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17/8/07

OBLIGACIONES DE LOS GOBIERNOS CON LOS PUEBLOS ABORIGENES

INFORME DE CEPAL 2006
La población indígena en la región supera los 30 millones de personas y presenta una gran diversidad en términos de volumen y distribución territorial, de acuerdo a informe.
América Latina se caracteriza por ser una región pluriétnica y pluricultural. En la actualidad existen 671 pueblos indígenas reconocidos por los Estados, los que presentan una diversidad de realidades territoriales y demográficas, y poseen diferentes estatus sociopolíticos dentro de los países donde se asientan.

La irrupción de los pueblos indígenas como activos actores sociales y políticos se ha constituido como uno de los fenómenos más sobresalientes de los últimos veinte años en América Latina y en el mundo, y tendrá impactos de larga duración en las democracias de la región. Sin embargo, el común denominador es la discriminación estructural que les afecta, que se expresa en marginalidad, exclusión y pobreza.

De acuerdo con el informe de la CEPAL Panorama Social de América Latina 2006, dado a conocer recientemente, se estima que la población indígena de la región supera los 30 millones de personas (según censos de 2000). Perú, México, Bolivia y Guatemala son los países que tienen más población indígena, fluctuando entre los 8,5 y 4,5 millones, mientras que en Nicaragua, Honduras, Argentina, El Salvador, Panamá, Paraguay, Costa Rica y Uruguay la población indígena no supera los 500.000 habitantes.

Asimismo, si bien las poblaciones indígenas son en su mayoría rurales, actualmente es posible encontrar desde pueblos en aislamiento voluntario hasta asentamientos mayoritariamente urbanos, e inclusive transnacionales. En su informe, la CEPAL presenta un panorama sociodemográfico de los pueblos indígenas, con un análisis inédito en la región, que considera las inequidades en términos de la violación a los derechos humanos individuales y colectivos. Estos últimos se agrupan en las siguientes categorías: derecho de no-discriminación; derecho a integridad cultural; derechos de propiedad, uso, control y acceso a las tierras y recursos; derecho al desarrollo y bienestar social; derechos de participación política, consentimiento libre, previo e informado.

Además se constata que son poblaciones con estructuras por edades más "jóvenes" que los promedios nacionales, con mayores niveles de fecundidad y tasas más elevadas de mortalidad en la infancia y en la niñez, lo cual conlleva la necesidad de que las políticas públicas se diseñen a partir de las especificidades demográficas, culturales y territoriales de los pueblos, dice la CEPAL.

Como parte de este proceso, se ha llegado a un estándar internacional de derechos individuales y colectivos de los pueblos indígenas, generando nuevas obligaciones para los Estados, como: reconocer, promover y garantizar estos derechos; y, diseñar las políticas públicas atendiendo a este nuevo estándar, estableciendo mecanismos de evaluación que permitan determinar su cumplimiento.

La información disponible también demuestra el vínculo indisoluble de los pueblos indígenas con el territorio, dado que sus asentamientos se encuentran principalmente en las regiones de sus tierras ancestrales. Sin embargo, la pobreza, la invasión de colonos y las presiones de empresas nacionales e internacionales sobre sus tierras, los lleva a migrar fuera de ellas, inclusive traspasando fronteras nacionales.

Finalmente, la CEPAL recalca que, a inicios del siglo XXI, el desafío para la construcción de democracias pluriculturales consiste no sólo en la eliminación de las inequidades, sino también en reconocer efectivamente el aporte de identidad, cosmovisiones, raíces y humanidad de los pueblos indígenas de la región.

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12/8/07

COSMOVISION DE LA CULTURA GUAYMI

Carmen Rojas Chaves
Departamento de Educación Indígena
Ministerio de Educación Pública

I. El pueblo indígena guaymí
En Costa Rica se reconoce la existencia de 8 culturas indígenas, distribuidas en los 24 territorios indígenas legalmente constituidos. Una de estas culturas la constituye el pueblo guaymí, nombre con el que se designa a los ngäbes y buglés que viven en la Zona Sur del país. Aunque hablan lenguas diferentes, los ngäbes y los buglés comparten la mayoría de sus rasgos culturales, incluyendo la tradición oral.


En Panamá, los guaymíes viven en las provincias de Chiriquí, Bocas del Toro y Veraguas y son aproximadamente 170 000 ngäbes y 18 000 buglés. En Costa Rica viven en la zona fronteriza con Panamá, en los territorios indígenas de Conte Burica, Osa, Coto Brus, Abrojos Montezuma y Altos de San Antonio. La población es de aproximadamente 3 000 personas. No se cuenta con datos de cuántos de ellos son ngäbes y cuántos buglés.

Practican una agricultura de subsistencia, que complementan con la venta de artesanía y por temporadas se emplean en fincas bananeras y cafetaleras.

Mantienen rasgos culturales como la vestimenta - principalmente entre las mujeres - la pintura de la cara en ocasiones especiales, el labrado de los dientes, la lengua autóctona, la artesanía, la medicina tradicional, algunas ceremonias, así como la danza y la música. Cuentan con tres caciques – en Abrojos Montezuma, Coto Brus y Conte Burica- a quienes se les reconoce como la autoridad tradicional. No obstante, también han constituido Asociaciones de Desarrollo y otras organizaciones civiles.

2. El origen del mundo y del hombre
Ngöbö, el dios padre, es el creador de todo lo que existe. Es atemporal y no se le conoce su origen ni su parentesco con otros seres.

Al inicio de los tiempos, el mundo que había era de piedra y a partir de la piedra, en cuatro días, Ngöbö creó todos los elementos de la naturaleza, todo lo necesario para que la vida humana fuera posible. Por último creó al ser humano.

Primero sólo había piedra. Luego Ngöbö creó el agua y con esta cubrió todas las piedras. Quiso crear al hombre, pero vio que aún no estaban dadas las condiciones para su existencia. Entonces creó el barro, el lodo, pero vio que ahí tampoco podían nacer sus semillas, las personas. Entonces decidió crear el mundo como una gran casa de cañas con techo de palma, o como una gran totuma, según otras versiones. El mundo, entonces, tiene la forma de una gran casa, cuyo techo es sostenido por Uli Kran.

En la construcción de esta casa participaron cuatro personajes: el dueño del mapache, el dueño de la libélula, el dueño de las gallinas y el dueño de los pájaros carpinteros. Este último fue fundamental: él terminó de construir la casa, porque los demás no quisieron hacerlo.

Una vez creada la gran casa que constituye el mundo, Ngöbö creó al hombre, a partir de cuatro diferentes clases de maíz: el blanco, con el que se creó a la gente blanca; el negro con el que crearon los negros; el morado, con el que crearon a los indígenas y el amarillo, del que se crearon los extranjeros. Estas semillas de maíz las había dejado Ngöbö en la tierra, bajo el cuidado de Tibi Tolero, el dueño de los cornezuelos.

Inicialmente, todos los elementos del entorno tenían características humanas: hablaban y sentían. Luego estas facultades quedaron sólo para los humanos. Los animales querían seguir viviendo entre las sociedades humanas, ser parte de ellas. Con el tiempo la gente se fue separando de los animales y contó con la prohibición de Ngöbö de vivir juntos, de establecer parejas mixtas y de procrearse. No contentos con esta decisión de Ngöbö, los animales intentaban atraer a las personas, engañándolas de diferentes formas, principalmente tomando figura humana, como se muestra en los múltiples relatos que presentan este motivo.

Una vez que el proceso de creación de la tierra se había completado y la población aumentó, comenzaron a darse muchos conflictos entre las personas, muchas peleas. Ngöbö hizo varias advertencias a los humanos, pero estos no obedecieron. Entonces mandó un espíritu maligno, Ngiba Kogi para que recogiera todo lo que había para comer. A partir de este hecho se sucedieron una serie de cataclismos: una gran hambruna, un largo eclipse que oscureció el mundo y finalmente un diluvio que ocurrió porque Ngiba Kogi rompió la cumbrera de la casa y se metió la lluvia.

Estos fenómenos destruyeron la mayor parte del mundo creado y causaron la muerte de toda la población que había.

Pero Ngiba Kogi había guardado una semilla de maíz de dos granos. Se la quitaron y la sembraron y nuevamente hicieron la gran casa, el mundo. La semilla germinó y creció, con lo que reapareció la humanidad.

