15/1/08

ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE TIEMPO E HISTORIA EN EL MUNDO BRIBRI

Podemos partir del hecho de que la historia bribri, es la historia de todos los tiempos, es la historia de la creación de los bribris y de lo que ocurrió antes de eso. Es una historia completa, cuya importancia radica en su presencia continua, pues, al fin y al cabo, es el marco en el que se puede explicar todo. Además, lo que se dio en un tiempo, por su carácter de fenómeno esencial, se sigue repitiendo continuamente, a lo que contribuyen los rituales. Por ejemplo, el baile indígena conocido como El Sorbón repite el momento de la creación del mundo. Es una historia que, como su nombre lo indica: Siwà (el viento), está siempre en todo momento y en todas partes, es capaz de moverse y se ha movido en todas direcciones.

Diferentes seres aparecen antes de la creación de los bribris, las historias sagradas lo ubican a uno a este respecto, permitiéndonos entender esas cosas y esos otros que Dios hizo antes de crear a los bribris y que dejó "en la tierra, guardados, reservados".
En la historia de los Sorbulu, aprendemos:
"Así fue al principio, cuando Sibökömo nació, entonces nació allá abajo y fue el primer ser; cuando apareció en ese mundo, no había gente nada había, nada.
Solamente había Sòrbulus,".
Los Sòrbulus son seres negativos para los humanos:
"... Allá enviaré a la gente de la gripe antes que (aparezcan los humanos); pues sino, estos no aumentarían.
Cuando Sibö nació el gallo cantó: Kotereuuu...
Los Sòrbulus lo sabían... A un Sòrbulu que estaba ahí no le gustó para nada: (Sibö ha nacido; vamos a buscarlo para matarlo..."
A Sibö lo maltrataron por nosotros, ellos querían matarnos a nosotros. Sòrbulu no quería a Sibö, Tcho'dawe no lo quería tampoco, Kòbala no lo quería, Bulúmia no lo quería, Shulàkma no lo quería, Kapágalo no lo quería, a nosotros nos quería,..."
¿Quién nos quiere? Solo Sibö nos quiere...

Por eso antes los mayores se hacían sukias..., aprendían los cantos para curar a la gente.
Se informaban bien, todo estaba bien establecido, por eso Sibö es para nosotros, los indígenas, nuestro rey..." (Cfr. Jara 1993).

En la actualidad, los Bribris no necesariamente aceptan que los restos culturales materiales, los restos arqueológicos, estén relacionados con ellos. Nuestras entrevistas, nos indican que los chamanes consideran esos restos como anteriores a los Bribris y, por lo tanto, dejados por los seres diferentes a ellos, por ejemplo los Sórbulus. Por ser estos de carácter negativo para los humanos, el trabajo con los restos; labor propia de un arqueólogo, no sería adecuado, pues, de alguna manera, se corre el riesgo de "mover" esa "negatividad".

Un caso similar al de los Bribris, lo encontramos en la literatura antropológica. Para los indígenas Navajos de Norte América, el trabajo arqueológico en las minas de los Anasazi, representa un grave peligro, pues, para la mayoría, los Anasazi o Khis'ani (conocidos como indígenas Pueblo), llegaron a ser enemigos de los Navajos. Sus asentamientos antiguos siguen estando ocupados por los fantasmas de esos enemigos. Por lo tanto, los trabajos arqueológicos pueden producir la venganza de aquellos, siendo los Navajos los enemigos de los Anasazi el riesgo es sentido por ellos (Holt, 1983). Al respecto dice Harold Tso (1990:77):
"... Anasazi significa "restos del enemigo". De modo que cuando un arqueólogo llega a la reservación de los Navajos en busca de los restos de los pueblos enemigos, probablemente va a desenterrar dichos enemigos en contra del pueblo Navajo".

Entre los Bribris ocurre, igual que entre los Navajos, que algunos pocos aceptan a los restos arqueológicos, como elementos relacionados con sus ancestros o su pasado, (Holt 1983:595). Pero, aunque la relación de los restos no sea con sus enemigos, perturbarlos se considera negativo. En el caso del os Bribris:
"Las pertenencias del fallecido se tratan con el mayor cuidado, porque los indígenas creen que morirán si tocan o disponen de esa propiedad (Angulo 1913, citado por Bozzoli 1979:110).

Para los Bribris los muertos y sus pertenencias están cargados de una suerte de "suciedad peligrosa", la que es más temida, como nos explica Bozzoli, si es de los propios Bribris, a ésta se le llama Ña (1979:140).

Es necesario que volvamos, ahora, a la concepción de historia que encontramos en los Bribris. La existencia de los Sorbolu y el nacimiento de los Bribris tiene lugar en el marco de lo que Mircea Eliade llama "la regeneración continua del tiempo" (1974:73), un tiempo ahistórico, un tiempo en el que se deja atrás lo cotidiano, sin permitir que este se convierta en historia. Lo cotidiano, es un tiempo biológico lleno de eventos personales, cargados en última instancia de "pecados", los cuales no conviene recolectar a modo de historia. A este tiempo "cotidiano", se opone uno arquetípico, la repetición continua de los arquetipos primordiales, donde el cosmos y el hombre se regeneran incesantemente, destruyéndose el pasado "cotidiano" y eliminándose así los demonios y los pecados; al repetirse ritualmente, el acto cosmológico primordial. Se da paso así a una estructura cíclica del tiempo, un eterno retorno. La realidad no se contamina ni con el tiempo profano, ni con la necesidad de lograr algo nuevo en él.

