28/11/09

RELATOS BRIBRIS Sobre el Alma y el Más Allá

En el mundo del más allá, esperan castigos por la maldad. Es el regreso a Sulá - el mundo arquetípico de Sibú - un viaje difícil y lleno de peligros.
Las almas son gemelas del hombre, semejantes a cada persona, y están en los ojos. Cuando se muere alguien, un alma va al inframundo. De allí vinieron, y allí regresan; allí tienen un lugar: una enorme casa.
A los que no les han cantado, a los que tuvieron un velorio mal hecho, se quedan en una esquina, esos le dan a Sulá un paquete incompleto. Cuanto más le falte, más lejos de Sulá tiene que sentarse; cuanto mejor sea el paquetito, más cerca de Sulá. Esos que no se llevan un buen paquetito, deben volver a buscar uno, y eso es lo que la gente llama almas en pena.
Sulá es en alguna forma como otro Dios, pero Sulá no es Dios. Sulá es el fabricante de las almas, sabe trabajar con el barro. Sulá es hombre y es mujer, porque para ser un fabricante tiene que poseer en sí mismo ambos sexos.

Antes de que esa persona venga al mundo, Sulá la baña y sabe lo que esa
persona va a ser cuando crezca. Aquí, en este mundo hay gente inteligente, es porque Sibú lo pensó así antes de que esa persona naciera. El fabricante y Sibú, lo hacen juntos. Sulá trabaja, lava, raspa, colorea; Sibú va a hablar con Sulá y le explica cómo hacer cada persona; si ese fulano tiene que ser pobre, ése ya viene fabricado para no tener dinero.
Antes de que una criatura nazca, sus cualidades están en un espíritu pequeñito, como una figurita de barro que bañan con los colores de esa persona. A veces uno ve unos pajaritos bonitos, con bonitas plumas, pues esos colores que tiene son los suyos; son como otro espíritu suyo, y vinieron cuando usted vino. Si usted se parece a una de esas loritas que lo entienden todo, pues allí está su color. Esos pájaros vinieron al mundo, como wikól (reflejo), como espíritus de los pájaros de verdad, son más bonitos allá donde están sus principios.
Allá detrás del sol están los principios de todas las cosas; aquí en la tierra están sus wikóL. Esos son como sus proyecciones, sus reflejos. La cosa real, la cosa fuerte, lo verdadero, eso está allá, eso no está aquí. Tal vez usted es una buena persona aquí, pero su verdadera bondad está allá; tal vez esa otra es mala, pero es peor allá donde está su verdadero ser. Algunos son blancos, otros son morenos, ¿adónde está eso? Eso está allí en las aguas donde nos lavaron. Sulá nos baña la carne en esas aguas de colores que tiene. Si soy oscuro, mi agua es opaca; si usted es blanca, su agua es clara. Así lo han planeado Sibó y Sulá. Aquí están los reflejos, allá detrás del sol están las cosas de verdad.
Las cosas buenas y las cosas malas vienen del Este. Todas las cosas malas se deben mandar al Oeste, allí se encierran. Los señores que los cuidan deben quedarse allí. De ese lado, donde se pone el sol, hay una puerta fuerte, muy firme, porque, si Hambre se escapa del Este, de allí debajo del sol, Hambre llega aquí, y nosotros la empujamos al Oeste, la empujamos hasta que esté detrás de esa puerta buena. Si se cierra bien, las enfermedades no se salen más. Esta otra puerta donde nace el sol es un poquito buena y un poquito mala; a veces se abre y todo se viene para acá.
Ahí debajo de donde nace el sol es como un canal, allí se juntan todas las aguas de la tierra en un solo río.
La mezquindad:
En la tradición bríbri, el único pecado que antes se reconocía era el de la mezquindad. Se puede observar que el rito de la muerte pone énfasis en lo opuesto: en compartir, distribuir, especialmente la carne y el chocolate, que tienen un simbolismo especial en relación con la reciprocidad.
El egoísmo de no compartir lo que se tiene con quien lo necesita, es motivo de castigo sobrenatural en la muerte y de padecimientos durante el trayecto de las almas hacia el "mundo de las esencias". Es impensable no compartir el agua, el fuego, el chile, la sal; no se deben siquiera pedir, se toman.
El mayor prestigio social está dado entonces por la capacidad de compartir parte de sus haberes, y las "chichadas" son la mejor ocasión para hacerlo. La participación en los trabajos de los familiares y amigos, tanto en actividades agrarias como de construcción de la vivienda, permiten que el dueño comparta con los que le rodean.
Mediante la fiesta se intercambia y se libera la mezquindad. Se comparte con sus semejantes los bienes y alimentos, y su alegría.