Pero de nuevo hubo conflictos entre las personas, por lo que Ngöbö, después de haber advertido en vano, mandó una prolongada sequía. Murió mucha gente y la humanidad estuvo a punto de desaparecer. Entonces la golondrina fue a buscar la lluvia y la trajo, evitando así la extinción de los pocos humanos que habían quedado.

Esta vez, Ngöbö encargó a Murie Däguien, 'El Dueño del Viento', que vigilara a sus semillas, a los humanos. Para entonces, éstos coexistían con seres muy grandes, con poderes especiales, a los que Murie Däguien se llevó para Kä Nägue, “La Ciudad de los Espíritus”. El clima se normalizó y esto permitió el desarrollo de una nueva humanidad, la actual.

Como puede verse, para que el mundo actual exista, debieron sucederse varias etapas, cada una de las cuales consistió en una transformación de lo creado en la etapa anterior.

Hay entonces un paralelismo entre la transformación del mundo, como el espacio habitable con las características climáticas, geográficas y de diversidad biológica que conocemos y la creación y desarrollo del ser humano, desde su origen hasta la actualidad.

El mundo existía de previo a la creación del hombre pero debió sufrir cambios para que pudiera ser apto para la existencia humana y de igual forma, el ser humano es el resultado de sucesivas creaciones y destrucciones de seres anteriores, mediante diversos cataclismos que los han ido aniquilando, para dar paso a otros, mejores en cuanto a los valores morales.

Pero Ngöbö sabe que ni la tierra ni las personas que él creó son perfectas y por eso previó una nueva transformación del universo. De ahí que los guaymíes se refieren a “la llegada de los cuatro tiempos” como una serie de acontecimientos que acabarán con el mundo actual, y por ende con la presente generación de seres humanos y que supondrán el retorno de héroes culturales, caciques, sukias y otros personajes destacados.

3. La posición del hombre en el mundo cosmos
Esta humanidad estuvo amenazada por Magata, 'La Serpiente del Mar', que se comía a la gente. Pero tras una heroica lucha, los humanos la vencieron. También resultaron victoriosos en muchas otras pruebas, gracias a su inteligencia. Motivado por estos triunfos, Ngöbö eligió al ser humano para que domine sobre los animales y sobre todos los demás seres creados por él. Pero este éxito, a su vez, significa el compromiso de vigilar, proteger y respetar a quienes va a gobernar.

Posteriormente, varones y mujeres se sometieron a una serie de pruebas que dieron como resultado una división del trabajo por sexos y la autoridad del varón sobre la mujer.
Pero por sobre el dominio del hombre está Ngöbö, quien consciente de que no puede gobernar sólo, designó ayudantes para esta tarea. Entre ellos están Besigä, quien es la mensajera de Ngöbö ante los hombres y Murie Däguien, 'El Dueño del Viento', encargado de vigilar a los humanos, pero más que nada, de vigilar que las condiciones ambientales no lleguen a amenazar su existencia .

4. Las normas de vida
Ngöbö, en su tarea de regir el mundo, procuró ordenar las conductas del hombre, principalmente, en lo referente a su relación con el medio ambiente y con los demás.
Aseguró la abundancia de recursos naturales, pero responsabilizó al ser humano de su vigilancia y protección y lo instruyó sobre su uso racional. Ordenó invocar y pedir permiso a los “dueños” de estos recursos antes de utilizarlos: pedir permiso antes de ir a cazar, a pescar o a sembrar, pedir permiso al mar para extraerle sal.

Los guaymíes aceptan que no han seguido estrictamente esta norma y que han aprovechado la naturaleza sin pedirle permiso a sus dueños. Como consecuencia sufren por el deterioro ambiental y por la dependencia que esto crea. “Ahora se le pide al gobierno, como si el gobierno fuera un dios”, dice un anciano al respecto. (1)

Recordemos que Ngöbö destruyó las generaciones anteriores, molesto por los conflictos entre las personas, por sus constantes peleas. Por eso le ordenó a la humanidad actual la solidaridad como norma de vida, norma que debe evidenciarse en el trabajo colectivo, la cooperación, la reciprocidad, la solución conjunta y armónica de los problemas.

También pidió ser honestos, valor que los guaymíes traducen en conductas como respetar los bienes ajenos, decir la verdad y guardar los secretos.

Algunas otras normas de vida que instauró Ngöbö son la obediencia, el respeto a los ancianos, la higiene y cuidado personal y la custodia del conocimiento.

5. La vida en Kä Nague 'La Ciudad de los Espíritus'
Cuando un guaymí muere, la tierra toma su cuerpo como pago por todo lo que le dio mientras vivía y su alma va a Kä Nague, 'La Ciudad de los Espíritus'. La muerte es entonces un viaje espiritual hacia ese otro mundo, Kä Nague. Este es el destino final de las almas. Ahí, un río divide la ciudad en dos. Sólo los espíritus buenos pueden cruzarlo y de esta manera quedan separados de los espíritus malos.

No sólo los muertos van a Kä Nague. Algunas personas con características especiales pueden ir ahí, para alguna celebración, o para adquirir conocimientos y liderazgo. Pero se requiere de una preparación muy intensa, porque hay espíritus muy dañinos. A Kä Nague se llega a través de un viaje espiritual, mediante el sueño, caminando sobre el mar hasta cruzarlo. En el recorrido no se puede mirar hacia los lados por el peligro que representa mirar a los seres malignos que están a los lados. También porque al entrar a Kä Nague hay que sortear una región exclusiva para los murciélagos, sumamente peligrosa.

En Kä Nague el tiempo es diferente del de este mundo. Un día de allá son muchos años en la tierra. Al regresar, cuanto nos rodea adquiere un significado diferente del que vemos. Es posible retornar de este lugar, pero el que lo hace se enfrenta a un mundo que le es desconocido, porque vuelve muchos años adelante en el tiempo, con un cuerpo diferente del anterior y ya han muerto todas las personas conocidas.

En Kä Nague no sólo viven las almas y los espíritus malignos. Ahí también está Ngöbö, los espíritus protectores de los diferentes elementos de la naturaleza y los seres con poderes especiales. Por eso, quienes regresan de Kä Nague lo hacen con muchos conocimientos.

Los caciques, sukias y héroes culturales que han regresado, comparten sus conocimientos con la humanidad. De esta manera explican los guaymíes el origen de la danza y el canto, el juego de la balsería, técnicas de cacería y agricultura, el conocimiento de las diferentes variedades de chicha, así como el origen de algunos frutos estacionales, como el marañón, la guanábana y el zapote.

Sin embargo, no todos los conocimientos más preciados fueron traídos por quienes regresaron de Kä Nague. También algunos espíritus, estando en la tierra, les han transmitido conocimientos a los hombres. Por ejemplo, Mesi Kwira, hermana del gran cacique Sami Kebedo, le enseñó a los guaymíes técnicas artesanales, así como los diseños más comunes de la artesanía guaymí.

6. Las ceremonias
La espiritualidad del pueblo guaymí se manifiesta, entre otras cosas, en la realización de diversas ceremonias, todas ellas relacionadas con el cumplimiento de las normas de vida que dio Ngöbö. Algunas señalan etapas importantes en la existencia de las personas.

Las principales ceremonias son:
- La celebración del nacimiento, que consiste en una alegre fiesta, con chichada, que como ceremonia se le hace al recién nacido, para evitar que lo ataquen las enfermedades y para desearle una larga vida.

- El grwä 'iniciación de los jóvenes', también conocido como “clarecimiento” o “claría”, se realiza en los últimos años de la infancia o a inicios de la pubertad, tanto de los varones como de las mujeres y se repite a aquellas personas que cometen delitos. Esta ceremonia se realiza en la montaña, generalmente en octubre de cada año y dura cuatro días y cuatro noches. Consiste en un castigo, al que una anciana o un anciano respetado y seleccionado por la comunidad somete a jóvenes de su mismo sexo, con el fin de instruirlos y de prevenir o corregir conductas no deseadas. Además del anciano o anciana y de los jóvenes, participan un cuidador principal y un suplente. La ceremonia finaliza con una chichada. Esta ceremonia ha variado mucho en los últimos años. En la actualidad, ya no se someten a ella quienes hayan cometido algún delito, porque éstos son castigados de acuerdo con la legislación nacional.

