8/10/08

LA OPINION ABORIGEN SOBRE LA CONQUISTA

Hubo un tiempo en el que todo era bueno. Un tiempo feliz en el que nuestros dioses velaban por nosotros.
No había enfermedades entonces, no había pecado entonces, no había dolores de huesos. No había fiebres, no había viruela, no había ardor de pecho. No había enflaquecimientos. Sanos vivíamos.
Nuestros cuerpos estaban entonces rectamente erguidos. Pero ese tiempo acabo, desde que ellos llegaron con sus odios pestilentes y su nuevo dios y sus horrorosos perros de caza, sus sanguinarios perros de guerra de ojos extrañamente amarillos. Sus perros asesinos.
Bajaron de sus barcos de hierro: sus cuerpos envueltos por todas partes y sus caras blancas y sus cabellos amarillos y la ambición y el engaño y la traición y nuestro dolor de siglos reflejados en sus ojos inquietos, nada quedo en pie, todo lo quemaron, todo lo arrasaron, lo aplastaron, lo torturaron, lo mataron. Cincuenta y seis millones de los nuestros, cincuenta y seis millones de hermanos indios esperan desde su oscura muerte, desde su espantoso genocidio, que la pequeña luz que aun arde como ejemplo de lo que fueron algunas de las mas grandes culturas del mundo, que se propague y arda en una llama enorme y alumbre por fin nuestra verdadera identidad, y de ser así que se sepa la verdad, la terrible verdad de cómo mataron y esclavizaron a un continente entero para saquear el oro, la plata y la tierra. De cómo nos quitaron hasta las lenguas, el idioma y cambiaron nuestros dioses atemorizándonos con terribles castigos, como si pudiera haber castigo mayor, que el de haberlos confundido con nuestros propios dioses y dejarlos que entraran en nuestras casas y templos y valles y montañas.
Pero no nos han vencido, hoy, al igual que ayer todavía peleamos por nuestra propia identidad."

Antes de la invasión, el continente americano era habitado por seres humanos iguales unos a otros a pesar de las castas sociales. A estas personas que habitaron miles de años estas tierras, sin tener ningún tipo de contacto con el hombre blanco en todo este tiempo (salvo tal vez algunas incursiones vikingas en Norteamérica) se los conoce como aborígenes.
Ahora bien, si previamente a la conquista existieron seres humanos capaces de organizarse en ciudades-estados teocráticos y crear calendarios y alfabetos, no se explica la concepción del aborigen acuñada por los europeos; sino a través de una óptica religiosa intolerante, en conjunto con el verdadero móvil de la invasión, que no fue otro que la ambición, convirtiéndose el primero en justificación del segundo.
Es así como el conquistador, al expandir por América su verdadera y absoluta religión, junto con sus sistemas cuasifeudales y esclavizantes, impulsado por la codicia desmoralizada de la cual está impregnada la invasión de América, produce una transmutación en el aborigen, cuyo resultado es el indio, un ser inferior e infrahumano.
En esta metamorfosis sufrida por el ser autóctono americano, tuvieron gran relevancia las masacres y las enfermedades que diezmaron la población, además de las creencias religiosas que los inducía a una vida pacífica y resignada.
Pero el invasor no se conformó con degradar al aborigen a un plano casi animal , sino que su exacerbado etnocentrismo lo llevó también a envilecer la cultural autóctona por medio del etnocidio y la deculturación.
Hoy, más de 500 años después, el indio es conciente de lo que le ocurre a sí mismo y a sus hermanos en toda América; se da cuenta del lugar que ocupa en la sociedad occidental y del concepto de sí mismo que esta cultura etnocéntrica le impone. Él conoce de discriminación, violencia y miseria más que nadie; sabe del peso de creerse inferior.
Pero es en la actualidad cuando comienza a reencontrarse con sus raíces, comienza a rechazar la universalidad de la historia europea para creer en la propia, callada por varios siglos. Es precisamente en ésta, junto con la cotidianidad de sus costumbres y la repetición de sus ritos ancestrales, en donde reside la base de la nueva identidad india. Ésta, ya no será de pseudoinferioridad, sino que se basará en una escala de valores propia de su cultura, que es la continuación de la aborigen previa a la invasión.
Finalmente, el europeo transforma al aborigen (un ser humano pensante, racional, con un patrón cultural propio) en un ente casi animal, sin capacidad de pensar y gobernado por instintos viles, que no es otro que el indio. Esta concepción, que tilda a los pueblos americanos autóctonos de inferiores, perduró casi cinco siglos en la mente de todos los pueblos, y es en la actualidad cuando el indio se reconoce como igual, ve en su historia una continuidad que no ha sido interrumpida por la invasión y gracias a eso, es que puede rescatar parte de su antigua identidad cultural para conformar la nueva.
Fragmento tomado de Monografias.com
LOS PUEBLOS INDIGENAS Y LA BUSQUEDA DE SU PROPIA IDENTIDAD
TRABAJO REALIZADO POR:
MARCELO GALAZ
AVELLANEDA-SANTA FE-ARGENTINA
galazmarcelo14[arroba]hotmail.com
mgalaz13[arroba]yahoo.com.ar


1 comentario:

Horacio dijo...

EL CAPITÁN SOLANO: EJEMPLO DE LEALTAD EN LOS LIBROS ESCOLARES
Fragmento extraido de un texto destinado a la enseñanza escolar, cuyos objetivos son inculcar a los niños elevados valores de moral, ética y nobleza. La anédota, de altísimo valor didáctico y formativo, demuestra claramente las inusuales virtudes con que se hallaba dotado el capitán Rufino Solano.-

Nelson, Ernesto. Moral y civismo. Libro primero. Para 2º y 3º grados, Pág. 56. Edición 2º, Publicado por A. Kapelusz y cía., Buenos Aires, 1937.-

20. Lealtad con los indios. El capitán Rufino Solano, gracias a la lealtad que había demostrado en su trato con los indios, era depositario de la confianza de éstos.
Cuando el cacique Calfucurá cayó prisionero del Ejército Nacional en Puán, el capitán Solano se encontró con una patrulla de indios que iba al mando del hijo de un cacique. Le confesaron que iban a apresar a los soldados que pudieran, a fin de llevarlos como cautivos y tenerlos como rehenes para conseguir la libertad de Cafulcurá.
Solano logró disuadirlos de su intento, dándoles su palabra de honor de que él obtendría la libertad del cacique prisionero.
De regreso a Buenos Aires, Solano expuso la situación, pidiendo que se le ayudara a cumplir la palabra que le había dado al enemigo.
Felizmente su conducta fue aprobada, fue ascendido y se le confiaron los prisioneros para que él mismo los llevara a los toldos.
Esta anécdota muestra igualmente, que los indios aun siendo salvajes, creían en la lealtad de los demás. Y que el que cree en la lealtad de los otros no puede ser sino leal él mismo cuando llega el caso.
1. No inspira confianza el que no la demuestra.- Mme. Riccobini.
2. Un hombre ya es digno cuando se sabe que se puede fiar en él.- Samuel Smiles.

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