14/12/08

LEYENDA DEL ATRAPASUEÑOS

Inspirado en un cuento de tradición Lakota

Sucedió cuando nuestro mundo todavía era joven. Los palos de fuego de aquellos bárbaros extranjeros, aun no restallaban sus truenos de odio, codicia y muerte, contra nuestras naciones. Sin embargo yo, Hunkpapa, ya era un viejo líder espiritual de mi nación Lakota.
El sol de marzo, propicio siempre a los chamanes de mi estirpe, me invitó con sus diáfanas luces a remontar la montaña más elevada ante mis ojos y desde allí, exhalar el canto ceremonial que aprendí de mis ancestros. Crucé mis piernas debajo del sauce más viejo que pude divisar y encendí mi larga pipa ceremonial.
Luego de disponer mi espíritu, canté en lengua bendita diciendo:

¡Oh Gran Creador!
vengo a ti de manera humilde
y te ofrezco esta pipa sagrada.
Con lágrimas en mis ojos
y un antiguo canto de mi corazón,
yo rezo.
Rezo a los cuatro poderes de la Creación,
al Abuelo Sol,
a la Abuela Luna,
a la Madre Tierra,
y a mis Ancestros.
Rezo por mis nobles ataduras con la Naturaleza,
por todos los que caminan, se arrastran, vuelan y nadan,
visibles e invisibles,
y a los espíritus buenos que existen
en cada rincón de la espacio.
Rezo por que haya Belleza arriba de mí.
Belleza abajo de mí.
Belleza en mí.
Belleza a todo mi alrededor.
Ante todo rezo por no perder,
el sentido de la belleza.

Entre el humo del tabaco vi a IKTOMI, divinidad sagrada en nuestra cultura. El gran bromista se transfiguró en una inquieta araña, y me hablo en lengua santa. Su canto es difícil de traducir al habla común, pero mientras Iktomi cantaba su sabiduría, en la forma de la araña, tomó un aro del viejo sauce, donde yo soportaba mi cansada espalda. Luego con gran magia se agenció plumas; pelos; cuentas y ofrendas y empezó a tejer una atractiva red de telaraña dentro del aro de sauce.
Inmerso en su labor, Iktomi me cantaba acerca de los círculos de la vida. Entonces me vi como un recién nacido pegado al pecho de mi amorosa madre, luego era un niño correteando por las llanuras de mi aldea, después un apuesto joven exhibiéndome ante las muchachas de la tribu, de pronto era padre de muchos hijos y abuelo de una constelación de nietos, para seguidamente convertirme en un anciano a quien tenían que cuidar como a un bebé recién nacido. El círculo se había cumplido.
Iktomi quien no se detenía en su frenético tejido dijo:

“En cada tiempo de vida hay muchas fuerzas, algunas favorables a tu propia naturaleza otras nocivas y contrarias a tu ser, si te encuentras en las buenas fuerzas ellas te guiaran en la dirección correcta. Pero si te dejas persuadir por las fuerzas malas, ellas te lastimaran y te guiaran en la dirección equivocada”.

“El mundo, mi pequeño Hunkpapa, es grande y complejo. Los ojos y el entendimiento humano están lejos de abarcarlo. En él hay muchas potencias y múltiples direcciones, algunas pueden ayudar, mas hay otras que interfieren con la armonía de la naturaleza y con tu relación personal entre el gran espíritu y sus inesperadas enseñanzas”.

En medio de su canto, la araña continuaba entretejiendo su telaraña. Empezando de afuera y trabajando hacia el centro y luego repasaba desde el centro a la periferia del círculo, para después repetir el proceso en el cual engarzaba sobre la red, cuentas y ofrendas, procurando siempre un centro libre y hueco.

Cuando Iktomi terminó su red, me la entregó diciendo:
“Admira el circulo perfecto de esta telaraña, ella atrapará tus sueños más sublimes y luminosos. Atrapará tus visiones, ideas y nobles proyectos. Observa el agujero que he dejado en su centro, en él caerán los malos sueños y las ideas perversas. Usa la telaraña para ayudarte a ti mismo y a tu gente, úsala para alcanzar tus metas y hacer buen uso de las ideas, de los sueños y visiones, ahora purificadas por la magia del aro atrapa-sueños. Enseña a tu pueblo a elaborar la red. Que la cuelguen arriba en sus casas. Si creen en el gran espíritu, el disco escudriñará sus sueños ideas y visiones, la red de la vida atrapará lo mejor de ellos, lo nocivo huirá lejos por el agujero central y no será más parte de ellos”.

Entonces, enseñé a mi pueblo a elaborar la red de la vida, también les enseñé a respetar y proteger a las arañas. En honor de su origen, el número de puntos donde la red está unida al aro central son ocho por las piernas de Iktomi, la divinidad araña.