- En los funerales, el cuerpo se vela durante varios días, tiempo durante el cual, sólo se toma chocolate. El enterrador, suele ser seleccionado previamente. Se prefiere que a los ancianos los entierren los jóvenes, para que tomen de éstos sus cualidades y vivan muchos años y que a los jóvenes los entierren ancianos, para que se rejuvenezcan y prolonguen su vida. Los enterradores siempre son varones y se someten a una dieta especial, durante un mes, tiempo durante el que no pueden consumir ningún tipo de carnes. El muerto se entierra envuelto en hojas de bijagua, amarradas con bejucos, para acelerar la descomposición. Debemos recordar que la tierra espera el cuerpo para alimentarse de él, como pago por todo lo que le dio mientras vivía. Hay reciprocidad entre el ser humano y la tierra: ésta le da de comer al hombre, pero cuando él muere, le entrega su cuerpo para que ella se nutra de él y pueda continuar alimentando a otras personas.

- La curación de las semillas es una ceremonia que se realiza antes de iniciar la siembra de los principales productos alimenticios.

- La ceremonia a Roa se hace a inicios de la época lluviosa para evitar los truenos, es decir, para evitar que haya tormenta. Esta ceremonia puede repetirse cuando existe la amenaza de un huracán o de un fenómeno similar.

- La toma del cacao tiene como objetivo alejar los malos espíritus y las adversidades. También se utiliza para llamar a la armonía y como señal de solidaridad.

- También tienen carácter ceremonial las chichadas, el juego de la balsería y la práctica del jegui, una danza tradicional de los buglés, que llama a la armonía y a la amistad.

Nota
(1) Francisco Rodríguez Atencio. Junio del 2003. Comunicación personal.

Bibliografía consultada
COOPA. 1997. Narraciones ngäbes: revitalización de la cultura tradicional. San José, Costa Rica. Fundación Coordinadora de la Pastoral Aborigen.
Kugwe Kira Kena Degä. Historias de los tiempos antiguos: territorios indígenas ngäbe de Costa Rica. 2001. San José, Costa Rica. Fundación TUVA.
Picón, Cesar; Alemancia, Jesús y Gólcher, Ileana. Editores. 1998. Pueblos indígenas de Panamá: hacedores de cultura y de historia. Panamá, Panamá. UNESCO.
También se contó con el aporte que en diversas comunicaciones personales, hicieron las siguientes personas:
- Francisco Rodríguez Atencio
- Javier Montezuma Montezuma
- Urbano Mendoza Palacios
- Félix Santos Rodríguez
- Mario Montezuma Montezuma
- Santos González Palacios
- Feliciano Espinoza Maya
- Roberto Guerra Tugrí

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5/8/07

COSMOVISION BRUNKA

Entrevista a Joél Mora Maroto

Tratar de explicar la cosmovisión espiritual bruncajc, se torna muy interesante para mí como joven indígena boruca. Trataré de partir de mi realidad, tomando en cuenta lo que he vivido y aprendido de mis antepasados.

Para hablar del cosmos indígena Boruca, tendremos que tomar en cuenta dos aspectos: una sería la situación antes de la invasión española, y la otra sería la realidad de Boruca después de la invasión.

Antes de la invasión, los indígenas que poblaron nuestra zona formaban parte de la familia chibcha que se extendía desde el territorio maya en el Norte hasta el territorio quechua en el Sur. Este hecho todavía se refleja en el vocabulario y en algunas tradiciones indígenas que se encuentran tanto aquí como en otros países. En este sentido, un aspecto importante que los pueblos indígenas tenemos en común, es la visión integral de la vida y del cosmos.

En todos los pueblos indígenas podemos encontrar que su cosmovisión espiritual se expresa como algo muy integral: Dios – Sibú en el idioma brunca – se encuentra en nuestro cosmos total. Por eso, nuestra espiritualidad se vive en nuestro lenguaje, en nuestros símbolos, en las creencias, en nuestra forma de pensar, en nuestras costumbres, en nuestras relaciones humanas al interior de la comunidad, en nuestra visión de lo que significa vivir y morir, en nuestra relación con la Madre Tierra, con los animales y las plantas.

La espiritualidad indígena no es una religión en el sentido teológico occidental, no es algo separado de la vida cotidiana, comprendido como no material. Más bien es material, pues se manifiesta en todo, encierra nuestra forma de vivir, incluyendo nuestros cuerpos, almas, espíritu y la materia que nos rodea, y por supuesto incluye a Dios.

Por lo antes explicado, pensamos que en tiempos precolombinos, la cosmovisión brunka reflejaba una relación de reciprocidad integral entre el ser humano y la Madre Tierra, y que se expresaba en forma similar a la de otros pueblos indígenas.

Sin embargo, no podemos ser tan románticos y creer que esta espiritualidad de los pueblos originarios todavía se mantenga intacta. Debemos reconocer que las influencias externas durante y después de la invasión tuvieron un impacto muy fuerte, y que Boruca no se escapó de esto, lo cual provocó fuertes cambios culturales. Primero hubo una presencia permanente de la Iglesia Católica, luego llegaron también otros grupos evangélicos. Muchas de estas influencias se han incrustado en nuestras tradiciones.

Toda esta influencia la arrastramos hasta nuestros días. La cultura brunka actual es -como la planteamos aquí y como se nota en nuestras narraciones de literatura oral- una cultura muy invadida o influenciada. Se produce un proceso de mezcla o de mestizaje cultural: así como hemos guardado aspectos propios de nuestra cultura, también hemos adoptado aspectos de la cultura foránea, en este caso de la hispánica, y hemos hecho una mezcla de prácticas indígenas con costumbres occidentales. Hemos adoptado una serie de rasgos de la tradición foránea, y con el pasar de mucho tiempo los hemos integrado a lo nuestro de manera que parecen tan propios como las tradiciones puramente nuestras.

Este proceso empieza cuando Boruca fue convertido en centro de hospedaje y servicios para los viajeros que usaban el Camino de las Mulas de Cartago hacia Chiriquí. Constantemente llegaban y se iban europeos, y los brunkas les tenían que prestar sus servicios. Todo esto dejó huellas muy profundas en la vida de nosotros los Borucas en muchos aspectos: incluso nuestra principal fiesta tradicional “El Juego de los Diablitos” se relaciona con acontecimientos de aquellas épocas, al igual que el “Baile de los Negritos”.

A pesar de todo eso, nosotros los Borucas seguimos resistiendo y existiendo como pueblo indígena. Todavía guardamos algunas de nuestras verdaderas prácticas y nuestra propia lengua. Esto es lo que nos da vida y nuestra propia identidad.

La cosmovisión brunka y las prácticas relacionadas con ella se expresan en nuestra vida cotidiana, por ejemplo:
a) Muchas veces se usa el nombre brunka para los lugares, animales y plantas.
b) Al pasar por el Cerro Volcán, se comenta algo de Cuasrán.
c) Al cazar y pescar, mantenemos el respeto a los animales, no cazamos más de lo que necesitamos y dejamos vivos los peces y camarones pequeños; aquí se expresa el pensamiento de que los animales tienen sus dueños.
d) Algunos mantienen la costumbre de saludar a la señora mar si llegan a la playa.
e) Todavía hacemos la tradicional chicha de maíz.
f) Hay comidas como el “Cubrí”, hecho de maíz nuevo, frijoles y carne de animales silvestres.
g) Para escoger la fecha de la siembra, nos orientamos por la luna y por los signos de animales.
h) Lamentablemente ya no tenemos Sukias. Antes habían Sukias brunkas que mantenían contactos con los Sukias bribrís. Cuando ya no teníamos Sukias en Boruca, muchos iban a Cabagra a consultar con los Sukias de allá. Sin embargo, hay parteras y personas con conocimientos en plantas medicinales.

Luego de estas reflexiones, podemos entrar a analizar la cosmovisión brunka, nuestra concepción nativa:

Sibú es el Ser Supremo, el ser creador de todo; se conserva el nombre nativo que es parecido al nombre de Sibö (Dios) en los idiomas cabécar y bribrí.

En la cosmogonía boruca, también tiene un papel importante la creencia en algunos espíritus: En este contexto, podemos mencionar la leyenda del “Espíritu de las aguas”, expresada a través de la historia de las Mamrán. Otra historia muy linda que podemos rescatar con relación a los espíritus es la “Tebec crán ígui téc” (La gran serpiente), otra historia es “El protector de los chanchos de monte”, las historias de “Los duendes de agua” y “El rey de los Chanchos”.