El tiempo se tolera como una dimensión más de la existencia, pero no se convierte en parte constitutiva del nosotros, no tiene importancia para ser verdaderamente, esto se logra respetando y repitiendo el comportamiento de los seres y eventos primordiales o arquetípicos, los únicos capaces de sobrepasar los epifenómenos, la irrealidad. Se trata de una ontología particular, diferente a la nuestra, que no desea separarse nunca del verdadero ser (esta concepción cíclica del tiempo la hemos tomado de Eliade, 1974; cfr: pp: 73-92).

Hemos presentado una posición ahistórica del tiempo; sin embargo, la ambivalencia que se presenta entre lo que hemos llamado el tiempo ordinario y el tiempo arquetípico merece mayor discusión. Para entenderla mejor y no quedar en una separación extrema y mecánica del fenómeno, conviene ampliar nuestra revisión del tema.

De acuerdo con E. Jacques (1984:64). "El tiempo es una construcción conceptual única, unívoca, y se aplica por igual al universo físico percibido, imaginando al mundo exterior y al interior, subjetivo u objetivo". Si bien el autor acepta sólo una clase de tiempo, nos señala la existencia posible de "muchos subdominios", los que dependen de la experiencia que se tenga (Ibid: 65).

De acuerdo a la experiencia de los seres humanos, puede enfatizarse un subdominio u otro del tiempo. Sobresalen aquí dos ideas, la de cronos y la de kairos, en la primera se enfatiza una concepción cronológica serial, la idea del paso de un estadio a otro. Por otro lado, al segundo término contiene un predominio del sentimiento más humano y cíclico del tiempo. Un tiempo de la oportunidad, de la consumación humana. Se trata, pues, de que en el mismo tiempo se organizan tipos diferentes de sucesos y de experiencias. Experiencia que debe entenderse como: consciente, y que en el juego de cada una de ellas se crea una imagen particular del mundo. Moviéndose, el ser humano, y organizando su experiencia en dos ejes o dimensiones temporales distintas: el de la sucesión, de la reconstrucción histórica de lo anterior y lo posterior, por un lado, y el eje de la intención, de la simultaneidad de pasado- presente-futuro, por el otro". Siendo cronos y kairos formas de referirse a las dos coordenadas temporales en cuestión: el eje temporal de la sucesión (ts) y el eje temporal de la intención (ti) (cfr. E. Jacques 1984). El tiempo, como simple sucesión de episodios o hechos, da paso así al tiempo visto desde otras facetas del ser humano: "la intención e intuición, el deseo, el recuerdo y la percepción que se combinan para crear un campo de pasado-presente- futuro que se desplaza con continuidad". De alguna manera es la estaticidad de la continuidad, donde el fenómeno que se piensa es más importante que la continuidad misma, más importante que la historia pues fue-es y será.

Al carácter bidimensional de una única idea de tiempo, de la que se nutren todos los seres humanos, queremos agregar la intencionalidad del usuario, el uso que se hace del concepto tiempo. Dentro de la bidimensionalidad discutida: cronos o kairos, el ser humano puede escoger o privilegiar una u otra según el interés o la intención en el uso del concepto. Este punto lo discutiremos desde la experiencia de diferentes científicos sociales al analizar la manera en que culturas (sociedades) distintas manejan el tiempo (Bloch 1977; Howel 1981; Appadurai 1981; Peel 1984). Al terminar esta nueva clarificación sobre el tiempo, estaremos en disposición de pronunciarnos sobre el concepto de historia y, por lo tanto, de tiempo, que concluimos de lo que hemos tratado de aprender de los Bribris.

Bloch (1977:282) nos dice que el examen de los conceptos de tiempo en culturas diferentes, termina siempre en dos nociones de tiempo. Uno linear y similar a nuestra concepción de tiempo continuo y duracional, y, por otro lado, una concepción estática o cíclica. El mismo autor argumenta que si existieran nociones diferentes de tiempo entre las distintas culturas, la comunicación entre ellas sería imposible. Las semejanzas en la lógica fundamental que se emplea en la sintaxis de los diferentes lenguajes, implica una noción de temporalidad y secuencia compartida, indicando una manera similar de aprender el tiempo (Ibid: 283). Rechaza, así, los alegatos de Geertz (1973) de que los Balineses tengan un concepto de tiempo diferente; al que califica de una noción de tiempo no-duracional. Después de este rechazo, Bloch afirma que "algunas veces y en algunos contextos lo tienen, algunas veces y en otros contextos no lo tienen". Es decir, en un momento se usa una noción y en otro otra. Así vemos que el tiempo estático o cíclico se usa en y para fines rituales y por lo tanto religiosos. Mientras que la noción (dimensión) duracional se usa para las actividades prácticas, por ejemplo: la agricultura.
Nosotros creemos que esta visualización del problema por parte de Bloch, se enmarca muy bien en la bidimensionalidad del tiempo que nos propone E. Jacques, un único tiempo que permite moverse en sus dos dimensiones. Permite un tiempo medible, linear, duracional, así como un tiempo "estático" o cíclico donde encontramos la presencia del pasado en el presente y su continuidad en el futuro. Los sistemas cognoscitivos del mundo por parte de la mente humana, se mueven en esas dos dimensiones temporales, donde ciertas teofanías parecen detener el tiempo, la llave para ser capaces de percibir su movimiento, está en la capacidad de contar con las claves de esa teofonía, única manera en que de "forma estática-duracional" y por el poder del ciclo, nos movemos desde el pasado al presente y al futuro.

