 05/01/96,
Programa Costa Rica; Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLASCO)
Autor: Oscar M. Fonseca Zamora