Los personajes conocidos como “Los Encantos” también son importantes en la cosmovisión brunka: Al llegar los españoles, nuestros antepasados huyeron con nuestras riquezas. Según cuentan mis abuelos, estos “Encantos” cuidan nuestros tesoros que fueron escondidos en la Isla del Caño. Acerca de todas estas cosas ya existen historias escritas.

Es de resaltar que en todas estas concepciones existe un personaje muy singular e importante para nosotros: la figura de Cuasrán. Cuentan mis abuelos que este personaje era un Sukia Boruca que huyó de los invasores antes de su llegada a Boruca. Se fue a vivir a un cerro llamado Volcán, donde según nuestra historia, todavía vive. Es un lugar al que nadie puede llegar, pero un lugar lleno de riquezas. Cuasrán vive como antes, rodeado por su familia y un grupo de personas más. Según cuentan, Cuasrán tuvo esposa e hijos, y aún se conserva el nombre de un hijo, el cuál es Sancragua.

Además de su familia, se cree que viven con él otras personas que él se ha llevado. Con relación a esto hay experiencias vividas en el pueblo, personas que han desaparecido. Muchos creen que Cuasrán se los llevó con él, pero no se sabe por qué lo hace. Parecen acontecimientos misteriosos que no se pueden explicar.

Según la historia, el abuelo Cuasrán se presenta como un personaje sobrenatural, puede cambiar de personalidad, se mueve por todo lado, tiene sus caminos, como decimos en Boruca sus “pasaderos”. Es alguien que se expresa en la cotidianidad del pueblo Boruca. El abuelo Espíritu Santo Maroto contó que ellos como niños crecieron en Boruca, siempre escuchaban las advertencias de sus abuelos o abuelas diciendo”

“Respeten el monte y los animales,si no, se los lleva Tatica Cuasrán”

Siempre ha sido así: si alguien se asusta por un camino solitario se dice que fue Cuasrán. Si se pierde alguien y no lo encontramos, muchos dicen que se lo llevó el abuelo Cuasrán. Sin embargo, no se presenta como un personaje malo o que haga daño, sino más bien como alguien que quiere y añora a su pueblo Boruca. Según mi madre, Cuasrán es todo un extraordinario símbolo de la independencia de los Borucas, con cierto enojo, pero cargando el dolor de ver a su pueblo que se dejó invadir, añorando sus épocas. Este personaje bruncajc se resiste a morir para darle vida a Boruca.

Las mágicas historias de nuestros abuelos acerca de Cuasrán aún siguen y seguirán estando entre nosotros. Así como estas, muchas otras historias se han tejido alrededor de Boruca, alimentando nuestra imaginación, nuestros temores, nuestras esperanzas, al tiempo que formamos un estrecho vínculo con nuestro pasado.

Tanto Boruca como Rey Curré (Yimba), pueblos donde se concentra la mayor población indígena bruncajc, hoy nos vemos amenazados por la creación de un megaproyecto hidroeléctrico dentro de nuestro territorio, que atenta contra la vida de nuestros pueblos y nuestra tierra que durante miles de años hemos ocupado y hemos conservado donde están nuestros antepasados y toda nuestra historia, que es mucho más que una materia porque la relación entre nosotros los indígenas con la Madre Tierra, es muy diferente a la de otras sociedades que simplemente por dinero se desvinculan de sus raíces.

¿Cómo pueden pretender que el pueblo bruncajc se separe de la tierra que durante milenios ha sido toda su vida?


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3/8/07

COSMOGONIA BRIBRI-CABECAR

Tomado de Sibawok.com
Talamanca fue el único territorio de Centro América y Panamá que no pudo ser conquistado por la invasión europea.
El nombre dado por los amerindios a esa región fue SKAWAK, que literalmente significa: Dueños de nuestro espacio.

Desde la primera incursión armada de los españoles, en 1540, se manifestó el espíritu guerrero y libertario de los habitantes naturales de esas tierras. Llamada así, en 1605, por los conquistadores Diego De Sojo y Juan De Ocón y Trillo en honor a su lugar de nacimiento: La Villa de Talamanca en la provincia de Madrid, España.

Conocedores de la resistencia guerrera de los nativos, los conquistadores evocaron el valiente fuerte musulmán de Talamanka, fundado en el año 860 d.C. por los árabes y tomado por los cristianos después de más de doscientos años de luchas religiosas. No es hasta 1062 que Fernando Primero logra destruir hasta los cimientos la fortaleza mahometana.

Pero De Sojo ni Ocón y Trillo, ni aún los conquistadores que les precedieron, lograron doblegar jamás el espíritu selvático de los aborígenes Skawak.
En 1821 con la independencia de Costa Rica, los españoles se retiran de Talamanca, después de doscientos ochenta y un años de vanos esfuerzos, sin haber podido avasallarla.

Los europeos no pudieron doblegar a los Talamancas, principalmente porque menospreciaron su inteligencia y su altamente elaborada organización social y religiosa.

Los consideraron y trataron como a una horda de salvajes primitivos, cuya única razón de ser era la de nacer, crecer, reproducirse y morir como animales del bosque.
Pero los amerindios de Talamanca desarrollaron a través de los siglos, en las inhóspitas selvas de la baja Centroamérica, una asombrosa cultura que aun hoy tiene mucho que enseñarnos.

Para conocer, aunque sea someramente, algunos aspectos de la cultura de tan valiente pueblo, hablaremos de su ordenación interna, de su complejo sistema cultural que va desde la divinidad al pueblo, pasando por sus linajes chamánicos y de realeza.

SIBÖ
EL SEÑOR ABSOLUTO DE TALAMANCA
Sibö no solo es el dios creador del mundo y de los amerindios talamanqueños, si no que además se constituye como su máximo héroe cultural, pues según las leyendas aborígenes, Sibö vivió como hombre en la tierra. El mismo, instruyó a los seres humanos en todas las artes y las ciencias. Les enseñó a edificar sus cónicas viviendas, a cazar, a sembrar, les mostró las ocho danzas sagradas, los cantos de la creación del mundo y a vivir en armonía con el bosque tropical.

Sibö está en todas partes, habla todas las lenguas, tiene la capacidad de asumir formas humanas y animales. Dispone sobre la vida y la muerte. Sibö diseñó el mundo mágico del indio, y creó toda planta y ser viviente.

Por medio de su contraparte, Surá, hizo a los indios, quienes primero nacieron como semillas de maíz. Sibö trajo las semillas desde abajo, del lugar de donde nace el sol y las purificó con agua en la cima del monte Suráyön en Talamanca, luego de ayunar y orar por cinco días, las sembró en tierra.

Dispuso las semillas de maíz en ocho grupos y de allí surgieron las primeras gentes, distribuidas en los ocho clanes primordiales.

Esta primigenia tribu tropical, escuchó sus cantos y enseñanzas, mismas que conformaron el “Siwa” código de comportamiento y vida. Este canon es transmitido desde tiempos inmemoriales de boca a oído hasta nuestros días.

Sibö propicia los agentes naturales que producen la germinación, por ello es el proveedor de todo alimento.

De día este gran ser vive en el este, desde donde cuida a los buenos espíritus, de noche se traslada al oeste para proteger a los indios de los malos espíritus.
Como señor de la creación Sibö reina desde el cenit del cielo. Toda creación de Sibö esta asistida siempre por su contraparte Surá, quien reina desde el nadir de la tierra.

SURA
SEÑORA DEL REINO INTERIOR
Contraparte inseparable de Sibö: soberano del cielo. Surá es la guardiana de las semillas del maíz que simbolizan el ser o alma del indio. El reino de Surá es subterráneo, porque en las entrañas de la tierra es donde se gesta todo origen.

En la mitología Bribrí se representa a veces de forma masculina y casi siempre de forma femenina. Surá posee el don de la multiplicidad. Básicamente existen 8 Surá: cuatro femeninos y cuatro masculinos. Virtualmente son incontables pues cada ser humano posee el suyo propio.

Como entidad masculina Surá es el padre de Iriria, la niña tierra. Como entidad femenina es la tierra misma, útero de toda vida.

Surá es la primera reina madre, la primera abuela, el primer ser femenino.
Es la gran maestra de la humanidad, en ella se conjuga el principio de todas las cosas.

