6/5/11

Celebración Día del Indígena 29 de abril de 2011

Centro Universitario Talamanca
Con la participación de vecinos de la comunidad de Amubri, Talamanca, el aval del señor Justo Avelino Torres Layan, autoridad espiritual quien funge como okom y Bikakla dentro de la jerarquía social bribri, así como el esfuerzo del equipo de trabajo del Centro Universitario Talamanca, se desarrolló como se tenía previsto la Celebración del Día del Indígena.

En esta ocasión, como actividad de fondo la “Hala de Piedra”, la cual es una sesión de trabajo colectivo en donde, una familia identifica una piedra con características particulares que le permitan fungir como máquina para triturar granos (maíz, cacao, café, etc) utilizados cotidianamente por dicha familia para la elaboración de diferentes platillo o bebidas.

Una vez identificada la piedra que servirá como herramienta para uso de la familia o comunidad, se procede a celebrar una ceremonia espiritual única, paralelamente, con el apoyo de personas entendidas en dichos saberes, se adentran a la montaña en busca de materiales rigurosamente seleccionados, atendiendo especie de árbol, de liana “bejuco”; además se contempla la fase lunar para favorecer la resistencia de los materiales al momento de realizar el traslado de la piedra.

En esta ocasión la familia “propietaria” de la piedra, seleccionó un ejemplar ubicado en la rivera del Río Urén, camino hacia Katsi, a alrededor de tres kilómetros de distancia del hogar donde finalmente se ubicaría la herramienta.

La actividad se desarrolló atendiendo el siguiente programa propuesto por el equipo de trabajo del CEU Talamanca y aprobado por Justo Avelino.

Dado a la estrecha relación de los indígenas con la naturaleza, la ceremonia propiamente dicha inició, con dos bailes del Sorbón y dos cantos del Duré, propios de la cultura bribri y que se corresponden con actividades básicas de este tipo de ceremonia, cuyo objetivo es agradecer a Sibö (Dios) por la vida y la naturaleza, así como solicitando su bendición y protección en todo momento del traslado de uno de los elementos creados por Sibö y que sus hijos ubicarían en otro lugar.

Ubicados en el sitio donde se encontraba ubicada la piedra, la misma estaba colocada sobre una estructura construida por conocedores de esta actividad, todos los materiales provistos por la madre naturaleza en su totalidad.

En el lugar se realizó una serie de rituales espirituales con el objetivo de conseguir el desarrollo exitoso del traslado de la piedra.

Luego de transcurrido alrededor de una hora de labores para ultimar detalles de “seguridad ocupacional”, con el esfuerzo físico de los participantes se procedió a elevar la estructura sobre los hombros de los participantes. Se requirió de al menos cuarenta personas para soportar el peso conjunto de la piedra con el armazón donde se encontraba postrada.

Así, avanzados recién ochenta metros de distancia del punto de inicio del traslado, se visualizó el primer reto, el caudal del Río Urén, con un cauce de al menos un metro de profundidad y treinta de largo, con numerosas rocas resbaladizas y una considerable fuerza de arrastre por parte de la corriente de agua.

Con fuertes gritos motivacionales y una marcada carga de adrenalina en sangre, el equipo de hombres subió la estructura nuevamente a sus hombros, mientras que las mujeres, con ayuda de una liana sujetada en la parte delantera del armazón, tiraban con una fuerza motivadora a sus compañeros y con además guiando inteligentemente la ruta a seguir mientras se atravesaba el cauce de dicho río.

Este sector fue una de los dos escenarios de mayor riesgo y apremio de la actividad.

Luego de pasar la primera prueba, se requirió un breve descanso, donde los participantes aprovecharon para rehidratarse y aportar a sus organismos energía a través de la tradicional chicha (bebida fermentada a base de maíz). A partir de este punto la topografía del terreno favoreció un avance rápido y mantenido, además durante esta etapa se caracterizó por la expresión del trabajo en relevos rápidos de personas a distancias prudentes, con lo que se favoreció maximizar el talento humano existente y distribuir las cargas físicas de forma equitativa.


Posterior a seis breves descansos y a escasos metros del destino final de la piedra, apareció la segunda prueba de riesgo, una pendiente de cuarenta y cinco grados, cien metros de distancia, suelo húmedo, arcilloso, con numerosos arbustos y camino serpenteante.

Sin embargo, el deseo de culminar como fue establecida la actividad, reinaba en cada uno de los participantes. Luego de unas palabras de motivación del líder Justo Avelino, sumados los gritos de lucha, el trabajo en equipo coordinado entre los hombres al cargar nuevamente la estructura con la piedra y la importantísima labor de las mujeres al frente, como guías de los hombres, tirando de la liana de forma valiente y con una tenacidad digna de resaltar, fue posible luego de transcurridos cuarenta minutos de lucha inteligente y fuerza humana, ubicar la piedra en el lugar escogido por la familia de propietaria de la misma.



Durante este tramo, la velocidad de avance disminuyó de forma considerable, los agotados músculos exigían frecuentes relevos sin que ello significara colocar el armazón en el suelo. De ahí que varias personas resultaron con contusiones propinadas por arbustos y troncos que se encontraban a su paso.

Una vez colocada la piedra en su sitio, se hicieron presente los “kekepas cantores”, quienes con sus tambores propios para contos ceremoniales, daban las gracias a Sibö por permitir el desarrollo de la jornada con todo éxito y así dar la bienvenida a la piedra a su nuevo hogar.

No se hicieron esperar los gritos de alegría y comentarios de los entusiastas participantes propios de una celebración de semejante trascendencia cultural.

Para recuperar energías, a los participantes se les compensó con un sabroso almuerzo elaborado en cocina de leña y por las manos unas trabajadoras mujeres, servido en los tradicionales platos hechos con hojas.


Como parte final de la actividad, se ejecutó lo establecido en el programa. A pesar de la agotadora jornada, se realizó la molida de maíz, pela de banano tanto hombres como mujeres, los bailes del Sorbón y los del Duré. A los participantes les fue reconocido su esfuerzo mediantes obsequios (hacha, machetes, coffe maker, plancha, olla) que fueron gentilmente aportados por la empresa privada en miras de apoyar la actividad.