Estamos de acuerdo con Bloch (1977:285) cuando critica a algunos antropólogos por privilegiar sólo unas de las nociones de tiempo, la más exótica. Sin embargo, nos parece necesario señalar con E. Jacques que se trata de una sola noción de tiempo, pero de el privilegio, escogencia o uso de una u otra de sus dimensiones. Lo que, de alguna manera se refuerza en los argumentos de Howe (1981) al refutar a Bloch.
Es la mente humana la que se ubica en una o en otra de las dimensiones temporales. Estamos ante la creación del tiempo en la medida que lo pensamos, enfatizando una u otra de su dimensiones.

La relación que Howe (1981:223) señala entre "tiempo" y "duración", puede, a nuestro juicio explicarse con la "forma bidimensional" del tiempo propuesta por E. Jacques. El concepto "tiempo" implica "duración", aunque ésta no lo agota. Pero, agregaríamos que, en un momento dado, la duración se desea resaltar y, en otro, ésta, de alguna manera, se subordina a la naturaleza de los fenómenos que se valoran y se esperan, fenómenos que sirven de marco e incluso de explicación a los que ocurren en el paso (duración) del tiempo. Howe (1981:231) dice:
"Pero, los Balineses serían los primeros en admitir que, cuando un ciclo termina no regresa al mismo punto temporal; regresa, esto es una cosa muy diferente, al mismo punto lógico".

El tiempo deja de ser un fenómeno pasivo en el que simplemente ocurren las cosas, para adquirir un carácter activo, el uso del "tiempo correcto" puede ser la diferencia entre el éxito y el fracaso.
Hemos señalado ya que es importante tomar en cuenta, para entender los problemas relacionados con el uso del concepto tiempo, la intencionalidad del usuario, el uso y propósitos que tiene, en un momento dado, el manejo del concepto. Encontramos un paralelo en lo que comenta Appadurai (1981:202- 203):
"El argumento está antes que nada, relacionado con lo que Cohen y Comaroff (1976) han llamado recientemente 'la administración de el significado'. Por éste ellos entienden el proceso competitivo por medio del cual los valores se definen, se logran las imágenes de las transacciones, y las interpretaciones de una situación se imponen exitosamente por parte de un grupo sobre otros" (mi traducción).

Appadurai, considera que las culturas tienen un conjunto de normas, con el único propósito de regular el debate del pasado en el presente. Estas permiten una negociación simbólica ordenada, entre los pasados "rivales" y las contingencias del presente. Los términos de la negociación son culturalmente variables (cfr. Appadurai 1981:218). Asume así el pasado el carácter de recurso cultural finito.

Peel (1971) nos discute el fenómeno desde su estudio de los Ijesha un grupo de Nigeria, Africa. En esta sociedad, el tiempo tiene un carácter cíclico, linear y estático (relacionado con Kairos), variables que, como podríamos esperar, están estrechamente interrelacionadas, aunque, eso sí, tienen diferentes funciones. De tal manera que el pasado es de gran importancia en la política, tanto moderna como tradicional. Es necesario mantener un sentido de identidad que mueva a la integración, un sentido de futuro conjunto que parte de un pasado compartido; un sentido de "continuidad a pesar del cambio".

Así las cosas, podemos decir que el tiempo es un fenómeno unívoco, de carácter bidimensional: el cronos o duración y el kairos o relevancia que sobrepasa la dimensión de movimiento lineal, para introducir la importancia de momentos arquetípicos que tienden a estar presentes desde una lógica del movimiento cíclico, permitiendo valorar el ahora por el ayer, siempre que este garantice el mañana de una colectividad con identidad propia. En una sociedad presionada a cambiar por la subordinación a otras sociedades, la "administración del significado" del tiempo, será una manera de defender o garantizar la continuidad del grupo. De alguna forma renunciar a su tiempo es aceptar el cambio absoluto, la disolución de lo propio, el fin de los tiempos.

FRAGMENTO TOMADO DE:
LA ARQUEOLOGIA Y LA UTILIZACION DEL SIGNIFICADO DEL TIEMPO: Implicaciones de una consulta al Pueblo Bribri, Costa Rica, América Central
Cuadernos de Ciencias Sociales 05/01/96,
Programa Costa Rica; Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLASCO)
Autor: Oscar M. Fonseca Zamora

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