Cuentan los sabios ancianos de Talamanca que conforme Surá produce los cantaros, que simbolizan a los seres humanos, estos emiten lindos y distintos sonidos, las melodías representan cualidades tales como: trabajador; inteligente; aguerrido; bondadoso etc.

Solo los chamanes que saben ver, conocen el acabado de la vasija y pueden escuchar sus armonías.

Si bien Sibö crea la humanidad, Surá es quien le da la forma. Por esta razón la gran diosa del reino interior es representada como una excelsa artesana o alfarera, pues desde sus hondos dominios, edifica a los seres humanos, dándoles la forma de vasijas o cantaros de barro. Su divina manufactura comienza inmediatamente después de la concepción, continúa aun luego del nacimiento y su obra puede durar hasta la muerte misma del indio.

Cuando la persona muere, regresa al lugar de su artesana, al reino uterino, protector y subyacente de Surá, donde está el origen y paraíso del indio. Ellos lo nombran Surakaska: la esfera del último destino y del primer inicio, el centro de la esencia espiritual de todos los seres. De aquí el gran Sibö trajo las semillas de maíz con las cuales creo a la humanidad. De Surakaska emerge toda creación y todo lo creado sobre el haz de la tierra retornará al reino de Surá.

USEKOR
EL CHAMAN SUPREMO
Es el máximo representante de la tribu. Por encima de su alta jerarquía, solo está Sibö-Surá (Dios)

Recibía absoluta obediencia de todas las tribus y clanes. Ningún rey, por mas poderoso y temido que fuese, estaba por encima del insigne Usekör.

Pese a que existió “El consejo de los grandes chamanes” llamado Usekorpa en lengua aborigen, solo podía existir un gran chamán al mando de las tribus. Su cargo fue vitalicio, luego de su muerte el consejo elegía a su sucesor. Por ello los conquistadores españoles llamaron de forma peyorativa al Usekör: “El Papa indio”
Este extraordinario chamán tiene fama de gran sanador, pese a ello el Usekör no da tratamientos personales a ningún individuo, esta labor esta asignada a los awa (médicos). Su función es prevenir, velar, atender y proteger a la colectividad indígena de forma conjunta y no individual.

Según la tradición aborigen, este incuestionable líder, manifiesta su extraordinario poder cuando se presentan amenazas a la sociedad indígena, tales como guerras, hostilidad departe de extranjeros, epidemias, plagas, catástrofes naturales, hambre o cualquier otra calamidad comunitaria.

Es un hombre tabú. A la gente común, ni siquiera a la nobleza, se le permite relacionarse directamente con este héroe sagrado. Únicamente el jefe de los chamanes (Tsokor) puede conversar con él cara a cara.

La mitología talamanqueña es extensa al describir los extraordinarios poderes mágicos de estos personajes únicos.

El Usekör tiene gobierno sobre los elementos, puede hacer temblar la tierra, llover las nubes, crecer los ríos, desatar los vientos, domeñar el fuego y, subyugar demonios. Conoce el lenguaje de las piedras y sabe hablar con los espíritus. Posee el don de la metamorfosis, se transforma a voluntad en diferentes animales selváticos, principalmente en jaguar, serpiente y lagarto. Son los únicos que pueden enfrentar a los demonios que escapan de sus reductos.

En defensa de su pueblo han provocado grandes inundaciones. Se les atribuye el desastre que sufrió la United Fruit Company en 1935, cuando desbordaron los ríos, que con su furioso torrente arrasaron con todas las cosechas de la transnacional, amen de sus puentes, rieles, trenes y bodegas. Cuando la avaricia blanca se reinstaló después del caos, los Usekör crearon una plaga en las plantaciones y se arruinó el comercio.

Cuentan los ancianos aborígenes que los usekör eran seres celestiales, vivían con Sibö, este los trajo al mundo para proteger a los indígenas de los malos espíritus que logran manifestarse en la tierra.

Sin embargo los grandes usekör no pudieron vencer a los demonios de la gripe, el catarro, la viruela ni a la voraz ambición blanca, quien conociendo su poder los mando a exterminar hasta el último individuo.

Pese a esto, el clan de los usekör persiste y está muy bien protegido por su pueblo. Aun se le ve caminando de noche por los altos cerros, vestidos a la usanza antigua y alimentando de su mano a los feroces jaguares.

En la región talamanqueña de Tsa ka (San José Cabécar) existe la cueva sagrada de los Usekör, llamada Tamika. Solo los chamanes pueden acercarse a ella.
La zona esta defendida por guardianes Konana, quienes son guerreros especialmente entrenados para la protección del Usekör, ellos son como su sombra, lo acompañan a todas partes con el fin de preservarlo de cualquier peligro.

Los grandes chamanes provienen del clan Koktuwak, clan de los primeros habitantes cuya principal labor es cuidar y defender la semilla indígena. Su rango es hereditario y debe de provenir de los clanes asociados al jaguar.

Se les identificaba claramente por llevar marcado un jaguar en el iris de sus ojos, su preparación era extensa y estricta en dieta y disciplina, además se les confinaba por dos años sin poder ver el sol.

Estos chamanes jamás se bautizan por la fe cristiana, no tienen nombre en español, no usan calzado ni ropa extranjera y no consumen alimentos extraños a la dieta tradicional.

Actualmente los usekör constituyen un reducido grupo conformado por tres familias emparentadas por vía materna. Viven en las zonas más densas e inaccesibles de las montañas y no se dejan ver por gente no indígena.

Sus símbolos son: el jaguar, el lagarto, las piedras esféricas, el bastón del poder.

TSOKÖR
EL CANTOR MAGICO DE LAS CEREMONIAS
Chamán de más alto rango después del Usekör y único sabio que puede dialogar con él, por tanto fungió como mediador entre el hombre sagrado y la tribu.

Es el maestro de las iniciaciones y comanda la jerarquía chamánica.

Su gran responsabilidad es transmitir a través de sus cantos ceremoniales la sagrada historia antigua. Pues su linaje fue creado por Sibö para preservar y transferir el conocimiento sagrado a las tribus aborígenes. La tradición oral de los Tsokör ha perpetuado a través de los siglos el conocimiento sagrado (Siwa).

A ellos debemos gran parte del saber actual de nuestra historia precolombina.

Los Tsokor, (también llamados Bkri), son los mágicos cantores de toda ceremonia aborigen. Cantan en los nacimientos, cantan en los funerales, en los ritos de pubertad, en las ofrendas de las cosechas. Como cantor fúnebre, señala al difunto el camino al reino subterráneo de Surá. Cuando los tambores retumban en la selva, vienen los cantores a cantar en los trabajos ceremoniales de la tribu.

Provenían de diversos clanes pero principalmente de los reales, como los Brupawak, Sarwak, Kumbowak.

En los ritos los Tsokör transmiten sus conocimientos a los demás chamánes a través de las leyendas, estas se dicen en un estilo musical recitativo o de canto. A este estilo de narración le llaman “Siwa pakol” pero solo los chamanes entienden esos cantos. Luego los sabios transmiten el saber ancestral al pueblo mediante un estilo narrativo menos hierático denominado “Ká pakol”. Toda narración se hace en lengua aborigen, los Bribrís llaman a su lengua “Seie”.

Las historias para la curación solo se cantan en la noche. Las historias del principio de la creación de la tierra, de lo que dios hizo cuando andaba en este mundo, ésas se pueden contar durante el día.

Sus símbolos son: las maracas de jícara; el bastón del chamán, el quetzal, la lora, el tucán, y la guacamaya.

SIWABRA
EL PROTECTOR DEL CONOCIMIENTO
El Siwabra es el chamán especializado en transmitir el Siwa, o conocimiento sagrado, constituido por un código de normas y reglas que Sibö-Surá (Dios) dejó a los Bribrí-Cabécar para orientar su forma de vida.

La palabra Siwa significa en lengua nativa, historia así como alma y viento. Es el cuerpo de conocimientos ancestrales que dirige la forma en que el aborigen talamanqueño interpreta la realidad. Para ellos historia, cuento, mito, filosofía o saber, constituyen una sola dimensión unificada.

El manejo del conocimiento pleno de este cuerpo de normas, es materia de chamánes especialmente entrenados para su transmisión oral. Los Siwabra pertenecen al grupo de los Tsokör (cantores ceremoniales) quienes seleccionan a los mejores de entre ellos para ejercer tan importante cargo.

