13/11/08

MILES DE INDIGENAS SUFREN PENURIAS, DESNUTRICION Y ABANDONO

Imagínese que usted debe caminar durante ocho días seguidos cargando un bebé, en medio de una lluvia incesante, y la única forma de cruzar un caudaloso río es mediante un tronco resbaloso, sin barandas para sostenerse. Quizás le parezca que esta escena corresponde a alguna película, pero, para miles de indígenas que habitan en las espesas montañas de Talamanca, así es su vida.
Se trata de una triste realidad que muchos costarricenses no conocen, y que se desvanece entre la algarabía del fútbol, la política, la farándula, la moda y tantos otros desvelos de nuestra sociedad.
El lunes pasado, Adelinio Jiménez, su esposa, Percifes Murcia, y su pequeña hija, Rosalba, de 2 años, murieron ahogados cuando una cabeza de agua los arrastró mientras intentaban cruzar el río Schiquiali, en Alto Chirripó.

Muchas carencias
Pero la falta de buenos puentes no es la única amenaza que enfrentan nuestros indígenas. Niños desnutridos, enfermedades, alcoholismo, mala alimentación y difícil acceso a los sistemas de salud y educación son algunos de los problemas que aquejan a estos costarricenses.
"Uno encuentra aquí chiquitos tan desnutridos, que se parecen a los de Somalia. La gente no cree que esto esté sucediendo en nuestro país", afirma el doctor Mauricio Ureña, quien trabaja para la Caja Costarricense de Seguro Social como coordinador de la Sub área de Talamanca. Durante ocho años, Ureña ha trabajado de cerca con la población indígena en sitios como Bríbri, Piedra Meza y Alto Telire. En Telire hay casi 20 mil hectáreas, y los indígenas que bajan a vender sus productos para conseguir comida, deben caminar con su carga hasta 14 días. "En todos estos años no he visto que exista un avance significativo para ayudarle a esta gente. Los gobiernos no han asumido la responsabilidad que les corresponde", agrega Ureña.
Según datos proporcionados por la UNICEF, nueve de cada diez habitantes en territorios indígenas son calificados como pobres. La mortalidad infantil presenta una tasa de 18,5 por cada mil bebés nacidos vivos, casi el doble del promedio nacional. Y el porcentaje de analfabetismo es de 26,6 por ciento, muy por encima del que existe en el resto del país (4,8 por ciento).
"Los pobladores en la montaña no están vacunados, toman agua sucia y se llenan de parásitos. Muchas veces, mueren niños y nadie se da cuenta", comenta Ureña por teléfono desde Bríbri. "Mire, esta gente es muy buena y quizás esto suene muy cruel: aquí, cuando un chiquito nace enfermo, sus padres piensan, incluso, en matarlo, porque, con las pésimas condiciones de vida que tienen, eso es una carga casi imposible de soportar".
La mayoría de la población indígena del país es campesina, y sobrevive gracias a sus cultivos y a la cría de animales domésticos. Pero ¿se imagina usted lo que es caminar durante varios días para salir a vender unos pocos racimos de plátano y algún cerdo?
En Talamanca también es común ver a niños con profundas heridas infectadas en su cuerpo, causadas por el piquete del papalomoyo. No en vano, a este mal se le llama "lepra de la montaña".

SOLIDARIOS
"Nosotros hemos encontrado chiquitos sin pedazos de oreja o nariz, con unas heridas tan horribles, que dan ganas de llorar", afirma Ana Yancy Saborío, una ama de casa de Alajuela que fundó la Asociación Pro Indígena de Talamanca. Saborío es una de las muchas personas que se han unido durante los últimos años para ayudar a los indígenas del país.

El miércoles pasado, ella regresó a Alajuela con un niño en sus brazos. El pequeño Gerald es de la remota zona de Piedra Meza, padece de parálisis motora y estaba a punto de morir por una profunda desnutrición. "Ahora está en el hospital de Alajuela y lo tratan como un rey, pero pasarán varios meses hasta de que se recupere y pueda volver con su familia", explica Saborío.
Por su parte, Soley Picado pertenece a un grupo de seis voluntarias que viajan, varias veces al año, hasta la comunidad de Brazo de Oro de Cabagra, al sur del país. Ellas les llevan a los indígenas ropa, botas de hule y alimentos que compran con el dinero de donaciones y de las rifas que hacen cada mes.
"Hay pobreza y explotación. Muchos indígenas trabajan todo el día y reciben como pago un litro de leche", dice Picado.
Sus palabras son el testimonio de una Costa Rica que muchos desconocen o no quieren ver.