El Siwabra canta las historias del ámbito mágico, abstracto y sobrenatural de Sibö-Surá. Causa creativa del mundo concreto del indio.

Todos los seres mitológicos viven en esa esfera de una realidad aparte, pero proyectan una imagen de si mismos al entorno natural.

El trabajo del Siwabra ayuda al aborigen en la interpretación armónica de la naturaleza en todas sus facetas: tiempo espacio y ser.

Su oficio data desde tiempos inmemoriales y se ha transmitido hasta nuestros días gracias a la excelsa tradición oral de estos chamanes, quienes mantienen viva la cultura amerindia.

BIKAKRA
EL MAESTRO DE LAS CEREMONIAS
Uno de los rangos en la jerarquía de dignidades de las culturas autóctonas talamanqueñas. La presencia de un dignatario de esta respetada categoría chamánica, en los festejos ceremoniales, que van desde el nacimiento hasta la muerte de los individuos de la sociedad aborigen, fue indispensable. Cuentan las leyendas que Sibö, después de acabar la creación del mundo, ungió al primer bikakra para que este dirigiera la gran fiesta de su instauración. Por ello, en cada festividad realizada en la indígena Talamanca, siempre estuvo presente el riguroso bikakra.

Cuatro potentes golpes de su intocable bastón ceremonial en tierra, anunciaron el inicio de las danzas, los cantos, las chichadas, mascaradas, concilios o funerales de la tribu.
Este chamán, especialmente entrenado, tiene la responsabilidad de supervisar, administrar y controlar todos los elementos necesarios para el buen transcurrir de los eventos.
Él fijará la fecha y duración de las conmemoraciones. Elegirá a los cantores, músicos, danzarines, cocineras, ayudantes, etc. y fijará sus honorarios.

Bajo su dirección se muele el maíz para la chicha. La cantidad de alimentos que él solicita, se le entregan sin protesta. Los animales se sacrifican y cocinan según sus especificaciones. Los alimentos y bebidas se sirven a los concurrentes en el momento, orden y cantidades designadas por él.

Por su alta especialización se dice que los bikakra fueron en el pasado prehispánico, mentores de los reyes. Pues son grandes conocedores del misterio de la reciprocidad subyacente en la naturaleza y las cosas.

Cuando es llamado para dirigir alguna celebración familiar, los dueños de la casa serán los proveedores de los alimentos y menesteres necesarios para el evento, pero solo el bikakra podrá administrarlos y distribuirlos. De esta manera la familia del homenajeado se convierte en invitados de la fiesta y el bikakra en el anfitrión de todos.

Las aldeas que tienen la ventaja de tener entre ellos a este linaje de chamanes, les prodigan gran respeto y confianza. Se les pide consejo sobre la ordenación y distribución del trabajo; en la edificación de viviendas; en los cultivos; cosechas y demás labores de la tribu. Para tales efectos el bikakra organiza las chichadas, estas fiestas se celebran principalmente como recompensa por los trabajos, que realizan para una familia sus vecinos y parientes. La chichada durará en reciprocidad los mismos días en que se tardó en hacer el trabajo. No podrá faltar en ese tiempo comida, alberge y ante todo chicha para los trabajadores.

AWA
EL CURANDERO DE LA SELVA
El linaje de los Awá, es el que mejor ha sobrevivido los asaltos de la conquista española, la colonización y la voraz sociedad contemporánea.

Estos insignes chamanes, cuya especialización antigua fue la medicina tropical, hoy deben de asumir los cargos de las castas chamánicas desaparecidas o reducidas a muy pocos individuos.

Quizá la sobre vivencia de los Awá se deba en parte a que su elevada posición, dentro de la mística estructura ancestral de los chamanes de Talamanca, no es rigurosamente hereditaria.

No es requisito para un aspirante a medico, provenir de un clan específico, cualquier individuo de la tribu que tenga la aptitud necesaria y las provisiones suficientes para contratar un maestro, puede con el tiempo convertirse en curandero.

El entrenamiento de los Awá fue y continua siendo uno de los más largos y exhaustivos, pues él deberá manejar el saber y ciencia de los bosques tropicales. En Talamanca ser un buen medico, equivale a combinar el papel de consejero; conciliador; sacerdote; profeta y sanador de gente. Los curanderos únicamente recibirán sus honorarios si han curado a su paciente, estos pagos consisten en productos agrícolas, animales o en especias.

En los ritos de curación ejecutan danzas, música, cantos y recetan hierbas medicinales.

Para el diagnostico el Awá emplea sus piedras mágicas (sia) las cuales coloca en la palma de la mano, luego las sopla y le canta en la lengua secreta de los chamanes. Las “sia” bailaran en su mano y el Awá interpretara los movimientos. El uso de las piedras mágicas según sus tradiciones fue enseñado por Sibö a los antepasados aborígenes para que se gobernaran con sabiduría.

La habilidad profética que posee el Awá, a través de sus piedras oraculares no solo se utilizan en la enfermedad, el pueblo acude a él para consultas de todo tipo, como las relacionadas con la cacería, el nacimiento, la pubertad, el divorcio, los hechizos, o la muerte.

TAMIPA
LA FEMINIDAD EN LOS RITOS
Según la antigua tradición talamanqueña, las mujeres pueden ejercer cualquier cargo chamánico. Sin embargo las historias no nos hablan de mujeres guerreras, (Yeria) Ni de enterradores femeninos (Oköm) pues ellas jamás entran en contacto directo con ningún cadáver. El modelo matriarcal de su cultura, las protege de los agravios de la guerra y de la contaminación de la muerte, porque desde el inicio de su milenaria cultura ellas son, han sido y serán, el eje donde gira la vida social de la tribu.
Se sabe de mujeres que han ejercido el rango de supremo chamán (Usekör) de cantores (Tsokör) de curanderas (Awa) etc.

Las mujeres chamán deben de prepararse de igual manera que los varones, realizando los mismos estudios y pasando todas las pruebas que su rango iniciático exija. Pese a esto, las ceremonias femeninas de graduación son diferentes. Quizá más alegres y coloridas. Por otro lado existen cargos chamánicos que solo pueden ser ejercidos por mujeres. Ejemplos de ello son:

Tsuru namabata: En los ritos fúnebres y otras actividades, es la responsable de preparar la ceremonial bebida de chocolate, que para los talamanqueños representa la sangre. Ella encarna en las ceremonias a una de las cuatro esposas de Sibö. En las historias (Siwa) se recalca su humildad, belleza, abnegación y colorido. Tsuru significa cacao.

Ataviada con coloridos vestidos y flores, reparte ceremonialmente la bebida de cacao. Pero la namabata, jamás entrará en contacto directo con un cadáver.

Tamipa: el termino Tami en lengua Bribrí significa Maestra o dueña. Pa es la lora verde. Una de las cuatro aves quienes junto al tucán, la guacamaya y el quetzal constituyen el origen de los cantores (Tsokör) La tamipa es la encargada de fiscalizar y repartir los alimentos en las ceremonias.
Siatami: guardiana de las piedras oraculares. Las sia son las piedras sagradas de los chamanes de Talamanca, ellas les permiten diagnosticar a los enfermos, conocer los fenómenos de la vida presente y futura de la tribu, y comunicarse con los espíritus del mundo de Sibö-Surá. Cuando un chamán muere sus piedras enviudan y solo Siatami puede tocar, cuidar y resguardar las potentes piedras del difunto, pues las sia tienen poder por sí mismas, son seres vivos y si no se les da el debido cuidado pueden ocasionar desgracias a la aldea. En las graduaciones chamánicas es siatami la encargada de entregar las piedras de poder a los nuevos iniciados.

El inmemorial código de conducta aborigen, (Siwa) refleja en su cantos la absoluta simetría y reciprocidad entre los papeles socio-políticos, religiosos y culturales de los hombres y las mujeres de su comunidad amerindia.

OKÖM
EL CHAMAN DE LA MUERTE
En los ritos de muerte los chamanes de la muerte aparecían manejando sus hachas ceremoniales, porque según los Bribrís las personas son como árboles de cacao, y la muerte: un tajo de hacha que los derriba.

Los Oköm debían de ser personas fuertes, pues les correspondía cortar la madera con las que se elabora la cama mortuoria con la que trasladaban los cuerpos a la montaña. En cada ritual fúnebre ofician por lo menos cuatro Oköm principales.

Los Oköm trabajaban semi desnudos para mostrar los diseños tribales pintados de rojo en sus cuerpos intocables. Esta importante categoría chamánica no requería provenir de ningún clan específico. Inclusive individuos de madre indígena pero de padre de otra etnia, podían competir para el cargo. Si el difunto era un personaje importante funcionaba otro chaman fúnebre llamado Kuka Oköm este hacia una frenética danza adornado con plumas de lapa. Su ceremonia terminaba con el sacrificio de la colorida lapa, luego el animal se enterraba junto al difunto.

Según la filosofía de los amerindios de Talamanca (Siwa), cada ser humano posee dos almas. Estas se liberan al momento de la expiración. La misión del chaman de la muerte es contener a wimbru el alma traviesa del difunto que radica en el ojo izquierdo, esta se convierte en un fantasma nocivo que debe de ser recluido en el cuerpo y los huesos para que no cause daño a la comunidad. A su vez el Oköm debe de liberar a wikor el alma espiritual radicada en el ojo derecho, esta debe de ser guiada al paraíso subterráneo, a la última morada. El reino de Surá.

Las celebraciones funerarias de los aborígenes de Talamanca son muy complejas y extensas. Se dividen en tres partes principales:
a) el embalsamiento y primer entierro del cuerpo
b) la extensa recitación de la vida y obra del difunto
c) el entierro de los huesos, un año después de la primera fiesta
Dependiendo del rango del difunto cada festín podía durar, sin interrupción, hasta diez días. Sin faltar nunca comida, chicha, chocolate. Ni la música de los tambores, las flautas y las maracas. Ni los cantos, ni las danzas. Aquello ciertamente fueron verdaderos bacanales. Como bien lo describen los escandalizados misioneros españoles.

Estas recepciones fueron las fiestas mayores de la comunidad aborigen, en donde lejos de llorar a sus muertos, celebraron su merecido ingreso al reino subterráneo de Surá.

El oficio especializado de los Oköm se hizo indispensable en una sociedad donde la muerte y las ceremonias fúnebres constituyen la fase más importante del ciclo vital de la tribu. Las fiestas fúnebres se constituyeron como verdaderos concilios de toda la jerarquía chamánica.

Estando obligados estos sabios a asistir a ellas, aprovechaban la presencia de sus colegas para actualizar sus conocimientos, tomar discípulos, transferir información, o discutir sobre los problemas y el bienestar de la tribu. Reyes, principales y guerreros no faltaban a los grandes entierros.

Además en estas ceremonias participaban siempre los Tsokör (jefes de chamanes) oficiando como cantores fúnebres, los Bikakras (Maestros de ceremonia) no podían faltar, pues ellos organizaban los ritos. Las Tamipa tenían oficios indispensables en los entierros.

Solo el Usekör (chaman Supremo) no estaba obligado a asistir. Su presencia en un funeral era considerada como el más alto honor hacia el difunto y su familia.

BRUPA
LOS REYES O CACIQUES AMERINDIOS
Cuando los conquistadores españoles invadieron el territorio que hoy es Costa Rica, encontraron que los aborígenes poseían una organización socio-política de alto desarrollo. A este gobierno autóctono se le llamó posteriormente cacicazgo, los cuales se caracterizan por estratificaciones entre los productores de alimentos; los artesanos especializados y la dirigencia religiosa y política.

Ni los reyes, ni sus reinos aborígenes vivieron aislados. Sus vínculos con otros grupos americanos del norte y del sur, con los que se relacionaron política, económica y socialmente, están ampliamente documentados. Se conocen las rutas terrestres y de navegación que usaron en el pasado. Algunos de estos trayectos forman los basamentos de las actuales vías de comunicación de Centro América.

La figura predominante de este sistema de gobierno era el cacique (voz Caribe) o Brupa en lengua Bribrí. Provenientes de los clanes Brupawak o linaje de los gobernantes.

Los Brupa eran monarcas predominantemente guerreros. Se rodeaban de cuatro esposas, quienes a su vez eran sus asistentes personales. En los combates siempre se encontraban a la cabeza de sus militares, pues los reyes talamanqueños siempre provenían de los clanes guerreros.

Los Brupa nacidos en el clan Sarkwak, podían además ser interpretes (bikri) entre el sumo sacerdote (Usekör) y el pueblo (Krepa) esta clase de reyes eran figuras sacrosantas que jugaban un importante papel sacerdotal.

El contacto con los Brupa era restringido, se le pagaba tributo y eran los redistribuidores de bienes, organizaban el comercio y la guerra. Ordenaban la realización de trabajos comunales tales como: la edificación de grandes palenques, la construcción de caminos, alcantarillados, sistemas de riego, puentes, etc.
La primordial función de los Brupa, fue la de encabezar las actividades productivas, así mismo redistribuir a las diferentes aldeas de su reino los tributos excedentes recaudados por los jefes de cada clan. (Kyowak)

Ellos impartían la justicia y solucionaban los conflictos originados dentro de su señorío. En territorio costarricense se han identificado trece cacicazgos: Aserri; Boruca; Coto; Garabito; Currirabá; Guarco; Pacaca; Quepó; Suerre; Talamanca; Tariaca; Pococí y Votos. Los nombres de los reyes de esos dominios sobreviven en las páginas de nuestra historia. Mencionados ya por su resistencia a los conquistadores, ya por sus riquezas y esplendores o ya por su sabiduría.

Sin embargo el poder de las majestades, no era ilimitado pues ninguno de ellos estuvo nunca por encima del comando supremo de el gran chaman (Usekör).

KYOWAK
EL LIDER DEL CLAN
El Bru (cacique o rey) gobernaba sobre toda la tribu, dispersa en amplios territorios, donde los diversos clanes pertenecientes a esa misma tribu, asentaban sus poblados.

Para poder regentar sobre todo el grupo étnico, el rey se valía de los Kyowak, a quienes los españoles llamaron caciques menores o principales de casa aldea.

Los kyowak fueron elegidos de entre los más sabios ancianos o ancianas del clan y estuvieron bajo la dirección directa del rey, a su vez este personaje principal era el vocero directo de su clan ante la realeza.

Los kyowak también sirvieron como una especie de embajadores entre el rey de la región y los principales de otros pueblos, incluyendo a los invasores europeos.
La sociedad talamanqueña está basada en los linajes o clanes y en sus vínculos de cooperación, mismos que se dan por el intercambio de los vienes y servicios que cada comunidad produce. Los antropólogos han identificado más de setenta clanes entre las etnias Bribrí-Cabécar.

Según su génesis Sibö-Surá crea los clanes (séwak) asignándoles, nombre, tierras y labores especificas. Enseña a los Tsiruwak la ciencia del cacao, los Uniwak reciben de Sibö el arte de la cerámica, los Duriwak son entrenados por dios en la manufactura de hamacas, la producción de textiles era la especialidad de los Amukwak, y así con todos los clanes.

El personaje principal de cada aldea, dirigía las actividades productivas de su clan, y se encargaba de llevar los tributos al rey, mismos que este redistribuía a través del kyowak.

Si su clan era experto, por ejemplo, en cestería, tributaba bolsos, hamacas y canastos.

A su vez y en perfecta reciprocidad, ese clan recibía: cerámica, maíz, pieles, miel etc. provenientes de los otros clanes especializados.

LOS YERIA
LOS GUERREROS DE SIBÖ
Los historiadores españoles afirman que los combatientes aborígenes en Costa Rica, decapitaban a los vencidos. El culto de las cabezas trofeo está representado en infinidad de piezas arqueológicas. Cortar cabezas no solo tenía un valor social de prestigio, también era práctica mágica, aumentaba el poder del guerrero. Las danzas guerreras se celebraban con las cabezas trofeos colgando entre los brazos. La técnica que utilizaban para reducirlas es aun desconocida, solo nos queda la evidencia en los museos.

Cuando los jóvenes guerreros cobraban su primera víctima en batalla, eran consagrados mediante un rito en el cual atravesaban un pulido hueso de ave sobre el tabique nasal, las subsiguientes víctimas de guerra se representaban con huesos insertados debajo del labio inferior, hasta formar la temible barba blanca de huesos.

Se dice que los mejores combatientes provenían del clan Bribrí Tuborwak.

En la antigüedad los guerreros Bribrí eran respetados y temidos en toda la región sur y central de Costa Rica.

Los lingüistas afirman que la palabra Bribrí significa: fuerte, resistente y valiente, atributos de los aguerridos Yeria.

Bribrí era el nombre que los vecinos territoriales le daban al pueblo de Sibö, ellos se llaman a si mismos Ditso. En lengua huetar, la palabra vrivri significa: señores e hijos de señores. Esto muestra el gran respeto que les tenían otros grupos étnicos a los Yeria.

Los guerreros Bribrí nunca perdieron una guerra.

En épocas de la conquista española se convirtieron en los defensores de todas las tribus talamanqueñas, en consecuencia los Bribrís asumieron el gobierno político de la región.

Las crónicas españolas relatan que los guerreros Bribrís encabezaron las cuatro grandes insurrecciones en contra de su dominio. Los feroces Yeria armados con escudos de cuero de danta, arcos, flechas, lanzas, hondas, cerbatanas, hachas y masas de piedra, atacaban a los sorprendidos españoles, quienes no sabían hacia donde disparar sus arcabuces pues la selva escondía a sus enemigos. Las inesperadas lluvias de lanzas, flechas incendiadas y piedras certeras, ocasionaron un gran numero de bajas a los invasores, también fueron destruidas todas las misiones franciscanas y cada una de las fortalezas españolas instaladas en la región.

Avergonzados por su incapacidad de someter a un puñado de salvajes, los ibéricos decidieron aliarse a un grupo indígena de la zona de Turrialba, Cartago. Los Teriacas ambicionaban desde antaño las tierras de Sibö, pero los Yeria eran invencibles.

Aliados con los soldados españoles los Teriacas se sintieron aventajados y junto a los invasores se internaron en las selvas para someter a los rebeldes Talamancas.

Sin embargo la campaña no duró mucho tiempo, pues ambos grupos fueron fácilmente vencidos por los guerreros Bribrí.

Al avanzar la conquista española los Teriacas reconocieron a sus verdaderos enemigos y pidieron la protección de los Yeria.

Estos, lejos de negarla acogieron lo que quedaba del pueblo Teriaca y los ubicaron dentro de sus dominios, en la inconquistable Talamanca.
Los Yeria se inmortalizan en el mundo majestuoso y espiritual de Sibö, pues cuentan sus leyendas que Duarok el rey mítico de todos los animales de la selva, los contrata para que castiguen a los cazadores que se atrevan a dejar mal herido a cualquiera de sus protegidos animales o bien los case en exceso.

Aquí los Yeria son guerreros del reino mágico, quienes bajo el comando del dueño de los animales Duarok, hacen cumplir las complejas y completas normativas de caza, dejadas por el dios Sibö con el propósito de mediar entre los aborígenes y los animales sacrificados, mismos que no deben matar más allá de lo absolutamente necesario para satisfacer las necesidades de alimento.

En ambos mundos los Yeria son defensores por excelencia.

KAKSEI
EL APRENDIZ DE CHAMAN
Los chamanes amerindios de Talamanca, ingresaban siempre en los ritos rodeados de ocho personajes. Cuatro asistentes llamados Ko y cuatro discípulos denominados Sini o Kaksei.

Los ayudantes (Ko) podían ser familiares o amigos y no requerían rango iniciático alguno, ni ser los mismos en cada ceremonia. Ellos se encargaban de transportar los utensilios del chaman, de conseguirle alojamiento y comida, etc.

En cuanto a sus discípulos, el sabio no podía tener más de cuatro. La función de los aprendices, en las ceremonias, era la de cultivarse de su maestro, verlo actuar y ejercer su jerarquía en las solemnidades, además de oficiar cualquier parte del rito en el momento que el maestro se los exigía.

Cuando alguno de los alumnos estaba a punto de graduarse, los chamanes anunciaban, siempre al comenzar cualquier celebración tribal, su disposición de recibir un nuevo estudiante.

Para ilustrar lo anterior digamos que un Oköm (chaman de la muerte) hace tal anuncio antes de iniciar la fiesta fúnebre a la cual fue convocado. Se adelantarán ante él tres o cuatro aspirantes, el Oköm tocará con su bastón al elegido, éste inmediatamente se dirigirá al cadáver y apoyará sus manos sobre el cuerpo inerte, culturalmente contaminado. El Sini ha trascendiendo aquí su primera prueba. Adquiriere además, en ese instante, un compromiso formal con su maestro y la comunidad, testigo de su acto. A partir de ese evento empieza su instrucción, la cual podrá durar de seis a diez años, dependiendo del linaje chamánico, su habilidad para desempeñarlo y algunas circunstancias.

Todos los discípulos deberán participar con sus maestros en por lo menos ocho ceremonias especializadas. Esto hace que algunos entrenamientos sean más largos que otros. Un alumno de médico tendrá que estar con su maestro ocho veces por cada enfermedad diferente que trate. Afortunadamente para él los males de la selva, en una cultura saludable no son tantos. Sin embargo le tardará más de diez años graduarse.
El maestro aumentará paulatinamente las responsabilidades, deberes y participación de sus discípulos en las ceremonias, hasta que las dominen a la perfección. Cuando esto suceda, la tribu tendrá la fiesta de la graduación.

El primer y único requisito del aspirante a neófito es el de pertenecer al clan adecuado para las diversas categorías chamánicas. Por ejemplo un individuo del clan Siibawak no puede aspirar a ser Usekör (sumo sacerdote) pero le asiste el derecho de entrenarse como Tsokör (cantor ceremonial)

Hasta fechas muy recientes, un recóndito sitio en Talamanca llamado San José Cabécar por los etnógrafos y Tsá ká por los aborígenes, es considerado el centro místico, formador de chamanes. Este sitio de poder es por correspondencia conceptual una especie de “Centro Universitario”

Allí los novicios deberán integrar el conocimiento de su especialidad con la teología, aprenderán el antiguo lenguaje esotérico de los chamanes y sus fórmulas mágicas.

Las iniciaciones se llevan a cabo dentro de las cuevas escondidas de Tsá ká. Estas cavernas secretas están protegidas, según sus tradiciones, por los temibles guerreros Konona, por encantamientos de los grandes chamanes y por aterradores genios del bosque.

KREPA
EL PUEBLO DE SIBÖ
Los Bribrís y los Cabécares componen el más numeroso de los grupos aborígenes que sobreviven aun en el territorio costarricense.

Ambos grupos se constituyen como una sola unidad tribal en asuntos relativos al parentesco y a la organización político-religiosa. Sus principales poblados se ubican en la región de Talamanca, cantón de la provincia de Limón, Atlántico Sur.

Por su ubicación geográfica, antaño los conquistadores se referían a estos grupos con el término general de: los talamancas. Existen algunas comunidades Bribrís en el Pacifico sur, cantón de buenos Aires, provincia de Puntarenas.

Es sin embargo la región talamanqueña donde estos aborígenes conservan vivas sus tradiciones y modo de vida ancestrales. Estas poblaciones indígenas han florecido en el bosque tropical desde hace más de nueve mil años. Su cultura, costumbres y conocimientos tradicionales, solo tienen sentido dentro de ese ambiente natural, en el cual han evolucionado en perfecta armonía con su medio.

Las permanentes invasiones y conquistas, desde el descubrimiento de Costa Rica en 1502. No han logrado aniquilarlos. Sin embargo lo que no consiguieron las armas de fuego, la cruz, el garrote vil o la hoguera, en tantos años de resistencia por parte de las naciones talamanqueñas, lo está consiguiendo a pasos agigantados las hachas, cierras mecánicas y los tractores del progreso blanco.

Con la destrucción de las selvas de Talamanca, vemos el exterminio de una cultura que aun tiene mucho que enseñarnos.

En la lengua Bribrí el clan se llama Ditso o Ditséwo palabra que significa: semilla que se guarda para la reproducción, la que se aparta para cultivarla de nuevo. El clan se compara a una planta con ramas que se multiplican. Los indios se llaman a si mismo Ditso para distinguirse de los no indígenas.

Nunca se casan miembros del mismo clan, cada clan tiene su contrario (dwopa) único con el que se permite el matrimonio.

Gracias a costumbres milenarias aun practicadas por Bribrís y Cabécares tenemos en algunos emplazamientos del sur del país, grupos indígenas de absoluta pureza.

Confiamos que tan excelsa semilla no sea malograda por la estupidez y la ambición de los hombres y de las mujeres civilizadas, quienes siempre tendrán una excusa lógica y por lo tanto válida para apropiarse de lo que no les pertenece.

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